América Latina

31 agosto, 2016

Día final del impeachment: la democracia de Brasil en riesgo

El miércoles 31 de agosto, el Senado brasileño dará sentencia al juicio político contra la presidenta constitucional, Dilma Rousseff. Durante la última sesión la oposición invocó a Dios mientras que los defensores de Dilma denunciaron un golpe parlamentario.

El miércoles 31 de agosto quedará como una de las páginas más oscuras de la historia de Brasil y de América Latina. Es la culminación de un proceso iniciado por Eduardo Cunha, ex presidente de la Cámara de Diputados y miembro del PMDB, en diciembre de 2015, y ejecutado por el presidente interino, Michel Temer, del mismo partido.

A tan sólo 20 meses de ser elegida por segunda vez consecutiva con 54 millones de votos, Dilma enfrenta la posibilidad de ser destituida de su cargo. En un proceso atravesado de conspiraciones, mentiras y crímenes, la oposición brasileña puede derrocar a la presidenta mediante un juicio político en el que no se presentaron pruebas concluyentes.

Sin embargo, el proceso constitucional establece la votación de los senadores y senadoras del Congreso Nacional como método de definición. Con el voto de 54 de los 81 legisladores que componen la Cámara, Dilma Rousseff será destituida.

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Hasta el momento, la oposición confía que conseguirá los votos necesarios. Sin embargo, las reacciones de la población, cuya voluntad electoral puede ser anulada, comenzaban a sentirse con fuerza hacia el final de la tarde del martes 30 de agosto, a horas de la definición. Como Dilma afirmó en su discurso, la aprobación del impeachment puede traer más división y profundizar la crisis.

Última sesión del juicio: sin presentación de pruebas concluyentes

En horas de la mañana fue el turno de los abogados. Janaína Paschoal, abogada de la acusación, habló durante una hora. Sin embargo, su discurso fue confuso y vacío, atravesado por apelaciones religiosas. Enumeró procesos administrativos que fueron conociéndose a lo largo de la investigación, pero no logró evidenciar un acto de corrupción.

No obstante, consideró que las “pedaladas fiscales” por las que Dilma es acusada, constituyen un crimen de responsabilidad y, por lo tanto, implican la destitución de la presidenta. El único punto de la pericia que puede serle favorable, según la opinión de Paschoal, fue la conclusión de que “no fueron encontradas” evidencias que demuestren la participación de la presidenta en estas acciones.

“Yo creo que si hubo alguien haciendo algún tipo de composición para este proceso, fue Dios”, dijo Paschoal entre lágrimas. «Fue Dios quien hizo que varias personas, al mismo tiempo, se dieran cuenta qué estaba sucediendo en nuestro país», enfatizó.

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«Rezo para que Dilma se de cuenta de que lo hice pensando en sus nietos», concluyó Paschoal.

José Eduardo Cardozo, abogado de Dilma Rousseff, también se emocionó durante su intervención, luego de manifestar que Dilma es una víctima de las élites políticas y económicas del país.

«Le pido a Dios que, si es condenada Rousseff, un nuevo ministro de Justicia tenga la dignidad de disculparse con ella”, dijo el abogado. “Que la historia absuelva a Dilma Rousseff si sus excelencias quieren condenarla. Pero si quieren hacer justicia para quienes sufrieron la violencia del Estado, juzguen con justicia. No acepten que nuestro país sufra un golpe parlamentario”, afirmó.

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En horas de la tarde y hasta entrada la noche, los 81 senadores y senadoras hicieron uso de la palabra para expresar sus discursos finales, antes de la votación.

El discurso de los opositores repitió el mismo esquema que la abogada de la defensa. Todos consideran que hubo crimen de responsabilidad, aunque la vehemencia expresada a inicios de este proceso y la palabra “corrupción”, fue poco enfatizada.

La senadora Gleisi Hoffmann (PT), que fue ministra de Lula y de Dilma, emitió un discurso que tuvo gran repercusión en redes sociales y representó el sentir de muchas brasileñas y brasileños. Acusó al Congreso Nacional de misoginia y dijo que el doble triunfo electoral de Dilma provocó reacciones en los grupos conservadores del país por estar “fuera del círculo dominante, ser de izquierda, estar fuera del modelo impuesto desde 1889, y encima ser mujer y sin marido”.

“La tentativa de derrumbar a la presidenta tiene este ingrediente: mandar a la mujer de vuelta para la casa, con preferencia a la cocina”, dijo Hoffmann, que señaló como prueba el propio gabinete de Temer, donde no hay ninguna mujer. “Es otro frente del obscurantismo que se forma”, consideró. Y agregó que si Temer se vuelve el presidente de hecho “la rueda de la historia va a girar para atrás”.

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Luego, Hoffmann se refirió a las palabras de Paschoal. “La acusación que se realizó aquí no se basó en registros técnicos. No fue un debate jurídico, fue un debate político”, demandó. “Yo no tengo nada contra los debates políticos. Pueden hacer debates políticos la doctora Janaína, el doctor Miguel Real (abogado de la defensa). Pero para hacer un debate político es necesario que se sometan al voto popular y ocupen un lugar en esta casa”.

“La doctora Janaína invocó a Dios. Dios no tiene nada que ver con este golpe. Invocó a los nietos de la presidenta, lloró. Esto no es una escena”, protestó la senadora. “Quiero dejar mi reclamo registrado en este plenario. Era importante que la acusación presente los hechos jurídicos”, enfatizó. “Esto demuestra que este es un proceso falso”, concluyó.

“Me aprieta el corazón el retroceso que este país tendrá, que será el mayor desastre de nuestra historia, si el (presidente) interino se torna efectivo”, afirmó Hoffmann. “El pueblo no va a volver al látigo. Por eso nosotros estamos en contra de este golpe”, cerró.

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La democracia amenazada

El periodista Glenn Greenwald, del medio estadounidense The Intercept, opinó en su columna: “El aspecto más notorio de todo este proceso -y lo que lo distingue fundamentalmente del proceso de un impeachment en Estados Unidos- es que la remoción de Dilma lleva al poder a un partido completamente diferente, que no fue electo para la presidencia”.

“La remoción de Dilma está empoderando exactamente al PSDB, partido de derecha que perdió las últimas cuatro elecciones nacionales, incluyendo la derrota para Dilma hace 21 meses. En algunos casos, las mismas personas de este partido que concurrieron a las urnas y perdieron estarán ahora en el control de los ministerios claves del país”, explicó.

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Greenwald anunció que con la consolidación de este “gobierno no electo” que está a punto de tomar el poder de manera permanente, “está preparando una serie de medidas que nunca fueron ratificadas por el pueblo brasileño”. Se refiere a recorte de los programas sociales, la privatización de los recursos naturales y el retorno a alianzas regionales sometidas al poder económico y político de Estados Unidos.

“No importa si usted llama esto un ‘golpe’ o no, esto es la antítesis de la democracia, es un atentado directo contra esta”, concluyó el ganador del premio Pulitzer.

Micaela Ryan – @LaMicaRyan

Fotos: Agencia Senado Brasil

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