América del Norte

5 octubre, 2016

Kaine vs. Pence: ¿quiénes son los compañeros de fórmula de Clinton y Trump?

El martes 4 de octubre, en la pequeña ciudad de Farmville, Virginia, tuvo lugar el único debate vicepresidencial de la campaña. El senador por Virginia, candidato demócrata, y el gobernador de Indiana, republicano, buscaron apuntalar a las cabezas de sus listas y ganar conocimiento público.

La pequeña ciudad de Farmville, Virginia se convirtió por algunas horas en el centro de la escena política estadounidense. Allí, en el auditorio de la Universidad de Longwood, tuvo lugar el debate vicepresidencial en el que se encontraron cara a cara Tim Kaine y Mike Pence, compañeros de fórmula de Hillary Clinton y Donald Trump, respectivamente.

¿Sirven para algo los debates entre candidatos a vicepresidente? El sentido común diría que no. En una campaña cuyo mes y medio final está marcado por tres cruces cara a cara entre los principales aspirantes a la presidencia, un único debate entre sus compañeros de fórmula parece intrascendente. Sin embargo, un ejemplo más cercano indica lo contrario: en 2012, la superioridad demostrada por Joe Biden sobre Paul Ryan sirvió para frenar la sangría en los números de Barack Obama, que había tenido una pésima performance en el primer cruce con Mitt Romney.

Así, la responsabilidad era mayor para Mike Pence, actual gobernador de Indiana, que necesitaba devolverle la seriedad a la campaña republicana, después de una seguidilla posterior al primer debate en la que el foco estuvo puesto en las declaraciones de impuestos, los escándalos personales y los tuits bizarros de Trump.

Tim Kaine: rompiendo estereotipos

Cuando se confirmó al senador por Virginia como candidato a vicepresidente por el Partido Demócrata, los primeros análisis giraron en torno a su carácter de elección “segura”: si Clinton lograra gobernar por dos períodos, Kaine tendría 66 años en 2024, demasiado para ser candidato a presidente; hombre blanco de un Estado sureño profundamente conservador, se asumía que su elección reforzaba un perfil corrido a la derecha que buscaba disputar votos de Trump.

Sin embargo, Kaine desafía los lugares comunes del demócrata sureño -más cercano en muchos casos a las posiciones republicanas que a las de sus compañeros de partido del norte-. Por caso, la Asociación Nacional del Rifle, el gigantesco lobby pro armas que tiene su base en Virginia, califica a los principales políticos estadounidenses por cercanía o lejanía con su “causa”: a Kaine le da la calificación más baja, F. Esto se debe a que, luego de la masacre de Virginia Tech en 2007, en la que un estudiante surcoreano ingresó a la universidad y asesinó a 33 personas, decidió, en su rol de gobernador, proponer leyes más duras respecto a la investigación de antecedentes para la venta de armas.

Además, cuenta con un punto fuerte para oponerse a Trump: lejos de la retórica antimexicana y, en general, antilatinoamericana del candidato republicano, Kaine vivió un año de su juventud como misionero en Honduras y habla perfecto español; incluso, en 2013, hizo un discurso completo en español ante un Comité del Congreso que trataba una posible reforma migratoria.

Claro que no todo son buenas noticias respecto al senador por Virginia. Es un católico devoto, de amplios lazos con la Iglesia, que ha dejado clara en múltiples oportunidades su oposición al derecho al aborto. Durante su paso por la Cámara Alta, apoyó los recortes propuestos por una comisión creada para reducir el déficit fiscal; también votó a favor y se mostró abiertamente partidario del Acuerdo Transpacífico que, producto del paso de Clinton como secretaria de Estado, se convirtió en un tópico de discusión en la campaña.

Mike Pence, el bombero

El gobernador de Indiana no era de ninguna manera la principal opción para acompañar en la boleta a Donald Trump. Otros nombres, como el del gobernador de New Jersey, Chris Christie, o el del antiguo portavoz del Partido, Newt Gingrich, sonaban con más fuerza. Es justo pensar que Pence obtuvo el puesto porque fue el más predispuesto a atar su nombre al del magnate neoyorquino.

Se trata de un conservador sin fisuras, cuya carrera política comenzó en el año 2000 cuando fue electo como diputado por el 6º distrito electoral de Indiana. Desde ese lugar, participó de la redacción del borrador del Patriot Act, o Ley Patriota, la famosa norma promulgada por George W. Bush semanas después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que limita derechos y libertades en pos de reforzar la “guerra contra el terrorismo”.

Después de 12 años sirviendo en la Cámara de Representantes, fue electo gobernador de Indiana en 2013. En ese tiempo desató un debate a nivel nacional tras promulgar una ley de “libertad religiosa”, que permitía a los comerciantes del Estado no atender a personas por su orientación sexual. En la práctica, legalizaba la discriminación a la comunidad LGBT.

La discusión fue tan importante, que el propio Barack Obama la retomó a fines del año pasado, durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca. Durante su discurso, bromeó acerca de su relación con el vicepresidente Joe Biden, asegurando que eran “tan cercanos, que en algunos lugares de Indiana ya no nos servirán pizza”.

Partidario del Movimiento Tea Party desde su creación, apoyó a Ted Cruz como candidato durante las primarias republicanas, a pesar de lo cual Trump ganó la disputa en Indiana por más de 20 puntos de diferencia.

En caso de que Trump logre ser presidente, su rol pasará a ser secundario. Las mismas razones de edad que se esgrimen para no ver a Tim Kaine como presidenciable, valen para Mike Pence, de 57 años. Sin embargo, ante la posibilidad real de la derrota, el gobernador de Indiana podría tomar un papel preponderante en la reconstrucción del partido tras el proceso de descomposición que derivó en la elección de “The Donald” como candidato.

El debate: cambio de roles

Tratando de trazar un paralelismo con el primer debate Clinton-Trump, el cruce entre Kaine y Pence mostró los papeles invertidos. Fue el candidato demócrata el más agresivo en sus ataques de corte personal, el que más interrumpió a su oponente y el que, finalmente, terminó dejando una imagen más pobre.

El republicano, en tanto, se mostró sólido en sus respuestas políticas aunque evitó hacerse cargo de la retórica de su compañero de fórmula. Se desmarcó de Trump respecto a una supuesta cercanía con el presidente ruso, Vladimir Putin, y evitó hacer alusión explícita a la propuesta de reforma migratoria del candidato opositor. Sí se metió en el barro intentado negar varias de las declaraciones del magnate neoyorquino, como por ejemplo respecto a la necesidad de que “más países tengan armamento nuclear”, o al afirmar que “dijo que va a publicar su declaración de impuestos”.

¿Salió mejor parado Pence del debate? Sí. ¿Fue una actuación a prueba de balas? De ninguna manera. ¿Servirá el debate vicepresidencial para mover la aguja? Difícilmente. Los números avanzaron notoriamente en favor de los demócratas en las últimas semanas, y hoy todos los pronósticos electorales le dan a Hillary Clinton entre el 70% y el 80% de posibilidades de convertirse en presidenta. El próximo domingo 9 de octubre, en la Universidad de Washington en St. Louis, Missouri, volverá a vérselas con Trump, en busca de dar un golpe definitivo.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

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