América Latina

1 agosto, 2016

Paraguay: “La Masacre de Curuguaty es consecuencia de una injusta distribución de la tierra”

El proceso que investigó la muerte de seis policías y 11 campesinos durante la Masacre de Curuguaty, dejó al descubierto la falta de garantías, un poder judicial funcional y la ausencia de un sistema institucional sólido en Paraguay. La politóloga y coordinadora del Grupo de Estudios Sociales Paraguay del Instituto de América Latina y el Caribe (UBA) Magui López, dialogó con Notas y reflexionó sobre los orígenes de la problemática.

La colorada tierra paraguaya arde, como las calles, como los reclamos de miles de manifestantes que todavía exigen saber qué pasó en Curuguaty. El pasado 11 de julio se conoció la sentencia. Once campesinos recibieron penas que fueron de 4 a 30 años de prisión. El tribunal determinó que los labriegos fueron responsables directos del asesinato de seis policías en los hechos que se conocieron como Masacre de Curuguaty. Lo cierto es que el 15 de junio de 2012 fueron asesinadas 17 personas; seis de las cuales eran policías. Los otros once eran campesinos. Esas muertes nunca fueron investigadas.

La Masacre de Curuguaty dejó en evidencia las continuidades de 35 años de dictadura, la falta de instituciones sólidas, una Justicia adicta y, por sobre todo, el desmedido poder del latifundio. Así lo entiende la politóloga y coordinadora del Grupo de Estudios Sociales Paraguay del Instituto de América Latina y el Caribe (IELAC-UBA) Magui López, que diálogó con Notas y reflexionó sobre los orígenes de la problemática.

– ¿Cuáles son las raíces de la Masacre?

– La Masacre de Curuguaty es la consecuencia de una injusta distribución de la tierra. Algunos historiadores ubican el inicio en la Guerra del Triple Alianza. Esto fue violentamente profundizado durante la dictadura. Y, al ser un país dedicado a las commodities y a la agroproducción, es la élite política y económica la que continúa con la explotación campesina para lograr más territorios para plantar soja. Hoy Paraguay es de los principales exportadores de soja transgénica y no tiene las mismas dimensiones que Argentina. Esto nos da un indicio de lo que es el sistema productivo paraguayo.

– El juicio estuvo repleto de irregularidades, como la falta de pruebas que permitieran argumentar el fallo. Este tipo de anomalías se repitieron durante todo el proceso de investigación, por lo que se convirtieron en una constante más que en hechos aislados. ¿Esto es regular en el Poder Judicial paraguayo? ¿Cómo se lo puede caracterizar?

– Hay que tener en cuenta lo larga que fue la dictadura. Comenzó en 1954 y terminó en 1989. Esto generó una estructuración burocrática y administrativa del Estado. Además, hubo una adaptación de los otros poderes. Lo que queda, a partir de esto, además de parientes de Alfredo Stroessner en el Gobierno o el mismo partido Colorado en el poder, que fue el que lo sostuvo en su momento, es una gran cantidad de mecanismos sociales que se heredaron. De esto se desprende la impunidad,  la injusticia, la revictimización y el hecho de atentar contra la vida de los campesinos. Todo esto es parte de estructuras arraigadas durante la dictadura que se reproducen.

– Una palabra que no deja de aparecer en los reclamos de Justicia es: impunidad. Pareciera ser que este concepto se cuela por todos los espacios. Además, es transversal a distintas instituciones y se articula en un sistema mayor.

– Curuguaty es la consecuencia de una injusta distribución de la tierra. Y también de una clase política y económica que no tienen ningún tipo de problemas en terminar con la vida de un grupo de campesinos. Es interesante analizar la moral cristiana de estos sectores que pueden llegar, sin ningún impedimento, a organizar una masacre de este tipo. Esto tiene que ver con la certeza de impunidad. Y la dictadura hizo mucho por esto, no solo con apropiación de tierras que llevó adelante, sino con esa certeza. Eso fue garantizado durante 35 años. Y la democracia todavía no revirtió ni siquiera de forma superficial.

– Las 17 muertes fueron la antesala de la destitución del ex presidente Fernando Lugo. ¿Crees que fue su discurso lo que despertó una alarma en la clase terrateniente?

– En una entrevista que tuve con Lugo me dijo que sabía lo altamente injusto que era el desarrollo en el país. Durante su gestión no paró de crecer el PBI. Esto quiere decir que era un país en desarrollo. Sin embargo, había una profunda pobreza. Y él sabía que era muy injusto en la distribución de la riqueza. Me contó que al intentar avanzar con esto, su proyecto fue contrariado por el Parlamento y por los mismos propietarios de la tierra.

Esta es una de las características de los poderosos en Paraguay, porque son ellos mismos los que juegan a hacer política. No hay testaferros. Entonces, los senadores poseen tierras. Y si uno mira cómo y de dónde viene el problema en Curuguaty llega a ver rápidamente al Parlamento y llega a la figura de Blas N. Riquelme. Era quien ocupó las tierras para producir y era miembro de uno de los partidos más relevantes de Paraguay. O sea que, el único presidente que vino a hacer las cosas un poquito diferente, o eso es lo que plantea ahora, sabía de las desigualdades pero también conocía de las imposibilidades.  El poder que disfruta de las desigualdades es mucho más fuerte que el de un presidente votado popularmente.

– ¿Fue determinante la figura de Lugo para generar el malestar en los sectores dominantes?

– Era un discurso suave. Lo que sucedió es que las élites no toleran ni una alarma tan suave. Lugo no tenía reivindicaciones de izquierda y ya estaba llegando al final de su mandato. Lo que sucedió no responde a eso como una amenaza. Se puede entender como un deseo de profundizar los negocios. Y esto es algo que efectivamente sucedió con Federico Franco, que fue vicepresidente de Lugo y luego ocupó el cargo de primer mandatario cuando este fue destituido.

Evidentemente Curuguaty y los once campesinos injustamente condenados muestran que la democracia paraguaya tiene muchísimos obstáculos. Pero desde una mirada más regional me preguntaría qué creemos que es la democracia. Y Paraguay tiene una democracia que responde a su historia. Es endeble. Es desequilibrada. Pero, por sobre todo, está asociada al tipo de capitalismo. Entonces, es difícil hablar de democracia sin hablar de capitalismo.

Es necesario entender qué tipo de unidad productiva establece un país para entender qué tipo de democracia existe. Si tenes un país que se sostiene sobre la desigualdad más horrorosa entre los más ricos y los más pobres, donde el 10 por ciento de la población controla el 90 por ciento de las tierras mientras el resto se pelea por lo poco que hay y un Estado que no provee ningún servicio social: ¿Qué lugar hay para una democracia en esas condiciones?

Leandro Alba

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