América Latina

18 agosto, 2016

Camila Vallejo con Palestina en el corazón

La diputada chilena Camila Vallejo visitó Palestina hace algunas semanas y compartió su experiencia en una carta abierta titulada «Palestina en el corazón». Allí sostiene que “queda suficientemente claro que el conflicto Palestino-Israelí no constituye una guerra, sino un genocidio” y explica que no es religioso sino estrictamente político.

Hace algunos días la diputada chilena por el Partido Comunista Camila Vallejo compartió una carta pública relatando su reciente visita a Palestina y denunciando la brutal política de violencia y de miedo que “genera intencionalmente” el Estado de Israel sobre la población palestina.

La carta se titula “Palestina en el corazón” y en ella Vallejo comienza explicando que desea compartir su experiencia de siete días en Palestina (visitó las ciudades de Ramalla, Hebron, Beit Lehem, Bir Zeit, Al Taibe y Beit Jalá) “no sólo por transparencia, sino por un simple y profundo sentido de solidaridad, de responsabilidad, de justicia y de humanidad”. Inmediatamente aclara que lo que aprendió no es la versión “oficial” sino lo que vio con sus propios ojos y pudo conversar con “mujeres y hombres amantes de su tierra, de su patria y de su milenaria cultura”.

La diputada afirma que el pueblo palestino ha sido víctima de la dominación extranjera desde la antigüedad hasta nuestros días y que “hoy, en pleno siglo XXI, siguen siendo colonizados y oprimidos” por el Estado de Israel: “Cuarenta y nueve años de ocupación han transformado al Estado de Israel en una Etnocracia, un Estado terrorista que busca el desplazamiento y exterminio de palestinos, hombres, mujeres, ancianos, niños y bebés de los territorios que contempla el proyecto sionista”.

A continuación explica que, aunque pueda parecer exagerado, han sido los propios líderes sionistas quienes explicitaron este objetivo en numerosas oportunidades. En ese sentido recuerda que en 1948 David Ben Gurion planteó: “Debemos utilizar el terror, el asesinato, la intimidación, la confiscación y el corte de todos los servicios sociales para deshacernos de la población palestina”. Pero agrega que una cosa es leer estas frases y otra verlas aplicadas en la realidad.

“Todos y cada uno de los días que viven los palestinos, está cruzado por una bala en el cuerpo a un adolescente, demoliciones de viviendas comandadas por el ejército israelí en territorio palestino, allanamientos masivos a las casas durante la noche, provocaciones y humillaciones, entre otras atrocidades que permiten la existencia de 600 mil colonos a la fecha”, enumera. Como ejemplos cuenta que la noche del martes 26 de julio fueron demolidas 11 viviendas palestinas en Ramallah sin aviso ni justificación alguna y que el jueves un diputado palestino no pudo asistir a la reunión programada “porque a su hijo le habían disparado a matar soldados israelíes y lo habían herido”. “Y así todos los días durante más de 60 años”, sintetiza.

En su recorrida habló con familias, madres, padres y hermanos de víctimas de esta política homicida del Estado de Israel, de quienes admiró “la fuerza y coraje para seguir adelante, luchando incansablemente por verdad y justicia en un país donde la impunidad es el pan de cada día”.

La violencia cotidiana contra los palestinos también se expresa en la violación de su soberanía y del derecho al libre desplazamiento: “Con 550 puntos de control y 700 km de muro  el territorio palestino no sólo lo han reducido a un 12%, sino que lo han fragmentado para dividirlos, para aislarlos, para ahogarlos en una verdadera cárcel de cielo abierto”. “Esta realidad es quizás la más clara demostración que al Estado de Israel no le interesa ni acepta convivir con un Estado Palestino, y que mientras habla de su interés en reconocerlo, todos los días avanza por el camino de impedir su nacimiento”, concluye Camila Vallejo.

Su carta también denuncia que a pesar de numerosas visitas diplomáticas y de organismos de DDHH y de que “según el Derecho Internacional la ocupación Israelí constituye un crimen de guerra”, Israel no cesa con las ocupaciones y “nadie hace nada, nadie sanciona”.

Más adelante la diputada afirma que con todos estos elementos “queda suficientemente claro que el conflicto Palestino-Israelí no constituye una guerra, sino un genocidio”. Luego afirma que el conflicto no es religioso sino político, ya que en Palestina han convivido históricamente judíos, musulmanes y cristianos: “El conflicto es político-territorial y se usa la Biblia como herramienta de dominación”. Luego agrega que el proyecto sionista, “amparado y subsidiado” por Estados Unidos, “busca apropiarse de territorios y recursos naturales estratégicos para incrementar su poder económico-comercial y político”.

Este proceso, que define como “de colonización”, avanza gracias a los recursos de EE.UU. y la potencia armamentista del Estado de Israel a través de “un inteligente plan de asentamientos ilegales y construcción y extensión permanente de muro con supuestos fines de seguridad”.  El objetivo de esta ocupación, explica, es no sólo anexar territorios palestinos sino también apropiarse del agua y de las riquezas naturales.

Finalmente, se pregunta qué diría Dios “de tanta masacre en su nombre” y de “las miles de muertes de niños y niñas inocentes perpetradas con la Biblia en mano”. Luego Vallejo aclara que sus posiciones no se deben a “antisemitismo” sino a una condena tajante “a la impunidad de un proyecto sionista que transgrede todo derecho internacional, que busca día a día oprimir y exterminar a un pueblo hermano”. “Nadie en el mundo que se diga democrático y que respete los DDHH puede hacer menos que condenar tal brutalidad”, afirma.

Luego de destacar la resistencia del pueblo palestino como “un acto de profundo amor a la patria, a la familia y la justicia”, basado en el amor y la alegría, plantea su deseo de que Chile, que aloja a una de las mayores comunidades palestinas del mundo, se sume a todas las voces, de “cristianos, judíos, palestinos, ateos y musulmanes” que claman “por el fin de la ocupación del Estado de Israel, por la liberación y autodeterminación de Palestina y la Paz entre los pueblos, para que de una vez por todas, pueda florecer sin límites la sonrisa y la luz contenida de miles de niños y niñas que nos piden desde la distancia, no dejarlos solos”.

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