Nacionales

22 junio, 2016

Sentencia en el juicio por el incendio del taller textil de Luis Viale

Este martes el Tribunal Oral en lo Criminal 5 de Capital Federal condenó a 13 años de prisión efectiva a los dos capataces del taller textil clandestino de la calle Luis Viale. El 30 de marzo de 2006 el taller se incendió y perdieron la vida cinco niños y una mujer embarazada.

Este martes el Tribunal Oral en lo Criminal 5 de Capital Federal condenó a 13 años de prisión efectiva a los dos capataces del taller textil clandestino de la calle Luis Viale. El 30 de marzo de 2006 el taller se incendió y perdieron la vida cinco niños y una mujer embarazada.

Luego de un proceso judicial que llevó diez años, el 18 de abril pasado tuvo lugar la primera audiencia del juicio oral y público que concluyó este martes con las últimas palabras de los imputados y el veredicto del tribunal. Los jueces Rafael Alejandro Oliden, Adrián Pérez Lance y Fátima Ángela Ruiz López resolvieron condenar a Juan Manuel Correa y Luis Sillerico Condorí como coautores penalmente responsables del delito de reducción a la servidumbre en concurso ideal con estrago culposo seguido de muerte.

El fallo también ordenó que se continúe con la investigación para evaluar las responsabilidades de los propietarios de la fábrica,  Daniel Alberto Fischberg y Jaime Abraham Geiler, además de indagar la posible comisión de delito por parte de Inspectores de la Ciudad de Buenos Aires y del personal de la Policía Federal.

Si bien la querella había solicitado en la jornada de alegatos una condena de 20 años de prisión para los imputados, la doctora Myriam Carsen y el doctor Gabriel Chamorro expresaron su conformidad por el fallo. Al finalizar la lectura del veredicto, Carsen afirmó que no había motivos para festejar debido a la tristeza de los hechos ocurridos, y  agradeció el trabajo del fiscal Fabián Céliz por el compromiso con la investigación.

Durante el desarrollo del juicio el tribunal hizo lugar al requerimiento presentado por el fiscal para que se amplíe la acusación y, además de determinar la responsabilidad por el incendio, se incorpore el delito de reducción a la servidumbre. Este giro que tomó la causa permitió que el fallo que se conoció en el día de ayer habilite a la justicia para citar a los dueños de las marcas que, hasta ahora, no estuvieron involucrados en la investigación y tampoco fueron llamados a declarar.

En el transcurso de estos diez años la causa pasó por diferentes juzgados y dos intentos de juicios abreviados que dejó de lado a las víctimas y las querellas. Tal como lo señaló Gabriel Chamorro, abogado de la querella, incluso durante la instancia de este juicio oral las defensas pidieron la nulidad por considerar el expediente prescripto. Y agregó: “Hace diez años que venimos planteando esto y en cierta medida nos delimitaron el objeto procesal, nos lo recortaron. En su momento nosotros también queríamos investigar a los inspectores, la unidad polivalente del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Secretaría de Control Comunal, los dueños del taller y desde el primer día tuvimos este tipo de impedimentos». «Después de diez años, ahora se abre la posibilidad de seguir la investigación contra Fischberg y Geiler”, sumó.

La inspección ocular realizada por los jueces en el taller y los testimonios de los sobrevivientes permitieron probar las condiciones en las que vivían y trabajaban las 67 personas, en su mayoría provenientes de Bolivia. Jornadas que comenzaban a las seis de la mañana y terminaban a las dos de la madrugada. Sueldos que eran la cuarta parte de un salario correspondiente a una jornada de ocho horas y que nunca se pagaban a la fecha prometida. En la planta baja estaban las máquinas y un baño con una sola ducha sin agua caliente. Arriba dormían adultos y menores separados por telas y tabiques.

Desde el Colectivo Simbiosis Cultural se solía describir esta forma de vida que llevaban los migrantes bolivianos como un esfuerzo que era “por un tiempito nomás”. Un tiempito para establecerse en la ciudad que les prometía mejorar las condiciones de vida que tenían en su tierra de origen. Pero ese tiempito se terminaba extendiendo, la imposibilidad de cobrar a término implicaba, en algunos casos, no poder pagar por una habitación alquilada entonces el taller se volvía un lugar para vivir y estar con los niños. “Vivían en condiciones en las que nadie elige vivir, en las que se vive cuando no hay más remedio”, afirmó la abogada Myriam Carsen.

Luis Fernando Rodríguez, querellante, sobreviviente y padre de Harry, el niño de tres años que falleció en el incendio, solía contar una y otra vez a la prensa las condiciones en las que vivían y trabajaban. Relató durante diez años cómo ocurrió el incendio, el intento por salvar a los niños, los matafuegos que no funcionaban y la llegada tarde de los bomberos en la tarde del 30 de marzo de 2006. También comentó sobre esas tres oportunidades en las que vio a los inspectores del gobierno porteño presentarse en el taller. “Los capataces nos hacían que nos ocultemos en el galpón y nos apagaban todas las luces y lo arreglaban todo en una oficina que estaba entrando a unos pasos de la puerta”, recordaba Rodríguez.

Con el desarrollo de las audiencias se pudieron aportar elementos que daban cuenta de la reducción a la servidumbre y, tal como lo expresaron la querella y el fiscal, era imposible pensar que una tragedia como la que ocurrió no fuera a suceder. Ni los capataces ni los dueños podrían ignorar las condiciones de habilitación, de hacinamiento y de la precariedad del tendido eléctrico.

La tarde del 30 de marzo de 2006 un cortocircuito provocó el incendio del taller textil de la calle Luis Viale. Allí murieron Harry Rodríguez de tres años, Rodrigo Quispe Carabajal y Luis Quispe de cuatro, Elías Carabajal de diez, Wilfredo Quispe Mendoza de quince y una mujer embarazada, Juana Vilca de 25 años de edad.

Este martes, entre quienes fueron a manifestar su apoyo a familiares y sobrevivientes del incendio de Luis Viale, se encontraba Esteban Mur, padre de Rodrigo y Rolando, los dos niños que murieron en abril de 2015 en el taller textil clandestino la calle Páez 2796 en el barrio de Flores.

No se puede pensar los incendios de los talleres de Luis Viale y Páez sólo como un accidente, ni como algo que afecta sólo a la comunidad migrante. Estos diez años pusieron de relieve el modo de producción que esconde buena parte de las prendas que se comercializan en el mercado.

María Eugenia Waldhüter

Foto: SubCoop

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