Deportes

5 junio, 2016

Cinco peleas inolvidables para despedir al más grande

Por Kike Ferrari. Lo que no pudo en ocho rounds históricos George Foreman,  lo que no consiguió Joe Frazier en tres peleas tremendas, lo logró después de una batalla de muchos años, el mal de Parkinson. Este 3 de junio, a los 74 años, murió Muhammad Alí, el mejor boxeador de todos los tiempos.

Lo que no pudo en ocho rounds históricos George Foreman,  lo que no consiguió -pese a intentarlo denodadamente durante tres peleas- Joe Frazier, lo logró después de una batalla de muchos años, el mal de Parkinson. El 3 de junio, a los 74 años, murió producto de un choque séptico Muhammad Alí, el mejor boxeador de todos los tiempos, más allá de toda duda.

Como escribieron en la página oficial de su histórico rival, el también fallecido Joe Frazier: Alí peleó en una época de grandísimos pesos pesados y fue, entre ellos, el más grande.

Va a haber en estos días montones de notas hablando del Alí social: el militante de los Musulmanes Negros, el seguidor de Malcom X, el que se negó a ir a Vietnam, el que enfrentó al Imperio. Hay también, aunque no vayamos a ser muchos los que lo mencionemos, otro Alí, un Alí racista hasta el punto de ir a una reunión del KKK a proponerles un frente único contra las parejas interraciales, un machista misógino que hablaba de sus hijas mujeres como un error, un ingrato que basureaba e insultaba con mentiras a colegas que lo habían apoyado pública y económicamente cuando estuvo suspendido como boxeador, un hipócrita que acusaba de Tío Tom a cada boxeador negro con el que se enfrentaba aunque él fuera el único que tenía en su rincón -y dándole órdenes- a un hombre blanco.

Acá no vamos a hablar ni de uno ni del otro, sino de aquél que realmente importa: el que flotaba como una mariposa y picaba como una avispa.

Alí tenía todo lo que hay que tener arriba de un ring: el estado físico, el talento, la técnica, la inteligencia, la resistencia, el coraje. Y la personalidad. Sabía pegar con precisión y potencia tanto entrando como saliendo y esto último, lo sabe cualquiera que conozca este deporte, es dificilísimo. Y también sabía golpear tanto arriba como abajo del cuadrilátero. Era picante con los puños y con las declaraciones, letal con sus combinaciones de golpes y con sus estrategias de marketing. Era, en definitiva, todo lo que el boxeo, como deporte y como negocio, puede desear de un púgil.

Si te gusta el boxeo deberías ver todas sus peleas, de principio a fin. Cada una, incluso las del patético final, es una clase clase magistral. Acá repasaremos cinco que, por distintas razones, sirven para dimensionarlo.

Contra Sonny Liston. Miami, 1964.

Después de perseguir al entonces campeón Sonny Liston -el boxeador preferido de Mike Tyson, un tipo duro y brutal incluso para los estándares del boxeo, con ostensibles contactos con la mafia- por medio EE.UU., insultándolo y atosigándolo (una noche de casino un Liston sacado intentó matarlo con un revólver), un Cassius Clay de 22 años le pegó hasta obligarlo a abandonar al finalizar el sexto round.

Dice el luchador irlandés de MMA Conor McGregor que la precisión vence a la potencia: Liston-Clay es un inmejorable ejemplo de esta sentencia.

Esa noche, ya campeón del mundo, Cassius Clay anunció al mundo que pasaba a ser Cassius X y unos días después tomaría su nombre definitivo: Muhammad Alí.

 

Contra Ken Norton. California, 1973.

Esta no es una de sus mejores peleas. De hecho la perdió. Para peor: por puntos, en 12 rounds. Pero da cuenta de una las facetas de Alí de las que menos se habla: su capacidad para absorber castigo y su enorme coraje. A mitad del segundo round una derecha cruzada de Norton lo va a encontrar de lleno: Alí va a pelear todo lo que resta del combate -10 rounds y medio, más de 30 minutos- con la mandíbula rota. Pero va a perder de pie. Y golpeando.

 

Contra George Foreman. Kinsasa, 1974.

Foreman era indestructible y tenía una piña que tiraba paredes. La estrategia de Alí consistió en  -además de llevar la pelea a Zaire, donde sería amplio favorito- aflojar las cuerdas  para poder recostarse (su entrenador, Angelo Dundee, lo hacía aprovechando que todo el estaba mirando como Alí dirigía a la multitud que cantaba Alí Bumma Ye -Alí, matalo-) y quedar lejos del poder de fuego de Foreman para aguantar tantos golpes como pudiera hasta que éste se cansara y entonces, cuando estuviera fatigado y lento, liquidarlo con una ráfaga. Y exactamente así sucedió todo. Fue KO, en el  8vo. Una belleza.

 

Contra Joe Frazier. Ciudad Quezón, 1975.

En realidad fueron tres y las tres fueron grandes peleas. Alí nunca hubiera sido lo que fue sin Frazier, Smoking Joe fue su némesis y su medida. “El mejor boxeador del mundo después de mí”, dirá Alí al finalizar la pelea.

Decíamos que hubo tres peleas. La primera la ganó Frazier por puntos, después de dejarlo todo desparramado en el round 15 con un endiablado gancho de izquierda. La revancha fue de Alí. Pero lo mejor estaba por venir.

Thrilla en Manilla, la tercera de la saga entre estos dos monstruos, fue quizá la pelea más emocionante y brutal de la historia de todos los deportes de combate. Catorce rounds bestiales entre dos boxeadores de características muy distintas, pero perfectos cada uno a su manera.

Antes del último asalto el rincón de Frazier, que estaba aeróbicamente más entero pero mucho más golpeado y tenía los dos ojos cerrados, decidió, pese a sus ruegos, que no saliera. Dundee vio que Smoking Joe iba a abandonar y, en la otra esquina, le pidió a un Alí que apenas podía estar sentado, que aunque sea se pusiera de pie. Fue ganar y derrumbarse: “Fue lo más parecido a la muerte. Gracias a Dios terminó, Joe, ahora somos libres”, balbuceó Alí, ganador, arrodillado en el ring.

 

Contra Richard Dunn. Berlín, 1976

Esta pelea no merece un lugar salvo porque sirve de muestra de Alí como un boxeador total. Un tipo que corría decenas de kilómetros diarios, entrenaba bajo el agua para ganar velocidad, hacía horas y horas de sparring incluso cuando faltaba mucho para su próximo combate, pero además estaba todo el tiempo ávido por aprender y agregar nuevas técnicas a su ya de de por sí extraordinario bagaje. Fue en esa búsqueda que empezó a entrenar Taekwon-do con el Gran Maestro Jhoon Rhee. “Me enseñó el accu-punch, que es un puñetazo tan rápido que apenas lo podés ver”, dijo Alí. Y debía ser cierto, o al menos lo fue para el campeón británico Richard Dunn, a quien mandó a la lona en el quinto round con ese golpe, en el que sería uno de los mejores KO de su carrera.

 

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