Batalla de Ideas

7 agosto, 2016

Pasado, presente y futuro: el 7 de agosto y un punto de inflexión

Por Martín Ogando. Este domingo, decenas de miles de personas se movilizaron hacia Plaza de Mayo convocadas por la CTEP, Barrios de Pie y la CCC. También se hicieron presentes otras organizaciones sociales, las dos CTA y parte de la CGT de Moyano. En un agosto que se anuncia conflictivo (y decisivo) la Argentina profunda volvió a copar la “avenida más larga del mundo”.

Por Martín Ogando. Este domingo, decenas de miles de personas se movilizaron hacia Plaza de Mayo convocadas por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Barrios de Pie y la CCC. También se hicieron presentes otras organizaciones sociales, las dos CTA y parte de la CGT de Hugo Moyano. En un agosto que se anuncia conflictivo (y decisivo) la Argentina profunda volvió a copar la “avenida más larga del mundo”.

Pasado

Cuando Mauricio Macri asumió, con su batería de medidas favorables al gran capital concentrado, las resonancias de un pasado no tan lejano volvieron a hacerse escuchar. Salvando anacronismos y distancias, los ecos de ajustes y represiones pasadas, pero también de resistencias y dignidades perdurables se nos plantan en la memoria.

No es casual que la convocatoria de este domingo haya rendido homenaje a la histórica movilización por “Paz, pan y trabajo” que, liderada por el recordado Saúl Ubaldini, partió un 7 de noviembre de 1981 desde el barrio de Liniers en plena dictadura. Tampoco los es que a nuestra memoria vengan los contingentes de la Marcha Federal entrando a la ciudad en 1994 o las paradigmáticas movilizaciones piqueteras del 2000 al 2003, que hicieron también de Liniers uno de sus lugares encuentro. Nada es casual en esta historia.

Una drástica redistribución del ingreso hacia los sectores exportadores, caída del salario real de un 9,6% de noviembre a la fecha, tarifazo, más de 120 mil puestos de trabajo perdidos sólo en el sector privado formal, son el comienzo de una fuerte ofensiva del capital contra el trabajo. Y en el campo del trabajo son los más precarizados, los que nunca lograron reconquistar los derechos perdidos, los que sufren de manera más descarnada los primeros efectos.

Pero nuestro pueblo no tiene vocación de víctima sino pasta de protagonista. Cuando este domingo miles y miles de trabajadores y trabajadoras de la economía popular desbordaron Avenida Rivadavia y llegaron a Plaza de Mayo nos regalaron una vez más esa postal recurrente en nuestra historia: la de la Argentina profunda plantándole cara a la Argentina de los poderosos. Y cuando esto pasa, cualquier gobierno tiene problemas.

Presente

Esta marcha, netamente política y apuntada al centro del Ejecutivo nacional, fue más que una gota que amenaza rebalsar el vaso. Agosto y septiembre parecen meses decisivos para Cambiemos. El blindaje mediático, el discurso sobre la pesada herencia y la corrupción kirchnerista, así como el crédito inicial con el que cuenta cualquier gobierno, son un capital que no ha desaparecido pero que pierde eficacia semana a semana.

Lejos de las maravillas del segundo semestre, el elenco gobernante se encuentra enfrentado a faenas más modestas que le permitan llegar con chances a las legislativas de 2017. Contener la inflación y lograr inversiones encabezan la lista de prioridades. Esto supone sortear varios problemas.

El contexto internacional no resulta favorable, ni por precios de materias primas ni por flujo de capitales, y pareciera que, por ahora, no hay genuflexión al imperio ni obediencia al capital que alcance a la hora de conseguir un billete.

De todas formas, con tarifazo de por medio y todo, el crédito que una parte de la sociedad parece dispuesto a darle a este gobierno parece todavía alto. Estamos frente a un gobierno con problemas, no frente a uno en crisis. Estamos frente a un proceso de desencantamiento, pero de ninguna manera frente a un pasaje decidido a la oposición de franjas importantes de sus votantes. En la oposición política aún no está claro quién podría capitalizar ese descontento creciente.

