América del Norte

17 agosto, 2016

Campaña presidencial en EEUU: dime quién te asesora y te diré quién eres

Por Micaela Ryan. En los últimos años, las campañas electorales se han constituido en una enorme y millonaria industria de marketing. La posibilidad de acceder a la presidencia se garantiza con la efectividad de la puesta en marcha de esta maquinaria donde participan las corporaciones más grandes del mundo.

Por Micaela Ryan. En los últimos años, las campañas electorales se han constituido en una enorme y millonaria industria de marketing. La posibilidad de acceder a la presidencia se garantiza con la efectividad de la puesta en marcha de esta maquinaria donde participan las corporaciones más grandes del mundo.

La campaña Hillary-Trump que atraviesa Estados Unidos en el 2016 es tal vez, la demostración más acabada de esto. La publicidad y los medios de comunicación son, sin dudas, la arena de la competencia política. Pero la enorme cantidad de personas accionando detrás de estas “puestas en escena” suele ser desconocida.

Uno de estas herramientas son los Political Action Committee (Comités de Acción Política, PAC por sus siglas en inglés), equipos especializados en reunir donaciones multimillonarias -que incluyen a corporaciones, empresarios, bancos- y financiar campañas como si se tratara de comprar acciones. Las convenciones partidarias son también parte de la puesta en escena, lejos del debate y la plataforma, elementos centrales para ganar elecciones hace tan sólo cuatro décadas atrás.

Como nunca antes se vio en la breve historia de la democracia, los asesores de campaña se transforman en el cerebro de los candidatos. En Argentina conocimos esta figura a través de Jaime Durán Barba, archi-asesor de Mauricio Macri.

Tal vez el precursor en este camino fue Joseph Goebbels, ministro de Ilustración Pública y Propaganda de Adolf Hitler. Su máxima fue “una mentira repetida mil veces se transforma en verdad”. Además, Goebbels estableció “Los diez principios de la propaganda”, manual que actualmente se reversiona campaña tras campaña, como una fórmula infalible.

Cambios en el frente hacia la batalla final

En los últimos días, tanto Hillary Clinton como Donald Trump han sumado asesores fundamentales de cara a la definición del 8 de noviembre.

Trump hizo este cambio por segunda vez en dos meses, en medio de su caída en las encuestas y una profunda crisis del Partido Republicano. Ahora nombró a Stephen Bannon como director ejecutivo de su campaña. Bannon es también el director ejecutivo del conglomerado informativo conservador Breitbart News.

Su designación genera la remoción de Paul Manafort, quien está siendo cuestionado por haber trabajado durante años como asesor político del expresidente de Ucrania, Viktor Yanukovych. Este cambio se produjo luego que el New York Times publicara que la nueva Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania descubrió libros de cuentas en los que figuran pagos en efectivo por 12,7 millones de dólares.

Bannon se desempeñó como militar antes de dedicarse a los negocios de la comunicación y participó en acciones militares en el Golfo Pérsico. Durante el gobierno de Ronald Reagan fue el asistente del responsable de operaciones navales en el Pentágono. En este período fue acusado por numerosas subordinadas por acoso sexual.

Luego de abandonar el ejército, Bannon se convirtió en banquero dentro de Goldman Sachs, en el negocio de los medios, donde invirtió en series como “Seinfeld” por la cual aún recibe ganancias. Tras la muerte de Andrew Breibart en 2012, Bannon asumió como secretario ejecutivo de Breitbart News Network, conglomerado mediático reconocido por su posición conservadora y anti Demócrata. Bannon fue acusado por hacer un periodismo sensacionalista que promueve el racismo, la xenofobia y la homofobia.

En 2013, Bannon expresó que el surgimiento de un movimiento populista de centro derecha dentro del Partido Republicano lograría abatir el crecimiento de un ala progresista dentro del partido. Según el New York Times, con la designación de Bannon Trump busca fastidiar a importantes miembros del Partido Republicano, como el vocero parlamentario Paul D. Ryan. Bannon fue catalogado como “el operador político más peligroso de Estados Unidos”.

Por el lado del Partido Demócrata también hubieron importantes cambios. Si bien no se alteró la composición del equipo de campaña -encabezado por el antiguo jefe de gabinete de Bill Clinton y quien “limpió” su escándalo mediático, John Podesta-, Hillary anunció la creación de un equipo de “asesores de transición”. Estos asesores tienen la función de instrumentar un plan de transición desde la gestión de Barack Obama a la de Hillary Clinton, quien se entusiasma frente a encuestas alentadoras. Es decir, son el principio de su posible futuro gobierno.

En el devenir de su campaña, Hillary debió incluir elementos “socialdemócratas” a su discurso, luego del enorme obstáculo inesperado que le representó la precandidatura de Bernie Sanders. Una gran corriente progresista se alentó dentro del Partido Demócrata, lo que se evidenció durante la convención realizada por este partido a finales del mes de julio.

En este sentido, Hillary se manifestó públicamente en contra del Tratado de Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés): «Detendré cualquier acuerdo comercial que destruya trabajos y rebaje los salarios, incluido el TPP. Me opongo ahora, me opondré tras las elecciones, y me opondré como presidenta».

Pero más allá de su discurso, la verdadera postura de Hillary sobre este tema quedó evidenciada al designar a Ken Salazar como titular del equipo de transición. Salazar fue senador por Colorado y actualmente trabaja en WilmerHale, una de las empresas lobbistas más influyentes de Washington. Salazar apoya abiertamente la fracturación hidráulica (fracking) y el Tratado de Transpacífico (TPP), temas de gran controversia entre los integrantes del Partido Demócrata.

El TPP fue alentado por Obama y fuertemente rechazado por Sanders. Durante la Convención Demócrata existieron denuncias sobre la remoción de delegados que portaban carteles “Rechazamos al TPP”. En efecto, grandes sectores de la población ven con temor y hasta rechazan al TPP debido a que lo vinculan con el estancamiento del empleo y la baja de la producción industrial.

Con este clima social, donde el entusiasmo popular no caracteriza a la campaña presidencial, ambos candidatos han desarrollado un discurso alejado de la realidad en el que pregonan volver a la manufactura y al trabajo fabril de los “dorados años” de la posguerra.

Lejos está ese escenario de la realidad y ambos lo saben. El desempleo en Estados Unidos ronda el 5% y ha llegado a superar las dos cifras en 2010 y 2011. Alrededor de 46 millones de personas (15% de la población) se encuentran bajo la línea de pobreza.

No obstante, el discurso del «American dream» parece no haberse agotado, mientras que Goebbels, con sus variantes, continúa señalando la estrategia de campaña.

@LaMicaRyan

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