Cultura

31 mayo, 2016

El miércoles se queda corto: The Alphabet

En Notas – Periodismo Popular entendemos que, en los tiempos que corren, no siempre se dispone de dos horas para ver una buena obra cinematográfica. Por eso te acercamos, semana a semana, los mejores cortometrajes al alcance de un click. Hoy: The Alphabet, de David Lynch.

En Notas – Periodismo Popular entendemos que, en los tiempos que corren, no siempre se dispone de dos horas para ver una buena obra cinematográfica. La realidad es que no hace falta tanto tiempo para ver qué historias tienen para contar realizadores de todo el mundo y por eso te acercamos, semana a semana, los mejores cortometrajes al alcance de un click. Hoy: The Alphabet, de David Lynch.

Al encontrarnos con Atrapa el pez dorado, famoso libro de David Lynch, muchos descubrimos con una faceta poco conocida del creador de Twin Peaks. En sus páginas, el director norteamericano nos da algunos consejos para desarrollar nuestras ideas y articularlas en distintas historias. Su concepción se basa en algo tan simple como maravilloso: las ideas están ahí, en las profundidades de nuestra mente. Y para sacarlas a relucir basta con calmar las aguas de nuestra cabeza y bucear hasta atrapar el pez dorado.

Lo que no imaginamos al dar vuelta estas bellas e inspiradoras páginas es lo oscuras que pueden ser las profundidades del océano lyncheano. Es cierto que basta con ver algunas de sus obras para saber que el padre de Eraserhead es un hombre cuanto menos críptico, pero su segundo trabajo nos lleva a lugares en los que pocos buceadores se animarían a sumergirse.

Aunque el primer plano que nos presenta el trabajo de este Lynch primigenio nos sugiere un cortometraje del género terror, la realidad es aún más oscura. Durante casi cuatro minutos, The Alphabet nos inquieta con algo más aterrador que demonios y fantasmas: la total ausencia de una trama, la aniquilación de un argumento.

El corto, que data de 1968, reproduce algunas imágenes en apariencia sin sentido al tiempo que suena una canción de niños que cantan el alfabeto. Mientras que las primeras imágenes son de una mujer durmiendo en una cama, lo que sigue es difícil de entender. Los fotogramas se reparten entre letras que se desparraman en pantalla hasta la imagen de un caballo sufriendo una hemorragia.

La idea (su pez dorado) surgió a partir de una noche en la que su pequeña sobrina sufrió pesadillas y, dormida, recitó el alfabeto. Esta imagen le causó tal impresión al director que decidió convertirla en un cortometraje. Tanto es así que el bebé que se escucha llorar en un momento es su propia hija grabada en una cinta dañada y la mujer que yace en la cama es Peggy, su esposa.

Este trabajo vino inmediatamente después de su ópera prima, Six Men Gettin Sick (Six Times), cuyo suceso posibilitó la financiación de The Alphabet. Aún en estos cortos cuatro minutos Lynch logra plasmar lo que más tarde sería su sello inconfundible: el uso del surrealismo potenciado por un magistral manejo del sonido. La influencia de este tipo de herramientas estéticas se entiende desde el conocimiento que el director pudo adquirir en su paso por la escuela de artes. A lo largo de estos cuarenta años, ello se vio reflejado en cada una de sus obras, en especial la recordada Mullholand Drive y la siempre vigente Twin Peaks.

Ivan Soler – @vansoler

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