En este marco, la calle, el conflicto social, parece ser la prueba de fuego en este agosto caliente. Los despidos en el Estado han aparejado un amplio movimiento de rechazo, que obtuvo conquistas modestas. Los conflictos en el sector privado todavía aparecen aislados y contenidos, con una buena parte de las direcciones sindicales dispuesta a transitar la senda de las suspensiones masivas para evitar despidos. Las paritarias han tenido un resultado dispar, validando pérdidas en el salario real pero perforando el techo inicial del gobierno. Las direcciones sindicales, con diferencias internas de todo tipo, navegan entre discursos opositores y prácticas colaboracionistas… por ahora. Marcaron la cancha con el 29 de abril y la Ley Antidespidos, pero contemplaron pacientes su veto. La situación del tarifazo es un tema en sí mismo, con un fuerte rechazo que ya alumbró dos “ruidazos”.

Futuro

Agosto y septiembre pueden ser punto de inflexión. La reunificación cegetista se formalizará el 22 de agosto, pero ya dio su primer paso con un documento crítico del gobierno nacional. El perfil que adopte dicha unidad será decisivo para empresarios, gobierno y trabajadores. Macri está vez no hablará con el corazón. Sabe que el bolsillo es un lugar sensible para las cúpulas y por eso ofrenda el reintegro de dinero adeudado a las obras sociales. ¿Será suficiente para apaciguar a una dirigencia que no deja de sondear cotidianamente el malestar en sus bases?

Los tiras y aflojes respecto de la concreción o no de un plan de lucha muestran que las cartas no están echadas. El deterioro del salario parece uno de los nudos centrales. El plan empresario es consolidarlo, pero en la agenda sindical la reapertura de paritarias empieza a cobrar fuerza. Los números de inflación han horadado aún los mejores acuerdos. Los estatales ya convocaron paro nacional para el 11 de agosto y sigue su curso una convocatoria de la CTA Yasky y gremios de la CGT para reeditar una nueva marcha federal hacia fin de mes. El sector educativo ya está en conflicto en varias provincias y puede ser un renovado frente de tormenta.

Finalmente, en los márgenes de la actividad “formal”, donde ganan su vida los trabajadores de la economía popular, el impacto de estancamiento económico y la inflación es fuerte. Los reclamos por aumentos en programas sociales o asistencia para comedores y merenderos se han multiplicado.

En este contexto, la multitudinaria marcha del domingo agiganta una amenaza que ningún gobierno mira con desdén, menos aún uno que no cuenta con un aparato territorial tan aceitado como el del peronismo: la irrupción de los sumergidos, de los perdedores dentro de los perdedores del capitalismo, con su conocida capacidad combativa, largamente demostrada en la historia reciente.

Como sea, es difícil que las indefiniciones actuales se mantengan en octubre. Si es capaz de contener la lucha gremial y social de las próximas semanas, evitando su generalización, el gobierno saldrá fortalecido. Un escenario así, junto con alguna resolución medianamente airosa del affaire tarifazo y un blanqueo exitoso pueden fortalecer la confianza empresaria y apuntalar la inversión. Así, el gobierno podría aspirar a la consolidación de su plan de ajuste mediante una derrota popular, y soñar con un 2017 de moderado crecimiento y expectativas electorales. Este sueño es la pesadilla de los de abajo.

Para evitarlo, la resistencia popular, importante pero limitada y fragmentada hasta ahora, debe fortalecerse y masificarse. Es central la unidad. No solo la de las dirigencias de trabajadores y trabajadoras, sino del conjunto de la clase, empezando por sus sectores más precarizados y desprotegidos. Esa parece la más importante tarea para convertir nuestros sueños en su pesadilla.

@MartinOgando

Foto: Prensa CTEP

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