Medio Oriente

28 julio, 2016

Turquía: golpe a golpe

Casi dos semanas han pasado desde la fallida insurrección lanzada por una facción dentro de las Fuerzas Armadas contra el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan. La estabilidad ha vuelto en un ambiente político enrarecido y avanzan las represalias contra los golpistas y aquellos señalados como sus simpatizantes.

Casi dos semanas han pasado desde la fallida insurrección lanzada por una facción dentro de las Fuerzas Armadas contra el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan. La estabilidad ha vuelto en un ambiente político enrarecido y avanzan las represalias contra los golpistas y aquellos señalados como sus simpatizantes. Tras declarar el estado de emergencia por tres meses, el panorama se muestra poco optimista mientras se fortalece el rostro autoritario del gobierno turco.

El gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) del presidente Erdogan se ha mostrado sumamente capaz de convertir la crisis en oportunidad. La improvisación que signó la acción de los golpistas ha dejado a los analistas debatiendo. Pero más importante aún, ¿qué vendrá después?

Nombre clave: Ergenekon, de la democracia tutelada…

Aunque los golpes de Estado parecían cosa del pasado en la República de Turquía, el rol de los militares sobre la vida social y política del país tiene un peso central. Desde el retorno a la democracia en 1983, los gobiernos civiles se desarrollaron enormemente condicionados en sus decisiones bajo la tutela del Consejo de Seguridad Supremo, órgano que expresaba la opinión de los altos mandos militares. Los posicionamientos y memorándums emitidos por esta institución han sido capaces incluso de llevar al desplazamiento de jefes de gobierno.

La relación compleja y siempre en tensión entre civiles y militares avanzó de la mano del otro gran debate que atraviesa a la sociedad turca: aquel entre partidarios de un modelo que siga las bases seculares sobre las que se fundó el país (a menudo llamados “kemalistas”, por el prócer turco Mustafá Kemal Atatürk) y quienes promueven un giro hacia una mayor islamización. Los primeros históricamente han sido fuertes en órganos clave del Estado como el Poder Judicial o las FFAA en antagonismo directo con el gobierno islamista del AKP.

Todo ello cambio con el gran escándalo de 2008 conocido como “Ergenekon”. Con este nombre se denominó a una red clandestina que incluía a oficiales militares, funcionarios civiles, académicos y periodistas complotados para promover la caída del gobierno del AKP.

La filtración de documentos y los testimonios que llevaron a la luz a esta organización condujeron a un gigantesco proceso judicial con su respectiva oleada de procesamientos y detenciones de figuras opositoras.

Sin embargo los procedimientos legales estuvieron llenos de irregularidades entre las que se han denunciado testimonios y pruebas falsificadas así como enormes presiones políticas sobre las autoridades encargadas de las investigaciones. Ello permitió al gobierno diezmar las filas de los kemalistas y posicionar aliados en instituciones que hasta entonces se habían mostrado impermeables a su influencia.

Teniendo en cuenta esta línea histórica, los hechos del 15 de julio parecen haber sellado por el momento la disputa entre poderes y sectores sociales a favor del gobierno de Erdogan.

… a la democracia autoritaria o “¿la casa está en orden?”

El 20 de julio, el gobierno anunció junto al Consejo de Seguridad Nacional la decisión de proclamar el estado de emergencia para todo el país por el plazo de tres meses. Con ello, las autoridades se arrojan el poder de incrementar el control y las restricciones sobre derechos y libertades básicas. Para el 28 de julio se reportaron cerca de 16 mil personas detenidas entre civiles y militares.

Entre los militares detenidos tras el golpe se encuentran 163 generales y almirantes, lo que representa un 40% de los altos mandos. El gobierno también ha dispuesto la reorganización y cierre de buena parte del cuerpo de academias militares. El control sobre la gendarmería y la prefectura ha pasado bajo la órbita del Ministerio de Interior con el fin de afianzar el control político sobre el aparato de seguridad.

Cerca de 50 mil empleados públicos han sido desplazados de sus puestos. De estos, 15 mil corresponden al Ministerio de Educación. Cuatro rectores han sido suspendidos en medio de una renuncia masiva de decanos y el personal académico ha recibido la prohibición de salir del país.

Además se ha levantado la inmunidad legal dada a representantes parlamentarios, habilitando la posibilidad de procesar y detener a congresistas en funciones.

Después del masivo desplazamiento de jueces y fiscales (unos 2745) la primera semana post golpe, ha tocado el turno del periodismo: tres agencias de noticias, 16 canales de televisión, 23 estaciones de radio, 45 diarios, 15 revistas y 29 editoriales han recibido la orden de cierre. También se emitió el pedido de arresto para unos 45 trabajadores de prensa.

Esta purga masiva se ha dirigido contra aquellos marcados como afines al influyente teólogo y dirigente político Fetullah Gulen, cuyo movimiento es acusado por el gobierno como principal instigador del golpe.

Enemigos íntimos: Gulen y la serpiente de muchas cabezas

El enemigo público n°1 señalado por Erdogan como la mente maestra detrás del golpe es Fetullah Gulen. Teólogo y predicador islamista que vive en un exilio auto impuesto en EEUU desde 1999, es descrito como el líder de un movimiento que alcanza sectores del mundo empresarial, académico, militar y de la burocracia del Estado tanto dentro como fuera de Turquía.

Promotor de una concepción más progresista y modernizadora del Islam que el gobierno conservador de Erdogan, Gulen construyó su influencia apoyándose en el desarrollo de una vasta red de instituciones educativas, de beneficencia y medio de comunicación desde que comenzó predicando en los años ’70. Aunque enfrentados en una disputa a la vez política e ideológica, ambos líderes construyeron una alianza táctica ante un enemigo común como las FFAA y los sectores políticos seculares. Sectores “gulenistas” en la Justicia fueron instrumentales en el caso Ergenekon y en la reorganización del Estado que siguió a este.

Pero una vez terminada la amenaza, la alianza se deterioró hasta acabar en el enfrentamiento directo, cuando medios de comunicación gulenistas acabaron por destapar un enorme escándalo de corrupción que involucraba a altos funcionarios y figuras del AKP. Hoy parece que el turno ha llegado para Gulen y sus seguidores, acusados de haber montado un “Estado paralelo” en el país.

Perduran aún las dudas acerca de cuáles son las razones y autores detrás del intento de golpe de Estado. Pero si algo queda claro es que el gobierno del presidente Erdogan ha redoblado la apuesta por concentrar el poder político yendo esta vez contra aquellos sectores que representan un obstáculo dentro y fuera de las instituciones.

Julián Aguirre – @julianlomje

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