Batalla de Ideas

22 septiembre, 2016

Impasse político y bochorno auto-inflingido

Por Martín Ogando. La que dejamos atrás pudo ser una semana de calma en medio de las tempestades que el gobierno debe conjurar. Con la Audiencia Pública ya en el retrovisor, las negociaciones por el presupuesto por delante y el paro de la CGT aún en veremos, parecían transitar aguas temporalmente calmas. Pero entonces, llegó Mauricio.

Por Martín Ogando. Atrás quedó el Mini Davos, con su despampanante espectáculo de opulencia, promesas de seguridad jurídica y grandes “oportunidades de negocios”. Una apuesta fuerte del gobierno, que fue exitosa en convocatoria y repercusión. Sus efectos materiales aún son modestos y, de producirse, tardarán algún tiempo en impactar en la economía real, y por lo tanto, en el humor social. Sin embargo, la semana de respiro para Macri y su gabinete amenazó prolongarse algunos días más.

En primer lugar, porque se digirió el mal trago de la Audiencia Pública por la tarifa del gas. A pesar de las previsibles movilizaciones y del patético espectáculo de una audiencia apenas testimonial, plagada de irregularidades y exclusiones, el tarifazo parece ser un hecho. El gobierno piensa que el costo político ya pagado no se engrosará en las próximas semanas, y también confía en que con la vía “gradualista” retomará empatía con sectores medios crispados con las anteriores facturas.

En segundo lugar, porque el mentado paro general todavía duerme el sueño de los justos. No es un secreto la vocación negociadora del sindicalismo argentino, igual de grande que el poder relativo que aún mantiene. Sin embargo, la proliferación de indicadores socio-económicos negativos, la pereza gubernamental para dar respuestas concretas y el malestar creciente de algunos sectores de su base, pusieron a la CGT en el camino del discurso altisonante y la amenaza de medidas de fuerza. La multitudinaria Marcha Federal convocada por las dos CTA, y que contó con presencia cegetista, también metió presión, aunque frente a los micrófonos se lo niegue.

Tomando nota de esto, el gobierno opera contra reloj para intentar evitar el paro o al menos ganar tiempo. Cuenta a su favor con las diferencias que persisten en el seno de la conducción, en la que el moyanismo empuja abiertamente a favor del paro, pero sectores “gordos” e “independientes” piensan que todavía es necesaria una última ronda por los despachos ministeriales. Con más libertades, y guiños hacia la CTA, agita la medida de fuerza la Corriente Federal de Palazzo, que se encuentra fuera del triunvirato. En concreto, el Comité Central Confederal que sesionará este viernes y estará plagado de discursos confrontativos, no pondría fecha al paro, sino que facultaría al Consejo Directivo para eventualmente hacerlo. Una cita con Prat-Gay el próximo jueves sería la última chance para intentar firmar el armisticio. Allí los gremialistas llevarán inquietudes sobre la caída del salario y el empleo, la apertura de importaciones, el impuesto a las ganancias y las reformas de la ley de ART. También algunas más frugales pero claves para el triunvirato, como el reconocimiento del congreso “reunificador”, impugnado por el adalid macrista Venegas.

Presupuesto 2017: el precio de la felicidad

El gobierno presentó un proyecto de presupuesto que da algunas pistas de cómo pretende lidiar con la economía de cara a las legislativas del año que viene. Lo que primero salta a la vista es que brilla por su ausencia la, tantas veces anunciada, reducción del déficit fiscal. Muy por el contrario, este se elevará a un 4,2% en un muy pragmático (y evidente) intento por llegar con nafta a las elecciones del 2017. A esto se suma un dólar con promedio en 18 pesos y una optimista pauta del 17% de inflación. El secreto del “éxito” de semejante combo no reviste misterio alguno: la emisión de nueva deuda por unos 40 mil millones de dólares para evitar, o postergar, un ajuste fiscal ortodoxo y sus antipáticos efectos sociales y políticos.

Las negociaciones parlamentarias para darle curso a este proyecto recién arrancan. Cambiemos sabe que esta vez la cuestión no será un trámite, dado que no cuenta con mayoría en ninguna de las dos cámaras. Toda la oposición “responsable” ha manifestado su intención de acompañar al oficialismo en la faena. Así lo manifestaron tanto Massa, como Bossio, Pichetto, Gioja, y la mayoría de los gobernadores peronistas, entre otros. Pero claro, el acuerdo no le saldrá gratis al ejecutivo, que esta vez tendrá que entregar algo más que “cinco sanguchitos y tres mates fríos”. La coparticipación del impuesto al cheque, la transferencia automática de los Aportes del Tesoro Nacional, la creación de un “Fondo de Convergencia Federal” para atender las asimetrías existentes, y el rescate de las cajas previsionales, figuran en la lista de reclamos.

Falklands, Malvinas, Falklands de nuevo

Cuando la semana parecía de impasse, de reacomodamiento de cara a lo que viene, llegó el papelón diplomático de Macri, con un tema sensible como Malvinas. El bochorno presidencial estuvo antecedido de un evento nada gracioso y de indiscutible gravedad: la firma, en el marco del Mini Davos, de un acuerdo con Gran Bretaña para restituir el puente aéreo con las islas, encarar la exploración petrolífera de manera conjunta y fomentar la explotación pesquera, sin hacer mención alguna al reclamo de la soberanía. Este acuerdo, duramente criticado por un amplio espectro político, no puede sorprender a nadie, ya que el ahora presidente manifestó en múltiples oportunidades su “flexibilidad” en la temática, sobre todo si interfería en la posibilidad de nuevos negocios.

Sin embargo, lo que sí causó sorpresa fueron las declaraciones de Macri, posteriores al generalizado repudio, señalando que en charla informal la premier Theresa May le había manifestado disposición a tratar el reclamo soberano. La confusión duró poco. Primero Malcorra y luego el propio Foreign Office desestimaron la versión y dejaron en ridículo al pobre Mauricio.

El árbol no debe tapar el bosque. Lo más relevante son las concesiones a Gran Bretaña que quedaron plasmadas sobre el papel, y no el papelón presidencial. Sin embargo, el culebrón diplomático tiene un valor en sí mismo, ya que expone la impericia presidencial en un terreno en el que generó amplias expectativas, frente al supuesto aislamiento internacional de la anterior gestión. Al igual que el retraso en la llegada de inversiones, el “problema del delito” o la corrupción (que con los Bahamas Leaks amenaza de vuelta con el efecto búmerang), serían fracasos particularmente costosos para la actual gestión. Es que no hay peor astilla que la del mismo palo.

Con un ojo “arriba” y un ojo “abajo”

Más allá de las agendas mediáticas y los papelones internacionales, por debajo de las cavilaciones dirigenciales y en la carne misma de los deteriorados indicadores sociales, late la Argentina profunda. Late una incógnita tan grande como las millones de almas que albergan el conurbano bonaerense y las grandes periferias el país: ¿cuánto aguantan los sectores más agredidos por esta política económica? Esta duda asalta a oficialismo y oposición, a gremios y empresarios. Todos dan cada paso con un ojo en la agenda de arriba y otro mirando para abajo, mirando hacia diciembre. Saben que están en Argentina.

@MartinOgando

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