Batalla de Ideas

8 agosto, 2016

Cristina vs Stolbizer: el circo alrededor de las denuncias

Por Federico Dalponte. En un capítulo que seguramente será olvidado, la política tuvo su cita en la sala de mediaciones. Las acusaciones cruzadas de dos dirigentes nacionales forzaron otra vez la invasión de la esfera judicial. ¿Qué pasa cuando el debate público se circunscribe a las imputaciones?

Por Federico Dalponte. El estudio de la mediadora María Etelvina Notari tiene varias salas. En una esperó desde temprano Cristina Fernández, la denunciante. En otra, Margarita Stolbizer, la denunciada. Pero no se juntaron, ni se miraron, ni se cruzaron.

La mediadora tuvo así el extraño privilegio de presenciar un acontecimiento único. Una ex presidenta y una diputada nacional, alejadas del escenario público, se encontraron para denunciarse y poco más. Constataron, en acta de defunción, la muerte misma de la política.

La denunciante dice que los dichos de la denunciada le causaron daño y por ello pide un resarcimiento. La denunciada, por supuesto, dice que no. En el medio, las separa un abismo de improperios y exageraciones. Aunque siempre cine mudo; nada de diálogo.

Con todo, el aparato judicial se afianza como resorte de la política. Y eso no es nuevo. Lo curioso de este siglo, si se quiere, es que a los tradicionales fallos judiciales con intencionalidad se le suman hoy acciones de las más variadas. Antes era el Poder Judicial el que inundaba la esfera de la política, ahora es la política la que delega en los jueces sus propias frustraciones.

Margarita Stolbizer, por caso, se decidió a ocupar con mayor empeño su rol de virtual fiscal anticorrupción que su banca de legisladora. De las dos leyes más importantes de este semestre, votó con el oficialismo el pago a los fondos buitre y se ausentó de la sesión por la ley antidespidos.

Por lo demás, sabe que su visibilidad pública depende de recuperar el terreno político perdido. Hoy su bloque en Diputados es unipersonal y no pareciera tener chances de mucho más. Por ello planea acercarse al peronismo que integra Roberto Lavagna, el mismo por el cual huyó de la UCR hace una década. Fue promediando el 2007. Stolbizer era la secretaria general del radicalismo y pegó el portazo disconforme con la política de alianzas. Optó, en cambio, por ser la candidata a gobernadora de Elisa Carrió.

No es casualidad que se repitan los actores. Tanto la chaqueña como la bonaerense comparten un flagelo: sus liderazgos pisan fuerte en las elecciones legislativas, pero hacen agua en las ejecutivas. La última vez que Carrió fue candidata a presidenta, sacó el 2% de los votos, pero llegó al 32% para ser diputada. Stolbizer, algo similar: 2,5% para presidenta y casi el 12% para legisladora.

Sea culpa del huevo o de la gallina, lo cierto es que ambas forjaron así el mismo perfil: la denuncia como modo de hacer política. Y no está mal. Cada cual ocupa el puesto que quiere. Lo extraño del asunto es que la ex presidenta Cristina Kirchner haya decidido enrolarse en este entuerto.

Denuncias de todos contra todos

No existe ni la más remota chance de que el proceso judicial decante a favor de Cristina. Su denuncia contra Stolbizer parece más un intento por trazar una estrategia judicial ofensiva que un modo efectivo de proteger su honor.

Sumado a ello, la elección de Gregorio Dalbón como abogado patrocinante le suma cierta dosis circense. Es casi como reconocer que el altercado discurrirá por los caminos de las declaraciones extravagantes y las amenazas constantes. La peor forma posible de defender un derecho mancillado.

Así, en este juego de suma cero, la diputada y fundadora del GEN tiene todo para ganar. Primero porque sus declaraciones contra la ex presidenta tienen el contenido propio de toda inmunidad parlamentaria. Segundo porque detrás, en el fondo de la disputa, Stolbizer es la cara de la causa Hotesur, la más sensible de las que pesan en contra de la familia Kirchner. Y tercero porque la denuncia en su contra le sirve para victimizarse y cobrar mayor notoriedad. Tal es así que ya anunció su contra-denuncia: reclamará por los daños causados por la ex mandataria al llamarla “burra y mala”.

En el medio del circo, Elisa Carrió, eclipsada tal vez por los días de fama que vive Stolbizer, acusó a su colega de realizar sus ya famosas denuncias “con la ayuda de Clarín y Bonadío”. Dalbón, a tono con la usanza mediática, aprovechó el exabrupto para denunciar a Héctor Magnetto, al juez Claudio Bonadío y a la líder de la Coalición Cívica por supuesta asociación ilícita.

Más barro sobre el barro. Al final del día, lo típico de estas pampas: quedará como siempre ese gusto a poco que trae la política cuando pisa Tribunales. Cierto funcionario denuncia a una diputada por ligarlo al narcotráfico. Otro dirigente acusa a una presidenta por abuso de autoridad. Dos candidatos se denuncian mutuamente pero no debaten. Es la negación perfecta de la política.

De lo que sigue, fracasada la mediación prejudicial, la demanda de Cristina Fernández de Kirchner caerá en algún juzgado civil, alguien la leerá y se perderá varios meses en el olvido. Algún día, ocasionalmente, el juez recordará dictar sentencia. Y llegará así el tiempo de otra denuncia.

@fdalponte

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