Nacionales

18 agosto, 2016

Pichón Escobar y lo que anida en la justicia

A una semana del sobreseimiento de los cinco imputados por la desaparición y asesinato de Gerardo “Pichón” Escobar, familiares y amigos del joven se movilizaron para exigir justicia. Denuncian que el fallo del juez federal Marcelo Bailaque es arbitrario y apelarán la decisión ante la Cámara Federal.

A una semana del sobreseimiento de los cinco imputados por la desaparición y asesinato de Gerardo “Pichón” Escobar, familiares y amigos del joven se movilizaron para exigir justicia. Denuncian que el fallo del juez federal Marcelo Bailaque es arbitrario y apelarán la decisión ante la Cámara Federal.

En la puerta de los tribunales provinciales de Rosario se congregan organizaciones sociales, políticas, de derechos humanos. Mientras cae la tarde se va armando un archipiélago de banderas.

Llega Luciana Escobar, hermana de Gerardo y principal referente del reclamo por justicia. La acompaña Salvador Vera, uno de los abogados querellantes.

Ha sido un año largo. En la madrugada del 14 de agosto de 2015 “Pichón” Escobar, empleado municipal de Parques y Paseos, desapareció a la salida del boliche La Tienda, hoy clausurado. Apareció muerto una semana después en el río Paraná. Tenía 23 años.

Las sospechas apuntaron a la seguridad del boliche, que según afirmó el Defensor General de la provincia, Gabriel Ganón, está vinculado a la banda de Los Monos. La justicia provincial imputó a dos policías y a tres patovicas por el hecho: al efectivo Cristian V. por homicidio y a César A., José Luis C., Luis N. y Maximiliano A., por encubrimiento agravado.

Debido a las características de la muerte de “Pichón” y la posible participación de integrantes de fuerzas de seguridad, los abogados de la familia junto a Ganón plantearon que la causa debía pasar al fuero federal y ser caratulada como desaparición forzada de persona.

Luego de varias idas y vueltas, la justicia federal aceptó la investigación. Pero el 10 de agosto el juez Marcelo Bailaque -que se había declarado incompetente en un primer momento- dictó el sobreseimiento de los cinco acusados. Consideró que no hay pruebas suficientes para sostener la imputación.

Es por eso que esta nueva movilización tiene un sabor particular. La prensa, puntual, ansiosa, ya está ahí. Hay tres canales de televisión: uno de aire, dos de cable. Se suman teléfonos y grabadores. Vera sostiene que la resolución del juez Bailaque es “arbitraria” y “generó una situación de impunidad”. Y argumenta: “Hay muchas pruebas concretas  y el juez desconoce muchas de ellas». Entre ellas nombra: tres informes del cuerpo médico forense del poder judicial de Buenos Aires que indican que el cuerpo de Escobar ingresó ya sin vida al río Paraná; otro que dice que la causa de muerte fue por el método de tortura conocido como “submarino seco”; que dos cámaras que dan cuenta del paso de Escobar fueron adulteradas. Y suma: “Sigue considerando que no es clandestino el ingreso de una persona joven el día y horario de los hechos a la seccional tercera. Desconoce que el cuerpo de Escobar presentaba múltiples signos de violencia”.

Las cámaras y micrófonos giran hacia Luciana. La chica tiene un flequillo negro que cubre toda la frente pero no los ojos. También cuestiona al juez: “No tuvo los huevos suficientes para llevar adelante la causa”.  Y se refiere a su caso, pero lo incluye en un marco más amplio: “No vamos solamente por el pedido de justicia de mi hermano: es para que no vuelva a pasar otro ‘Pichón’ más, es por la justicia popular, para todos los pibes a los que la corrupción mafiosa arrebató sus vidas”.

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La columna se ordena. Hará el recorrido del expediente judicial: de los tribunales provinciales a los federales.

Encabeza una bandera que plantea “Justicia por Gerardo Escobar. Rosario te llora. #NiUnoMenos”. Junto a Luciana caminan referentes de organizaciones sociales y políticas y familiares de otros casos. Por ejemplo, el pastor Eduardo Trasante, padre de dos muchachos asesinados: Jeremías, en el Triple Crimen de Moreno; Jairo, a la salida de un boliche.

Avanzan por el señorial bulevar Oroño, lugar de residencia de los ganadores del modelo agroexportador, en la bisagra de los siglos XIX y XX. La actual cúpula empresaria no vive allí: hace tiempo se mudó a los barrios cerrados o a las torres frente al río.

En el cantero central circulan runners, ciclistas, estudiantes, trabajadores y trabajadoras que vuelven a casa. Cuatro cuidacoches echados en un banco se ríen entre sí. Observan la manifestación y se ponen serios. Se codean, señalan, murmuran.

En una de las intersecciones, una moto atraviesa el corte de calles. Es una vespa azul. El dueño, un treintañero rubio, de barba prolijamente descuidada. “Pará, pará”, le reclaman. “Pero tengo que avanzar”, dice, y acelera.

Con los cánticos y los bocinazos se asoma gente de las clínicas, los bares, la Facultad de Ciencias Económicas. ¿Conocerán el caso? ¿Qué pensarán? ¿Que el pibe se la buscó? ¿O que nada justifica golpear, desaparecer, matar y tirar una persona al río?

***

La movilización llega a destino. La pared de ingreso al tribunal es un collage de pintadas: Justicia por Fabri; La dictadura terminó, no dejemos que vuelva el proceso; Hace un año a Franco lo mató la policía.

Luciana habla por megáfono. Lee párrafos de la sentencia marcados con resaltador. Increpa al juez, afirma que «esto le pasa a la gente humilde, de barrio”. Y reconoce que sin el acompañamiento de la multisectorial no estaría ahí.

Sin embargo, al instante reafirma: “Estoy acá para luchar hasta las últimas y demostrar que hubo desaparición forzada de persona. No me va a parar ni un juez, ni policías, ni patovicas corruptos. La memoria de mi hermano se va a hacer justicia”.

Explota una bomba de estruendo en el patio del tribunal. Luego una segunda. “Hijos de puta”, grita uno de los amigos de “Pichón”. Luego el silencio, hasta que alguien grita “¡Pichón Escobar!” y el resto responde “¡Presente!”.

Fernando Rey, integrante de la Multisectorial Justicia por Pichón Escobar, asegura a Notas que van a “redoblar el esfuerzo para apoyar la apelación que tramitaron los abogados y para exigirle a la justicia federal que se haga una investigación a fondo y se revierta esta decisión absolutamente vergonzosa del juez Bailaque”.

Luciana extiende un pañuelo blanco con el texto “Pichón Escobar desaparecido por la policía 2015” y se lo ata al cuello. Se acercan familiares, amigos. La abrazan. Se desarman las banderas y las personas se diseminan por la ciudad. Los autos vuelven a circular por Oroño.

Es de noche. Y el palacio de justicia a oscuras, vacío.

Mariano D’Arrigo, desde Rosario – @mdarrigo

Foto: Julieta Pisano / Cooperativa de Comunicación La Brújula

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