Medio Oriente

18 agosto, 2016

El Estado Islámico y las otras guerras de Libia

Fuerzas leales al Gobierno de Acuerdo Nacional (GAD) libio batallan por capturar los últimos distritos controlados por el grupo Estado Islámico en la ciudad costera de Sirte. Pero este es solo uno de los frentes abiertos en un país que no ha conocido la calma desde que el gobierno de Muamar Gadafi fue derrocado en 2011.

Libia es un conflicto casi olvidado, una deuda oculta de la administración Obama en el ciclo de violencia que ha arrastrado a buena parte de los países en el periodo post-Primavera Árabe. Desde 2011, el país ha caído en un estado donde la normalidad está signada por la violencia cotidiana, la lucha por el control de sus reservas petrolíferas y la ausencia de una autoridad central capaz de evitar la desintegración del Estado. Múltiples facciones (desde milicias locales a grandes coaliciones político-militares) se han disputado y repartido el territorio del país.

En el caos reinante el grupo Estado Islámico (EI) logró asentarse después de que facciones islamistas locales juraran lealtad al autoproclamado “Califato” durante 2014. Con  sus cuarteles en la ciudad costera de Sirte, capturada en 2015, el grupo tenía un acceso directo a las rutas del Mediterráneo.

Fuentes militares occidentales estiman el número de combatientes del grupo en el país en unos 6 mil. Pero lo que realmente preocupa es su capacidad para infiltrarse y ganar presencia en el vecino Túnez, así como amenazar las redes comerciales y centros turísticos del sur europeo.

Esto encendió las luces de alarma, poniendo sobre la mesa de discusión europea la posibilidad de recurrir a una intervención militar directa. Fuerzas especiales británicas, estadounidenses y francesas han estado operando proveyendo entrenamiento, información y equipo a fuerzas que combaten al EI.

En mayo de 2016, fue anunciada la ofensiva para expulsar al grupo extremista; y el 9 de junio, fuerzas leales al Gobierno de Acuerdo Nacional anunciaron su entrada a la ciudad. El 1 de agosto, el Comando de los Estados Unidos para África (US.AFRICOM) anunció el inicio de una campaña de bombardeos aéreos contra posiciones de los jihadistas dentro y en los alrededores de la Sirte.

Victoria ¿y después?

Pero la derrota del EI pareciera estar lejos de las prioridades a resolver para que Libia se encarrile finalmente. El Gobierno de Acuerdo Nacional (GAD) es en los hechos apenas un sello ante la autoridad real mantenida por las diferentes facciones armadas. Su fundación buscó poner fin a la división del país en dos autoridades nacionales paralelas que se adjudicaban a la vez ser el único gobierno legítimo.

La disputa se remonta a las últimas elecciones legislativas de junio de 2014: con una participación de apenas el 18% del electorado, el resultado llevó a la entonces mayoría islamista a perder frente a una alianza de candidatos liberales, nacionalistas e independientes seculares. Pero la coalición derrotada, apoyada en la alianza de milicias “Amanecer Libio”, se negó a reconocer los comicios.

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Fuente: Telesur

Esto pronto escaló a un conflicto armado que dividió al país en dos: el llamado Nuevo Congreso Nacional General, bajo hegemonía islamista, gobernando la mitad occidental del país con sede en la ciudad de Trípoli; mientras que la nueva Cámara de Representantes (reconocida por la Comunidad Internacional como único gobierno legítimo) controla el Este, con su capital en la ciudad de Tobruk. Contando con su propia alianza de milicias, renombradas para dar forma a las nuevas Fuerzas Nacionales Libias, el mando militar le fue confiado al general Khalifa Haftar, quien se ha podido posicionar como uno de los hombres fuertes del país.

Ejemplo del complejo entramado de alianzas en cambio constante, Haftar fue un miembro de la vieja guardia de oficiales que acompañaron a Gadafi en su ascenso al poder para luego caer en desgracia y exiliarse en los EEUU; con formación militar soviética aunque mantiene tanto lazos con Moscú como con Washington.

La reconciliación recién llegó entre diciembre de 2015 y principio de enero de 2016 con la formación de un nuevo gabinete presidido por el Primer Ministro Fayez al-Sarraj. Los bandos enfrentados acordaron la unidad aunque recién en marzo el nuevo gobierno pudo asentarse en Trípoli tras expulsar por la fuerza a los últimos disidentes.

Varios factores presionaron para esto: el embargo de armas aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, la promesa de ayuda financiera (EEUU anunció unos 56 millones de dólares en junio) para la reconstrucción del país y la emergencia de otros grupos jihadistas que controlan la totalidad o parte de varias ciudades costeras.

Sin novedad en el frente

Pero el acuerdo sobre el que se sostiene este gobierno parece ser más un deseo que una realidad. Aún hoy, la Corporación Nacional del Petróleo, compañía estatal que controla el 70% de las reservas energéticas del país, continúa teniendo dos administraciones paralelas, cada una leal a uno de los dos bandos del GAD; mientras que algunas instalaciones y refinerías son controladas por milicias privadas.

Tanto la Justicia como el aparato de seguridad están atravesados por lealtades locales y tribales. La lógica de las milicias ha permeado en el mismo funcionamiento del Estado y las facciones armadas están lejos de subordinar su autoridad y entregar lo obtenido en estos años a las Fuerzas Nacionales Libias comandadas por Haftar.

Con pequeños consejos de autogobierno local surgiendo en algunas zonas ante la práctica desaparición de la autoridad estatal, la gran mayoría de la población queda en un estado de completa vulnerabilidad ante las arbitrariedades de las autoridades de turno. La costa libia continúa siendo una gran franja de terreno liberado. A pesar de la demonización de la que fue objeto en su etapa final, el gobierno de Gadafi cumplió una función esencial en el esquema de control europeo sobre la migración africana en el Mar Mediterráneo.

Este es uno de los factores por el cual hace años se ve un crecimiento exponencial en el flujo de migrantes y refugiados en dirección a Europa, inaugurando uno de los periodos más beneficiosos para el tráfico de personas.  Lejos quedaron los días en los que Hillary Clinton anunció con optimismo la muerte de Gadafi a manos de rebeldes después de que aviones de la OTAN atacaron el convoy en el que huía de su ciudad natal, Sirte.

Julián Aguirre – @julianlomje

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