Fútbol

31 mayo, 2016

Simeone: reflexiones sobre el éxito y el fracaso

Tras la derrota en la final de la UEFA Champions League ante el Real Madrid, Diego Simeone enunció dos frases bien coherentes con el mensaje que suele transmitir: “Del segundo no se acuerda nadie” y “perder dos finales es un fracaso”.

Tras la derrota el sábado en la final de la UEFA Champions League ante el Real Madrid, Diego Pablo Simeone enunció dos frases bien coherentes con el mensaje que suele transmitir tanto públicamente como al interior de los planteles que dirige: “Del segundo no se acuerda nadie” y “perder dos finales es un fracaso”.

Hay que reconocerle algo al Cholo, no podía decir otra cosa. Una frase del estilo “dejamos todo pero no pudo ser” (aunque algo deslizó en la conferencia de prensa, sin poder soltar toda esa tristeza que lo embargaba) o, incluso más osado, “la verdad es que en los 120 fuimos más que el Real Madrid y no fue justo perder” no encajaba con esa matriz conceptual donde todo se resume en ese imperativo de que lo único que importa es la victoria. Ahora bien, esas palabras, esa bajada de línea permanente nos ponen en la dura tarea de reflexionar cómo es que se mide tanto el éxito como el fracaso.

Perder finales es de lo más ingrato que hay en el mundo del fútbol. La cultura del éxito cueste lo que cueste condena más a los segundos que a los que se quedaron antes en el camino. Los procesos poco importan a la hora de la foto del ganador y del que mira esa imagen desde un costado (si es que la mira). Queda eso instalado y nada más. Pero la forma, aunque se vea que es lo de menos, no deja de tener un impacto a la hora de evaluar la derrota.

Tenemos un ejemplo al alcance de la mano y con nuestra Selección: ¿fue lo mismo la caída ante Alemania en Brasil 2014 que frente a Chile en la Copa América 2015? Todos los caminos conducen a pensar que no. En un partido, Argentina estuvo a la altura de las circunstancias y tropezó esencialmente porque “el fútbol es un deporte donde juegan 11 contra 11 y siempre ganan los alemanes”, además de que en los papeles enfrentaba a un equipo muy superior al que supo neutralizar. En el otro, no hubo siquiera un intento de diagramar una idea de juego y, aunque se llegó a la “lotería” de los penales, se perdió con justeza.

Ahora bien, la visión que impone Simeone hace que una caída como la del sábado necesariamente tenga que traducirse en la palabra fracaso. Si a eso le sumamos que ya había perdido en 2014 en esa misma instancia, casi que no hay alternativa.

Si el Cholo llevara al extremo sus postulados, debería irse del Atlético de Madrid. Quizás lo haga, no hay por qué descartarlo. Pero uno podría desafiarlo. ¿El Atlético exitoso es el que le ganó al Bayern Munich con el 23% de posesión del balón y teniendo una veintena de situaciones de gol en contra? ¿O es el que, aún 0-1, remontó un resultado adverso, se puso a jugar un poco (no viene mal de vez en cuando) y puso contra las cuerdas a un insólitamente mezquino Real Madrid?

El Dios que manda es el del triunfo. La épica de Munich vale más que el dominio de Milán. Ganar un partido de esos que se ganan una vez en 100 (formalmente, perdió 2 a 1 pero pasó por el gol de visitante) parecería otorgar credenciales para mostrarle al mundo. Una especie de doctorado en “así se le gana a los poderosos” (que encima ya tenía su maestría por duplicado contra Barcelona). ¿Con el azar de tu lado?

No se pretende deslegitimar a Simeone. Lo que hizo en este Atlético de Madrid desde que lo agarró es impresionante. Se coló en la pelea de esos dos colosos que son el Barcelona y el Real Madrid y logró que la Liga menos atractiva del mundo (en relación a quienes tienen chances de campeonar) ahora tenga alguien más que puede soñar con ganarla.

Con armas muy válidas, se ganó incluso un lugar estable entre los ocho mejores del continente europeo. Quizás podamos mencionar que a medida que su poderío fue creciendo, igual siguió sintiéndose cómodo con que el protagonismo lo tomen los otros. La crítica central de todas maneras no pasa por ahí.

Puede gustar más o menos su juego, pero como no hay una única forma de llegar al triunfo no vamos a ir a fondo con esa discusión. El tema pasa por entender los parámetros bajo los cuales Simeone interpreta el éxito o el fracaso. Y ahí es donde ponemos el dedo en la llaga.

Si nos guiamos por el Cholo, claramente fue un fracaso. Si nos guiamos por otro pensamiento, es un éxito el proceso desarrollado por el Atlético aunque no se le haya dado en esa instancia.

El fracaso quizás pase porque, cuando tuvo la oportunidad de animarse un poco más, de ejecutar a un Real Madrid herido no supo hacerlo. El sentido de épica propuesto por el ex volante de la selección no tuvo lugar el sábado porque el conjunto merengue fue tan endeble que obligó al Atlético a pararse de otra manera. Por lo visto, no le salió tan mal.

Jugar cada tanto puede tener sus frutos, como lo demostró Lanús en la final del fútbol argentino. Pero el principal fracaso es quedar tan atado a una idea dogmática que, cuando pasan episodios como el de la noche de Milán, imponen discursos que ni el propio protagonista debe creer.

Fracaso es ni siquiera intentarlo. Fracaso es encerrarse en posiciones extremas y no aceptar, en tiempos en que duele aceptarlo en otros terrenos, que cambiar no es un elemento negativo. Alguien a quien tampoco le gustaba agarrar la medalla del segundo puesto señaló alguna vez: «El que no cambia es un imbécil».

“Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuando compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando”. Sea o no un fracaso lo del sábado, qué bien le vendría a Simeone aprender de los mensajes de Marcelo Bielsa, alguien a quien, de hecho, dice admirar. A no enamorarse mucho de uno mismo. Todavía se puede crecer.

Sebastián Tafuro – @tafurel

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