América Latina

22 junio, 2016

Brasil: entre la corrupción y el plebiscito electoral

El debate sobre la realización de un plebiscito para adelantar las elecciones presidenciales en Brasil atraviesa a todas las fuerzas políticas del país. Mientras, los escándalos de corrupción en el gabinete del presidente interino Michel Temer continúan poniendo en jaque la legitimidad de su gobierno.

El debate sobre la realización de un plebiscito para adelantar las elecciones presidenciales en Brasil atraviesa a todas las fuerzas políticas del país. Mientras, los escándalos de corrupción en el gabinete del presidente interino Michel Temer continúan poniendo en jaque la legitimidad de su gobierno.

El pasado 10 de junio la presidenta Dilma Rousseff manifestó su posición de realizar un plebiscito para consultar a la población sobre el adelanto de las elecciones presidenciales. En una entrevista para el canal de televisión TV Brasil, dijo: «Sólo hay un camino, que se llame a un plebiscito y que el pueblo decida». La presidenta constitucional se encuentra apartada de su cargo desde pasado 12 de mayo, mientras en el Senado se realiza un juicio político en su contra.

Sin embargo, las posiciones de los partidos políticos y organizaciones populares que han apoyado la gestión de Rousseff, son divergentes. Un sector del Partido de los Trabajadores (PT), al cual pertenece Rousseff, ya había adelantado esta posición a principios del mes de mayo, antes de la suspensión de la presidenta.

Como afirma el artículo “¿Qué piensa la izquierda sobre un plebiscito para nuevas elecciones en Brasil?” publicado en Brasil de Fato, los movimientos populares y partidos brasileños aún no establecieron consensos sobre la propuesta de nuevas elecciones.

El Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) expresó que la propuesta de realizar nuevas elecciones legitima el golpe de Estado, mientras que Ricardo Gebrim, dirigente de la Consulta Popular, manifestó que esa iniciativa desmoviliza a la sociedad.

Ambas organizaciones coinciden en que una propuesta de este tipo refleja una “conciliación” entre fuerzas políticas que se encuentran en crisis y que legitima el accionar golpista de la derecha brasileña. Gebrim, que es abogado, agregó que “una de las cláusulas pétreas de la Constitución, que es fija, es la periodicidad electoral. Entonces está implícito que no podemos acortar mandatos. El Supremo Tribunal Federal puede recibir medidas judiciales que busquen impedir la tramitación de enmiendas que van en ese sentido”.

En el Congreso, la propuesta de convocar a un plebiscito para un posible adelantamiento de las elecciones presidenciales es encabezada por el senador Roberto Requião del Partido del Movimiento Democrático por Brasil (PDMB). Requião sostiene que al menos treinta senadores vienen manteniendo diálogos en torno a esta propuesta y considera que la única alternativa es la negociación entre partidos hacia una “reforma política”. Según su mirada, esta reforma deberá abordar la problemática que genera la existencia de 35 partidos para la formación de un gobierno de coalición, que considera como la necesaria salida de la crisis política que atraviesa actualmente el país.

Por su parte, el ex presidente Inácio Lula Da Silva, participó del lanzamiento de candidaturas del Partido Comunista do Brasil (PCdoB) en Rio de Janeiro, de cara a las elecciones municipales de octubre. Lula manifestó que estas elecciones implican “comenzar una nueva experiencia política en Brasil” ya que no habrá financiamiento empresarial en las campañas.

Aunque Lula no se ha manifestado fuertemente al respecto, distintos medios han sostenido desde el mes de abril la existencia de diálogos con distintos líderes de otros partidos políticos en el Congreso, entre ellos, el presidente del Senado, Renan Calheiros (PMDB). Lula es el líder político brasileño que mantiene la intención de voto más alta con el 30% del apoyo de los electores.

En la misma línea, el sociólogo Emir Sader apoya la propuesta de realizar un plebiscito, entendiendo que es la única manera de derrotar a los golpistas y salir de la crisis política brasileña. En el artículo “La salida democrática”, publicada en Página 12 el 18 de junio, Sader afirma que con el avance de la propuesta del plebiscito: “Se vislumbra así una vía de derrota de los golpistas en el Senado, en caso de que la propuesta del plebiscito agregue a senadores en número suficiente para impedir que el golpe vuelva a tener dos tercios de los votos, lo cual permitiría el retorno de Dilma a la presidencia y la convocatoria del plebiscito, que tendría que ser aprobada por el Congreso”.

La corrupción acecha a Temer

Por otro lado, Michel Temer enfrenta un nuevo escándalo con un ministro de su gabinete. En este caso, se trata del ministro de Educación y Cultura, Mendonça Filho. Filho está siendo investigado por el fiscal general Rodrigo Janot por recibir 29 mil dólares de forma ilegal para financiar su reelección legislativa de 2014. Si es hallado culpable, deberá renunciar, siendo el cuarto ministro de Temer en tener que hacerlo por un escándalo de corrupción, en apenas cuarenta días de gestión.

Las investigaciones judiciales por los casos de corrupción con la estatal Petrobras también incluyen a Temer. Aunque cuenta con el apoyo de los grandes medios brasileños, el presidente interino lleva adelante una fuerte actividad en las redes sociales con el objetivo de evitar la atención sobre los casos de corrupción. Es así como en el día 21 de junio publicó en su cuenta Twitter @MichelTemer un mensaje en el que menciona por primera vez la existencia de un golpe de Estado:

(«Ella no está en el ejercicio de la Presidencia, por lo tanto no tiene actividades de naturaleza gubernamental». «Y además de eso, por lo que sé, la señora presidente utiliza el avión, o lo utilizaría, para hacer campaña denunciando el golpe»).

En este contexto, las movilizaciones populares se sostienen, aunque prima la indiferencia en la mayor parte de la sociedad brasileña. A menos de cuarenta días del inicio de los Juegos Olímpicos, que se realizarán en Rio de Janeiro entre el 5 y el 20 de agosto, la crisis política brasileña abre un debate que atraviesa al continente en su conjunto: la recomposición institucional con los partidos conservadores impuesta desde arriba o la construcción de un proyecto de unidad entre los sectores populares.

Micaela Ryan – @LaMicaRyan

Foto: El Salvador

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