Batalla de Ideas

2 junio, 2016

Nuestro #NiUnaMenos y los de América Latina

Por Mariel Martínez. Una nueva convocatoria contra la violencia de género y los femicidios que replica en todo el continente. Nos siguen matando y aunque el tema ya es parte de la agenda social y mediática, políticamente no hay respuestas. La derecha intenta avanzar sobre nuestras libertades.

Por Mariel Martínez. Fue un caso puntual el que el año pasado hizo estallar la furia social que pudo organizarse en nuestro país alrededor de la convocatoria del Ni una menos: Chiara Paéz, de 14 años, había sido asesinada por su novio en la provincia de Santa Fe. Esas semanas -como muchas de antes y muchas de ahora- habían sido el escenario temporal de varios casos de femicidios. Mujeres, pibas, niñas violentadas y muertas por sus parejas o sus ex parejas, o sus familiares, o algún desconocido que se creyó en el divino derecho de mutilar, de penetrar, de asesinar.

El sacudón social que la convocatoria generó hizo que nadie se quisiera quedar afuera. La consigna recorrió debates televisivos, figuras públicas, feministas convencidas, mujeres sensibilizadas y hasta machos cabríos. Quién podía decir que no ante el reclamo básico de miles: vivir.

Claro que no hay ninguna modificación que sea mágica. Si lo sabremos nosotras, sistemáticamente acusadas de brujas. De hecho el 2015, año inaugural del Ni Una Menos, se despidió con 286 femicidios en su haber. En lo que va del 2016 contamos más de 66 mujeres asesinadas, con tres últimos casos de estrangulamiento a niñas de 12 años.

Repetimos varias veces una verdad difícil. Nos no matan enfermos ni anómalos. Nos violan y nos asesinan hombres de carne y hueso que aprendieron bien la lección: las mujeres son objetos para el placer y el consumo. Son putas, son mucamas, culos piropeables. Son cosas con pollera y tacos. Son las que te buscan. Las que te piden hasta cuando te dicen que no. Casi que ni son.

Pero aunque difícil y repetida hasta el hartazgo, a nuestro mundo esta verdad le cuesta. ¿Será porque asumiéndola asumiría también una necesidad de cambio profundo? ¿De crisis? ¿Será porque asumiéndola asumiría también su propia destrucción?

Mujeres en América Latina

Esta semana las calles de Brasil se llenaron de personas, fundamentalmente mujeres, que se manifestaron en contra de la cultura de la violación. Los últimos días de mayo un video se había difundido por las redes sociales. En él se mostraba a una joven de 16 años desmayada, inconsciente, drogada, violada por más de 30 hombres. Seres humanos (¿Treinta enfermos? ¿Treinta locos?).

Ante tremendo ultraje no había forma de no reaccionar. Porque las mujeres brasileñas saben, como sabemos otras tantas mujeres del mundo, que ninguna está exenta de vivir esta experiencia de muerte, más allá de que se sobreviva. Lo demás, lo de siempre: algunos pensadores que piensan con el pene hablaron de orgía, otros solicitaron jocosamente el video; el interrogatorio policial a la víctima incluyó las esperadas preguntas culpabilizadoras: ¿qué hacía señorita usted allí? ¿Ha tenido “sexo grupal” antes?

En Brasil sucedió. Allí donde hace menos de un mes ocurrió un golpe de Estado. El nuevo gabinete de la derecha golpista casi no incluye mujeres ni afrodescendientes en un país donde ambos son mayoría. En palabras del diputado Jean Wyllys, una farsa sexista. Michel Temer, nuevo presidente, tomó medidas drásticas ante el desgarrador caso de violación: realizó una reunión.

En Perú, en cambio, este domingo hay elecciones para elegir el futuro presidente entre dos candidatos. Uno de ellos es mujer: Keiko Fujimori, favorita de la derecha y la reacción.  Miles de mujeres con el torso desnudo caminaron la semana pasada por las calles del país recordando a los amnésicos voluntarios la política de su padre, Alberto Fujimori, de la que ella es tributaria y heredera: entre los años 1996 y 2000, alrededor de 200 mil mujeres pobres, campesinas, fueron esterilizadas forzosamente. Es decir sin su decisión ni su consentimiento. “Somos las hijas de las campesinas que no pudiste esterilizar”, coreaban las manifestantes. En sus cuerpos dibujaban úteros. Temidos son los úteros por la derecha. Temida la posibilidad de vida.

El 24 de abril pasado en más de 40 estados de México multitudes de mujeres se movilizaron al grito de “vivas nos queremos”. Nuevamente, la gota que rebalsó el vaso fue la evidencia de varias mujeres muertas. Entonces se marchó para denunciar y exigir. Denuncias y exigencias a un gobierno que puso escollos una y otra vez para declarar, en algunos estados, un alerta de violencia de género que resulta a toda vista insuficiente y protocolar. “Estamos aquí, frente a la historia reciente de México, para gritar (…) a este Estado fallido e indolentemente feminicida, que nos reconoce como sujetas fiscales, como mano de obra, como capital intelectual y manual para acrecentar su riqueza, pero nos desconoce como personas, que nos quita la identidad en todos los sentidos, condenándonos a una fosa común en la historia”.

Se podría seguir recorriendo los dolores más recientes de los países de América Latina para comprobar una verdad que para nosotras es tan material como nuestro cuerpo. Lo personal es, siempre, político. La perpetuación de un sistema de dominación patriarcal y femicida es, siempre, una política de Estado.

En nuestro país el reciente gobierno de Cambiemos, además de generar inflación y desempleo -y sabemos con qué perversas particularidades afecta la pobreza a las mujeres-  en tiempo récord, vació, desmanteló o cerró casi todos los programas estatales destinados a proteger a la población femenina y pobre. El presidente Mauricio Macri declaraba en 2014 que a las mujeres les encanta que les digan cosas en la calle, aunque ellas digan que no, y aunque se les arrojen guarangadas. Hoy suma su apoyo público a la convocatoria del Ni una menos.

Y claro, qué va a hacer, sabe que si no queda un poco mal. Keiko Fujimori también se corre de la figura su padre porque queda mal; declara que “evaluará las cifras” para reparar a las víctimas de los delitos del Estado. El presidente de México se indigna por Twitter ante los femicidios porque no quiere quedar mal. Para no quedar mal, el presidente de Brasil organiza una reunión de urgencia.

Pero a nosotras, las que ponemos las muertas, no nos alcanza ni nos importa cómo quede nadie. Porque las que quedamos desgarradas somos siempre nosotras. Nos no alcanzan las reuniones urgentes, las alertas mentirosas ni los hashtag de ocasión.  No nos alcanzan las declaraciones de intenciones ni las indignaciones de té con limón.

Nos queremos vivas en toda Latinoamérica, que es una y que también es mujer y que tiene más fuerza que todos los señores de traje que gobiernan los pedazos en los que fue dividida. Que todos los hijos sanos del patriarcado que con diferentes acentos nos violan y nos matan. Que todos los temerosos que ven en nuestra fuerza colectiva la necesidad de cuidarse el pito.

Porque se cuidan. Se cuidan los machistas. Porque América Latina va a ser toda feminista.

@Mariel_mzc

Foto: Fabiana Montenegro

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