Economía

23 septiembre, 2016

El regreso del Fondo Monetario Internacional en tiempos de Cambiemos

El Fondo Monetario Internacional regresó para elaborar un informe sobre la economía argentina después de 10 años. El nuevo ciclo de endeudamiento, la generación de expectativas y la relación con el Fondo tras la posconvertibilidad.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) está de regreso en la Argentina, o mejor dicho está de regreso su auditoria de las cuentas y las variables macroeconómicas del país, ya que pese a las tensiones y los chispazos de la década anterior, las relaciones nunca se cortaron ni llegaron a un punto de no retorno.

El desembarco de los integrantes del Fondo se da bajo lo que se conoce como el artículo IV del Convenio Constitutivo del organismo, que todos los países miembros suscriben. El mismo sostiene que “el Fondo supervisará el sistema monetario internacional a fin de asegurar su buen funcionamiento, y vigilará el cumplimiento por cada país miembro de sus obligaciones” y agrega: “Los países miembros proporcionarán al Fondo la información necesaria para ejercer esa supervisión y, a solicitud del Fondo, le consultarán sobre sus políticas de tipos de cambio”.

El equipo de FMI que arribó a la Argentina esta semana está liderado por Roberto Cardarelli y entre las reuniones que tuvo y tendrá se cuentan las sostenidas con funcionarios nacionales como el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, el jefe de Gabinete, Marcos Peña y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. También habrá una ronda de reuniones con consultores de la City porteña como los integrantes del Estudio Broda y de Orlando J. Ferreres y Asociados, y con referentes de cámaras empresariales, como la mantenida con Daniel Funes de Rioja, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA).

Entre las principales revisiones a cargo del FMI estarán la estimación del Producto Interno Bruto (PIB), tras las modificaciones introducidas por Jorge Todesca en el INDEC, la inflación y la balanza comercial. Sin embargo, como ya lo dejó en claro el propio Cardarelli, las conclusiones del informe a presentar serán “positivas, con críticas”, con el foco puesto en la reducción del déficit fiscal.

Fue el propio responsable de la misión del Fondo quien sostuvo que no vienen a “fiscalizar ni auditar” sino a “reconstruir la relación con Argentina”.

La misión cerrará con la presencia el próximo 28 de septiembre del mexicano Alejandro Werner, director del FMI para el Hemisferio Occidental. Cumplida esta instancia, antes de fin de año el Directorio Ejecutivo del Fondo presentará un informe y lo compartirá.

De Kirchner a Cambiemos

Como más arriba se mencionaba, la relación con el FMI nunca se cortó ni se quebró de forma definitiva, Argentina no fue expulsada del organismo, ni dejó de haber algún canal de diálogo abierto, sin embargo el estallido de la crisis del 2001 y la entrada del país en la posconvertibilidad modificó la relación con el organismo estrella de los años 90’.

Los condicionamientos a la política económica (ajuste y liberación del tipo de cambio) que ensayó el Fondo luego de la caída del esquema de caja de conversión encontraron un límite definitivo en la decisión de Néstor Kirchner y Roberto Lavagna de cancelar la deuda por 9.500 millones de dólares y no suscribir un nuevo acuerdo a partir del año 2004.

Desde ese momento y durante la próxima década la relación entraría en un impasse, aunque seguiría habiendo asistencia técnica en la elaboración de, por ejemplo, un nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC).

La crisis financiera de 2008 le permitió incluso al FMI salir del ostracismo dentro del cual se encontraba a nivel internacional, luego de los resultados de planes de ajuste como los que había recomendado implementar en Argentina. A partir de ese momento el Fondo comenzó a mostrar una cara aggiornada a los nuevos tiempos.

Sin embargo como sostiene el investigador Pablo Nemiña: “No hay un cambio significativo en el FMI, que desde la crisis financiera de 2007/8 viene desplegando una especie de incoherencia productiva: dice que cambia, pero las condicionalidades que impone expresan mucho menos este cambio”.

Este rumbo en la relación Argentina-FMI volvió a trocarse a partir del 10 de diciembre último. La victoria de la alianza Cambiemos relanzó el vínculo con el organismo, que terminó de concretarse con la misión que se efectiviza en estos días.

Esta visita debe ser leída con los propios conceptos que utilizan los funcionarios del Ejecutivo nacional. El camino de “volver al mundo”, que implica como cuestión central un nuevo ciclo de endeudamiento, tiene entre sus pilares fundamentales el restablecimiento de la relación con el FMI y la revisión bajo el artículo IV.

Lejos aparecen, por lo menos todavía, los famosos créditos que el Fondo le otorgaba a la Argentina durante la convertibilidad. Las señales están enfocadas hacia el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y a la generación de expectativas para los inversores externos, estos últimos, actores principales del universo macrista.

Retomando a Pablo Nemiña, pese a las tensiones que suelen generar los condicionamientos del FMI, en tanto lesionan la soberanía, “el conflicto o la cordialidad en el vínculo aparece como el resultado del grado de coincidencia en los intereses del gobierno de turno y el organismo”. El regreso al mundo y al Fondo van por ese camino, conteniendo una carga simbólica ineludible.

Leandro Navarro – @navarro_lean

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