Economía

12 agosto, 2016

Explotación laboral: las multinacionales detrás de los JJOO

Provienen de Estados Unidos, Alemania, Bélgica, pero esparcen la explotación en todo el globo. Las enormes compañías que patrocinan y proveen al tradicional evento deportivo tienen un presente plagado de sufrimientos, muertes y denuncias, pero con ganancias millonarias.

Además de un evento deportivo, los Juegos Olímpicos son la gran cita de las empresas multinacionales. Entre anunciantes, patrocinantes y proveedores, las principales marcas buscan demostrarse allí más humanas, simpáticas, afables. Y esconden así, al menos durante un par de semanas, su cara más cruel. Capitalismo en estado puro.

Adidas

La compañía es alemana y provee al mundo entero, pero el trabajo duro no es para cualquiera. Adidas le encarga principalmente su producción a los talleres textiles de Bangladesh y Camboya, donde la mano de obra es barata y casi esclava.

Y mientras que el salario mínimo del rubro ronda allí los 100 dólares mensuales, a la multinacional el negocio le sale redondo: en 2015, reportó utilidades globales por más de 700 millones de dólares, un 30% más que el año anterior.

Microsoft

Una de las principales proveedoras es la empresa de Bill Gates, la persona más adinerada del mundo. Según la organización «Great Place to Work», Microsoft era en 2011 la mejor empresa para trabajar en el mundo.

Y tal vez en aquel entonces lo fuera, pero poco después, en 2014, anunció el despido de 18 mil trabajadores, el 14% del total de su planta. En 2015, se les sumaron 7.800 más. Y como si fuera poco, en 2016, remató la embestida comunicando otros 4.700 despidos. Un magnífico lugar para trabajar.

Coca-Cola

De Coca-Cola no pueden decirse cosas mucho mejores. En España, el estudio de abogados «Sagardoy» asesoró al gobierno de Mariano Rajoy para su penosa reforma laboral. Pero casualmente ellos eran también los abogados de la famosa compañía de bebidas. En 2015, sin embargo, la ley que construyeron se les volvió en contra. Pese a que habían asesorado a la empresa para despedir sin costo a 1.190 trabajadores, el Tribunal Supremo anuló la decisión por considerar vulnerados los derechos laborales.

En México, mientras tanto, los artilugios legales también son moneda corriente. Para evitarse la participación en las ganancias que garantiza allí la ley, tercerizan sus operaciones en empresas como SIAAGSA. Sólo en 2007, previo a estallar las protestas, Coca-Cola eludió repartir entre los trabajadores unos 70 millones de dólares.

Nike

La firma estadounidense de calzados deslocaliza su producción en el sudeste asiático y se ahorra así unos cuantos millones. En 2013, en Indonesia, frente al aumento del salario mínimo dispuesto por el gobierno, la empresa pidió ser eximida de la nueva obligación. Y para ello, se propuso conseguir el consentimiento de los trabajadores.

En enero de aquel año, según denunciaron los propios obreros, fueron presionados por militares a disposición de la empresa para que suscribieran un documento prestando su conformidad. “Fuimos convocados por personal militar que la compañía había contratado para interrogarnos e intimidarnos”, declaró una trabajadora que logró filmar el incidente con su teléfono.

C&A

La famosa empresa de ropa es belga por nacimiento, pero desparrama opresión por todo el mundo. Parte de su producción proviene de Bangladesh, donde los trabajadores cosen prendas siempre al borde de la muerte.

Allí estaba el Rana Plaza, un complejo de nueve plantas que albergaba a cinco talleres textiles, donde se encontraban los proveedores de C&A. El 24 de abril de 2013 la estructura colapsó causando la muerte de 1.200 personas y dejando más de dos mil heridos. La tragedia, como era esperable, desnudó las consecuencias de más de 30 años de producción masiva a bajo costo: pésimas condiciones de salubridad, jornadas extenuantes, incumplimiento de medidas de seguridad y salarios de explotación.

Samsung

La empresa surcoreana tiene un pie en cada hemisferio. Uno de ellos está precisamente en Brasil. En 2013, el Ministerio de Trabajo denunció que los trabajadores eran sometidos a jornadas de 15 horas diarias, con pausas insuficientes y sin pago de licencias.

En 2012, fueron dos mil los operarios con lesiones óseas o musculares por el inhumano ritmo que les imponían: 65 segundos para instalar un televisor, 4,8 segundos para colocarlo en la caja, 32,7 segundos para ensamblar un teléfono celular. La mecanización del universo laboral.

Según la Confederación Sindical Internacional, Lee Kun-Hee, actual presidente del Grupo Samsung, es el quinto peor empleador del mundo. Hay que reconocer que le sobran méritos.

McDonald’s

Ningún trabajador puede sindicalizarse en la cadena de comidas rápidas en Estados Unidos. Es parte de los derechos que tienen vedados. En 2015, sin embargo, la lucha fue por conseguir un salario de 15 dólares por hora. “Somos seres humanos”, alegaban los protestantes con carteles, recordando lo fundamental.

Aun así, la respuesta de la multinacional fue curiosa: adujo que sus restaurantes eran sólo franquicias y que por tanto no podía imponer aumentos salariales. Las trampas del capital. Al parecer, ellos pueden imponer a los restaurantes el tiempo de cocción de la hamburguesa pero no la escala salarial.

Algunos meses después, uno de sus ex directivos incluso llegó a decir que era más barato comprar un brazo robótico por 35 mil dólares que pagarle a un empleado ineficiente 15 dólares la hora por embolsar papas fritas.

P&G

Procter & Gamble es tan multinacional que a menudo le crecen ramificaciones. La firma estadounidense controla marcas como Pampers, Duracell, Ace, Ariel, Magistral, Oral-B, Head & Shoulders, Pantene, Eukanuba, Always, Gillete y Vick. De todo un poco.

Pero tiene una prima que nació en Holanda: Unilever, también con decenas de marcas en su haber. Dove, Hellmann´s, Knorr, Axe, Rexona, Lux, Cif, Ades, y varias más.

En 2011, sin embargo, la Comisión Europea las multó por haber acordado la fijación de precios en varios de sus productos. Carterización, le llaman. Fueron 300 millones de euros de condena. Les faltó espíritu de competencia.

Federico Dalponte – @fdalponte

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