Batalla de Ideas

6 octubre, 2016

Apariencias

Por Martín Ogando. En apariencia el gobierno de Macri transita semanas relativamente apacibles, al menos comparadas con las previas. ¿El segundo semestre finalmente está empezando, aunque sea en octubre? Malcorra, la Prefectura y apariencias que, a veces, engañan.

Por Martín Ogando. En apariencia el gobierno de Macri transita semanas relativamente apacibles, al menos comparadas con las previas. ¿El segundo semestre finalmente está empezando, aunque sea en octubre? Malcorra, la Prefectura y apariencias que, a veces, engañan.

Exteriores

Mientras rendía cuentas en el Senado por Malvinas, Susana Malcorra recibió la noticia de que el portugués Antonio Guterres era el nuevo secretario general de Nacional Unidas. Una de las mayores apuestas de la política exterior oficial quedaba en el olvido. Según trascendió, para la eliminación argentina habría sido decisivo el veto de… Gran Bretaña.

La canciller es un cuadro solvente y de importante recorrido en el sector privado y en la ONU, aunque con alguna “pequeña” mancha en su CV. La revista estadounidense Foreign Policy filtró en 2015 una investigación interna de la ONU, en la que la ex ejecutiva de Telecom aparece involucrada en el ocultamiento de denuncias sobre abusos sexuales a menores, llevadas a cabo por Cascos Azules en la República Centroafricana y otros países africanos. Nadie es perfecto, pensó Mauricio, y le prestó un apoyo contundente a su campaña proselitista, con discurso frente a la Asamblea General incluido.

En la previa, las especulaciones sobre el vínculo entre las aspiraciones de Malcorra y el acercamiento a Gran Bretaña fueron muchas. En el propio Senado varios se encargaron de insinuarlo. De ser así, resultaría vergonzoso. Sin embargo, los defensores de la realpolitik abundan por estos meses. Después de todo, qué valen unas islas gélidas y alejadas, frente a la posibilidad de congraciarse con los poderosos, hacer buenos negocios y volver al concierto de las naciones.

Pero la estrategia reptante, sazonada en el medio por aquel papelón presidencial, parece no haber dado los frutos esperados. En apariencia nada podía fallar. En la práctica, la genuflexión frente a los poderosos no alcanzó.

Profundas

El sábado 24 de septiembre Iván Navarro y Ezequiel Moya, miembros de La Garganta Poderosa, fueron torturados por la Prefectura a la vera del Riachuelo. No se callaron, denunciaron. Esta semana Iván fue amenazado a punta de pistola y corrido hasta su casa por agentes de la misma fuerza. El episodio no es aislado, es parte de una lógica de violencias y privaciones que culmina en la criminalización sistemática de la juventud de los barrios populares. El estigma está asentado en sentidos comunes de una porción de la sociedad. Gorrita, llantas, ropa deportiva, villero, negro, es igual a chorro, y por supuesto drogadicto. La impunidad que se gesta en los despachos oficiales se refuerza con este aval social.

La ministra Patricia Bullrich, presurosa para escarmentar terroristas de twitter, intentó mirar para otro lado, igual que una parte de los medios de comunicación, pero finalmente siete torturadores debieron ser dados de baja.

A la ministra la respalda la apariencia. Son negros y villeros. La apariencia del chorro estereotípico, pero también lo aparentemente evidente: la seguridad es más policía en las calles, más gendarmería, leyes más duras. Y entonces Macri fleta 6200 gendarmes a Rosario, repatría 6400 efectivos de fuerzas federales por la provincia de Buenos Aires. Larreta plotea y desplotea. Apariencias.

La apariencia respalda la solución punitiva, contra todo evidencia empírica y análisis crítico. No importa que el crimen organizado esté entrelazado de manera sistémica con fuerzas de seguridad corrompidas, intereses políticos y negocios capitalistas. Tampoco que no haya un solo ejemplo a nivel mundial dónde la escalada del punitivismo penal, estatal y para-estatal, hayan reducido el crimen y la violencia social.

El problema para el gobierno es que con apariencias no se cura, no se come, no se educa. Con apariencias se puede construir un enemigo, un relato, ganar incluso una elección y, por supuesto, generar infinito daño, pero no se puede resolver problemas sociales existentes. Y el crimen organizado, la violencia social, el peso creciente del narco en algunas barriadas, no son invento, no son sensación. Son problemas que impactan en la sociedad y de manera muy particular en los sectores populares de las periferias urbanas que la política de seguridad del PRO profundiza y agrava. Aunque las apariencias digan lo contrario.

Coyunturales

Lo peor ya pasó. Es la idea que el gobierno busca transmitir a la opinión pública, mientras él mismo se auto-convence. Motivos para el optimismo tiene. Dejó atrás el tarifazo, comienza a contraer deuda con fluidez, el proyecto de presupuesto va hilando apoyos trabajosamente, y la imagen de Macri parece estabilizarse en valores aceptables, luego de varios meses de caída en las encuestas. La incógnita más relevante sigue siendo si tendrá que afrontar medidas de fuerza de la CGT, aunque en las últimas semanas parte de la cúpula sindical viene haciendo esfuerzos para despejar también estos nubarrones. En apariencia la voluntad combativa del triunvirato no sería exagerada y puede posponerse hasta el 2017. En apariencia, claro.

Si vamos a la evidencia todavía no hay datos duros que respalden la consolidación del rebote económico ni de una paz social perdurable. En septiembre la venta de materiales para la construcción tuvo una caída interanual del 17,9%, el cemento en particular un 11,3%, la industria automotriz se desplomó un 19,6% y el comercio minorista (CAME) un 7,7%.

El gobierno respalda su optimismo en una leve recuperación del (deficitario) comercio con Brasil y en los datos que muestran un repunte en la recaudación impositiva, basado fundamentalmente en dos impuestos asociados al consumo interno: el IVA y el gravamen a débitos y créditos. Estos serían los “brotes verdes” que anuncian que la recesión está quedando atrás. Habrá que esperar, y ver.

En el medio, la agenda económica y social se cruza con la llamada inseguridad, que volvió a escalar a los primeros puestos de la preocupación “ciudadana”. Aquí reside una de las grandes encrucijadas PRO, particularmente para María Eugenia Vidal que debe lidiar con la Bonaerense y un tejido mafioso resistente a globos y “duranes barbas”. En este tema, más que en otros, la brecha entre la utilización electoral y la resolución efectiva del problema asume proporciones gigantescas.

Si la ilusión macrista se convierte en realidad, sus chances de revalidar laureles en las legislativas del año que viene crecerán notablemente. Con una oposición por ahora dividida, a caballo de un presupuesto gradualista, y toma de deuda mediante, no deberíamos ser tan ingenuos de subestimar (una vez más) sus chances. Si esto ocurre habrá que prepararse.

Con más apoyo y mayoría parlamentaria, Cambiemos se embarcará seguramente en algunas aventuras más profundas, empezando por el postergado ajuste fiscal. En apariencia, este escenario se viene fortaleciendo en el último mes, a pesar de las conflictividades aún vigentes. Por suerte, a veces las apariencias engañan. Que así sea.

@MartinOgando

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