Cultura

24 agosto, 2016

El miércoles se queda corto: Un juego absurdo

En Notas, Periodismo Popular entendemos que, en los tiempos que corren, no siempre se dispone de dos horas para ver una buena obra cinematográfica. La realidad es que no hace falta tanto tiempo para ver qué historias tienen para contar realizadores de todo el mundo y por eso te acercamos, semana a semana, los mejores cortometrajes al alcance de un click. Hoy: Un juego absurdo, de Gastón Rothschild.

En Notas, Periodismo Popular entendemos que, en los tiempos que corren, no siempre se dispone de dos horas para ver una buena obra cinematográfica. La realidad es que no hace falta tanto tiempo para ver qué historias tienen para contar realizadores de todo el mundo y por eso te acercamos, semana a semana, los mejores cortometrajes al alcance de un click. Hoy: Un juego absurdo, de Gastón Rothschild.

No es muy difícil ponerse en el lugar de Javier. Es decir, todos fuimos pequeños seres inocentes alguna vez, tratando de lidiar con nuestros sentimientos y con los impulsos que nos llevaron a enamorarnos de la persona que, por una razón o la otra, no era la indicada. Él es consciente de ello y por eso intenta explicárnoslo. Es joven, está en una fiesta (de esas que en nuestra primera niñez llamábamos “asaltos”) y nos habla. Nos interpela. Enfrenta la cámara como enfrenta sus sentires y nos explica cómo está enamorado de Romina, la chica de la fiesta que no le da pelota.

Martín Piroyansky se pone de nuevo (en realidad, en una de sus primeras veces) en el papel del joven neurótico que luego de Un juego absurdo, este cortometraje de 2009, tan bien supo evolucionar. Ya en ese momento logra captar todos los vicios del personaje incomprendido que tan bien se comprende a sí mismo y atrae la atención de un público que fácilmente puede identificar lo que lo aqueja y conectarlo con sus propias experiencias. Sucede que Rothschild, a partir de un guión de Javier Zeballos, intenta un doble dispositivo para interesar a un público más amplio: a un problema tan eternamente actual como el amor no correspondido decide situarlo en los años 60. Un increíble trabajo en conjunto de arte y fotografía (encargado a Germán Drexler y Leticia Nanoia respectivamente) nos ponen en el albor de esos años y nos demuestran cómo nunca superaremos ciertos vicios.

Este corto (parte de Historias Breves V) desarrolla un juego en el que Javier rompe la cuarta pared y nos habla directamente a los espectadores explicando cómo funciona la neurosis que nos lleva a enamorarnos de los imposibles. Quizá subestima el papel de la mujer con la intención de identificarse con un público masculino un tanto escueto. Sin embargo la gracia de Piroyansky intenta despegarse de ello, no llegando a poner al protagonista en un lugar en el que uno quiera estar entregado.

El cortometraje ganó premios por cada festival por donde pasó, destacándose el Cóndor de Plata como Mejor Cortometraje, los premios Mejor Guión y Mejor Actor en el Festival UNCIPAR 2010 y el Mejor Film Extranjero en el KAN Film Festival 2010 de Polonia.

Iván Soler – @vansoler

 

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