Géneros

1 junio, 2016

ESI: pensar la sexualidad más allá de la intimidad

A días del próximo Ni Una Menos, y con el Día de Acción por la Salud de las Mujeres en la espalda el movimiento de mujeres alza la voz pidiendo libertad para «Belén» y exigiendo la legalidad del aborto. ¿Cómo pensar una política que garantice la protección de las mujeres desde una Educación Sexual Integral?

A días del próximo Ni Una Menos, y con el Día de Acción por la Salud de las Mujeres en la espalda el movimiento de mujeres alza la voz pidiendo libertad para «Belén» y exigiendo la legalidad del aborto. ¿Cómo pensar una política que garantice la protección de las mujeres desde una Educación Sexual Integral?

El reclamo de este nuevo “Ni Una Menos” en las calles de todo el país sostiene que las muertes de las mujeres en manos de la violencia machista tiene raíces profundas al interior de nuestra sociedad. Comprende que el extremo del femicidio se va alimentando primero de otras violencias, no sólo entre el varón y la mujer, sino también desde el Estado y la falta de políticas públicas que garanticen la protección y el cumplimiento de los derechos de las mujeres.

Aborto legal, seguro y gratuito, presupuesto para el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (y su no vaciamiento), y educación sexual en todas las instituciones educativas para concientizar tanto a mujeres como a varones. En este sentido, el cumplimiento del programa de Educación Sexual Integral (ESI, ley 26.150) vigente desde 2006 es fundamental para “procurar  igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y varones”, según dicta uno de sus objetivos. La clave está en que desde la enseñanza escolar de los y las jóvenes se promueva la equidad de género y se formen mentes libres de prejuicios.

Una de las integrantes del programa ESI del Ministerio de Educación de la Nación dijo a Notas que “se han incluido en los contenidos de enseñanza obligatoria cuestiones vinculadas al cuestionamiento de estereotipos de género, la prevención de la violencia en el noviazgo y el empoderamiento de las mujeres en relación a sus derechos sexuales y reproductivos, entre otros”. Se vuelve fundamental entonces la formación de los docentes para llevar a cabo esta tarea,  como así también desarrollar “acciones de sensibilización” para que desde las escuelas no reproduzcan la inequidad, por un lado, y puedan neutralizarla en caso de identificarla, por otro.

Desde la aplicación del Programa se ha logrado una gran cobertura de escuelas capacitadas que incluyó también distribución de material y un alto grado de visibilización del derecho a la educación sexual. De cara al futuro, los desafíos tienen que ver con fortalecer un enfoque más integral y desarrollar estrategias de seguimiento y monitoreo a las escuelas. Desde el Programa declararon que “la actual gestión ha manifestado interés en continuar con las acciones. No hemos sufrido bajas en el equipo hasta el momento aunque sí se ha reducido el presupuesto que se enviará a las provincias, ya que en términos generales se enviará la misma cifra del año pasado». «También se ha anunciado un límite en relación a la producción y distribución de materiales”, contaron.

De la educación sexual al aborto

La problemática de la interrupción voluntaria del embarazo no puede concebirse sin una ley de Educación Sexual Integral, están mutuamente relacionadas como insiste la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Uno de los objetivos de la ley hace referencia a «prevenir los problemas de salud en general y de salud sexual y reproductiva en particular». De este objetivo se desprendió como un contenido específico para la educación secundaria, «el tratamiento del aborto como problema de salud, ético, moral y jurídico».

En este contexto, la concientización sobre la reproducción saludable y los métodos anticonceptivos juegan un rol más que importante. La inclusión de contenidos vinculados al aborto “permitió hasta el año pasado orientar a los docentes sobre cómo abordar la temática, y sobre la importancia de que la escuela trabaje exhaustivamente los contenidos necesarios en términos de conocimiento de uso de métodos anticonceptivos, empoderamiento de las mujeres para no ceder ante presiones de parejas, y el conocimiento del derecho a la ILE (Interrupción Legal del Embarazo) en casos de violación o riesgo de salud de la madre”, explican desde el programa de ESI.

La no implementación en CABA

Las provincias en las que menos se ha avanzado son San Juan, Santiago del Estero, Tucumán y la Ciudad de Buenos Aires, la cual en ninguno de los mandatos de Mauricio Macri como jefe de gobierno, ni ahora durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta implementó el Programa de manera oficial.

A finales del año pasado se realizó en el Parlamento de las Mujeres la primera “Jornada por el cumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, en la cual diferentes autoridades y referentes en la temática debatieron sobre la importancia de la aplicación de la ley.

Mirta Marino, la coordinadora del Programa, resaltó en esa Jornada que “el derecho a la educación sexual integral es un derecho muy amplio y trae de la mano otros derechos como el de la identidad de género, a poder pensar a las escuelas como espacio de fortalecimiento, de equidad». «Es también», dijo, «el derecho a recibir información adecuada y veraz, a poder expresar emociones y sentimientos, a contar con personas adultas que las y los acompañen cuando otros derechos son vulnerados, en situaciones de abuso, de maltrato». Y apunto: «Que no haya educación sexual integral quiere decir que hay muchos derechos que se están vulnerando”.

Por su parte, Graciela Morgade, doctora en Educación y decana de la Facultad de Filosofía y Letras, reflexionó sobre la dificultad de abordar la sexualidad como una política pública y una problemática social: “El silencio es lo omitido». «Es lo que sistemáticamente no queremos abordar, y de alguna manera se decodifica como lo privado, lo vergonzoso, como ese pudor que en realidad es un pudor socialmente construido, que suele ser el ocultamiento de formas de violencia, y no como una construcción de la intimidad y del deseo», desarrolló. «Este silencio sistemático en las escuelas obviamente tiene que ver con la falta de políticas de formación sistemáticas, de políticas de capacitación docente, de incorporación en los institutos de formación docente”, concluyó la especialista.

Rocío Varela – @rociovarelac

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