América Latina

29 mayo, 2016

García Linera en Argentina: “No hay revolución verdadera sin revolución cultural”

El vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, analizó la situación continental en el marco de la charla sobre “Restauración conservadora y nuevas resistencias en Latinoamérica” realizada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. En su discurso, estableció las limitaciones de los “gobiernos progresistas y revolucionarios” y llamó a “acelerar una segunda ola revolucionaria”.

El pasado viernes 27 de mayo se realizó un encuentro en el auditorio Roberto Carri de la Facultad de Ciencias Sociales, organizado por la Fundación Germán Abdala que contó con la presencia del vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, el sociólogo brasileño Emir Sader y el filósofo y ex-rector de la Universidad de General Sarmiento, Eduardo Rinesi.

En su discurso, García Linera mantuvo un tono reflexivo y autocrítico sobre la experiencia de los gobiernos que denomina “progresistas y revolucionarios” que se sucedieron en América Latina durante la primera década del siglo XXI, refiriéndose a los casos Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Brasil y Argentina.

De acuerdo a su lectura, durante estos años se produjeron avances en lo político a partir de fortalecimiento de la sociedad civil, un proceso de redistribución de la riqueza social, la construcción de una integración progresista a nivel continental y la participación del pueblo en el Estado.

En este sentido, el vicepresidente afirmó que durante estos años se produjo la mayor construcción de soberanía regional entre los Estados latinoamericanos desde el siglo XIX.

Sin embargo, las limitaciones de estos procesos estuvieron centradas en el aspecto económico y el cultural. Linera señaló cinco debilidades o contradicciones: las determinaciones impuestas por un sistema económico capitalista a nivel global, las políticas económicas en favor de los empresarios, un proceso de redistribución de la riqueza sin politización social –y aquí señaló la importancia del aspecto cultural, la batalla por el sentido común-, una débil reforma moral que no logró erradicar del todo a la corrupción y una débil integración económica regional.

“En la economía nos jugamos nuestro destino como gobiernos progresistas y revolucionarios. Si no están los satisfactores básicos, no cuenta el discurso”, manifestó. Y criticó que “algunos gobiernos progresistas y revolucionarios han adoptado medidas que han afectado al bloque revolucionario, potenciando al bloque conservador”. Así, según su mirada el error radicó en creer que mediante concesiones se puede neutralizar a la derecha, que siempre es desleal. “A los sectores empresariales los podemos neutralizar, pero nunca van a estar de nuestro lado”, agregó. Remarcó entonces la importancia de que el empoderamiento político de los trabajadores, los campesinos, los obreros, las mujeres y los jóvenes esté acompañado del poder económico.

De la misma manera, la redistribución de la riqueza sin politización social no ha logrado disputar el sentido común, que es justamente donde “la derecha ha tomado la iniciativa”. Linera consideró que mediante esta redistribución se ha “creado una nueva clase media, con capacidad de consumo, con capacidad de satisfacción, pero portadora del viejo sentido común conservador”. “No hay revolución verdadera, ni hay consolidación de un proceso revolucionario, si no hay una profunda revolución cultural”, agregó.

El vicepresidente boliviano llamó también a reflexionar sobre el rol de los liderazgos en los procesos populares en América Latina. Si bien no lo señaló como una debilidad, invitó a cuestionar la limitación que estas construcciones establecen en el marco de los procesos constitucionales y reflexionó sobre la necesidad de liderazgos colectivos que permitan dar continuidad a los procesos en el tiempo.

Finalmente, analizó que si bien se avanzó en la integración política regional, no ha sucedido lo mismo en el plano económico. Reconoció que no pudieron avanzar sobre las limitaciones impuestas por el sistema económico capitalista y trascender con propuestas económicas las proyecciones nacionales.

Desde diciembre de 2015, Linera ha mantenido esta línea de reflexión y análisis sobre el avance restaurador en la región, y la necesidad de revisar los aciertos y los errores cometidos en los años precedentes a esta nueva etapa regional. Enmarca esta etapa en un proceso revolucionario que está en marcha y cuya dinámica no es lineal, sino mediante oleadas, con avances y retrocesos.

En este sentido, argumentó que “estamos ante el fin de la primera oleada. Y está viniendo un repliegue. Serán semanas, serán meses, serán años, pero está claro que como se trata de un proceso, habrá una segunda oleada, y lo que tenemos que hacer es prepararnos, debatiendo qué cosas hicimos mal en la primera oleada, en qué fallamos, dónde cometimos errores, qué nos faltó hacer, para que cuando se dé la segunda oleada, más pronto que tarde, los procesos revolucionarios continentales puedan llegar mucho más allá, mucho más arriba, que lo que lo hicieron en la primera oleada”.

 

 

Linera reconoció que “tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire”. Recordó la importancia de lo aprendido en las décadas de 1980 y 1990, “cuando todo complotaba contra nosotros”. De ahí la necesidad de acumular fuerzas y asumir la batalla de ideas “en los medios de comunicación grandes, en los periódicos, en los pequeños panfletos, en la Universidad, en los colegios, en lo sindicatos. Hay que volver a reconstruir nuevo sentido común de la esperanza, de la mística». «Ideas, organización, movilización”, sintetizó.

Porque más allá de la lectura de un momento adverso, Linera enfatizó la posibilidad de un futuro alentador en el cierre de su discurso: “Soy un convencido que América Latina sólo va a poder convertirse en dueña de su destino en el siglo XXI, si logra constituirse en una especie de Estado continental, plurinacional, que respete las estructuras nacionales de los Estados, pero que la vez tenga un segundo piso de instituciones continentales en lo financiero, en lo económico, en lo cultural, en lo político y en lo comercial”.

Y remarcó el horizonte estratégico: “¿Se imaginan si somos 450 millones de personas? Las mayores reservas de minerales, de litio, de agua, de gas, de petróleo, de agricultura. Nosotros podemos direccionar los procesos de mundialización de la economía continental. Solos, somos presas de la angurria y el abuso de empresas y países del Norte. Unidos, América Latina, vamos a poder pisar fuerte en el siglo XXI y marcar nuestro destino”.

Foto: Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

Video: Bolivia TV

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