Salud

5 mayo, 2016

¿Cuánto vale la vida de una persona con padecimientos mentales?

Entre el 25 de abril y el 1 de mayo murieron tres personas internadas en hospitales psiquiátricos. Dos en Rosario y uno en Córdoba. Las graves condiciones de internación y la desidia institucional quedaron a la vista de todos: salas de aislamiento, electroshock y niños contenidos física y médicamente.

Entre el 25 de abril y el 1 de mayo murieron tres personas internadas en hospitales psiquiátricos. Dos en Rosario y uno en Córdoba. Las graves condiciones de internación y la desidia institucional quedaron a la vista de todos: salas de aislamiento, electroshock y niños contenidos física y médicamente.

Las tres muertes en menos de diez días se dan en un contexto de emergencia para el sistema de salud mental. El informe del Órgano de Revisión de Salud Mental en el 2015 relevó que las salas de aislamiento todavía persisten en muchas instituciones, que al menos tres provincias (Corrientes, Mendoza y Buenos Aires) reconocen seguir utilizando electroshock en sus dispositivos y que hay niños contenidos física y medicamente. Estas tres historias que reconstruirnos desde Notas son apenas la punta del iceberg.

Córdoba – Morir en una sala de aislamiento

Era el mediodía del domingo 1° de mayo cuando un joven de 18 años se suicidó en el Hospital Neuropsiquiátrico de Córdoba. Había ingresado cuatro días antes por decisión del Equipo Tratante que evaluó que reunía los criterios para internarlo. El domingo estaba en una sala de aislamiento que la institución llama “sala de cuidados intensivos”. Estas salas están prohibidas por la Ley de Salud Mental promulgada en 2014. Sin embargo, bajo diferentes nombres, siguen siendo utilizadas en muchos dispositivos de salud mental. El joven encerrado rompió el colchón y se ahorcó con los pedazos de tela.

“Los cuidados intensivos deberían ser acompañamiento permanente de personal –explicaron a Notas desde el Observatorio de Salud Mental y Derechos Humanos de Córdoba- pero como no hay recursos humanos suficientes, los meten en esas salas”.

El 7 de julio del 2015 el Órgano de Revisión y la Secretaría de Derechos Humanos habían formulado un pedido para que se cierren definitivamente las salas de contención y aislamiento. El pedido fue desoído. También se recomendaba la capacitación a profesionales para la contención en situaciones de crisis. A la luz de los hechos, la capacitación no solo no tuvo lugar o fue inútil, sino que las condiciones de trabajo enfrentan una crisis muy grave. De hecho, el domingo en que murió el joven una sola médica tenía a cargo la guardia externa y las 50 personas que estaban alojadas. Su vínculo laboral con el Estado provincial es un monotributo por el cual le pagan su salario.

Rosario – La muerte manicomial

Si bien las circunstancias de las dos muertes ocurridas en el Hospital Agudo Ávila («Suipacha»), no se conocen porque no hay información oficial, se sabe que el jueves 21 de abril murió una mujer y el lunes 25, un hombre. Es posible que se trate de “muertes naturales”, es decir, muerte por razones no violentas. Pero se trata, precisamente, de poner en problemas la naturalidad de las muertes.

El Órgano de Revisión trabajó durante el año 2014 en un documento titulado Muertes en Instituciones Monovalentes de Salud Mental. Ahí se da el siguiente ejemplo: en una de las visitas del organismo a una clínica privada del conurbano bonaerense se encontró a una persona de 60 años en una celda de aislamiento. Llevaba 48 horas encerrada y según su testimonio había sido contenido mecánicamente a la cama, golpeado, quejándose de que llevaba tres días sin bañarse, angustiado y advirtiendo que tenía problemas cardíacos. El documento reflexiona: “Si bien se pudo intervenir ante esta situación a través del cese de la medida de aislamiento, frente a la eventual muerte de esta persona a consecuencia de los malos tratos recibidos probablemente la ‘causa de muerte’ informada oficialmente hubiera sido ‘por patología cardíaca’”.

Desde la Asamblea de usuarios y usuarias de Salud Mental por sus derechos humanos lo explicaron a Notas de esta manera: “¿Qué es la muerte manicomial? Es morir atropellado por el camión que lleva la comida al hospital como ocurrió hace un año y medio en la Colonia Psiquiátrica Oliveros. O morir atragantado por un pedazo de pan demasiado grande cuando muchos usuarios casi no tienen dentadura ni acompañamiento en los horarios de comida”.

Pero la muerte trae a la luz una serie de condiciones que se viven cotidianamente. De hecho, unos días antes del jueves 21 de abril una carta de lectores en el diario La Capital había puesto el asunto sobre la mesa.

“Silvia era un personaje muy particular -empieza la carta- a quien denominaban ‘la Pajarera’ por su hábito de ir por la zona centro de Rosario alimentando pájaros con trozos de pan”. Miriam, la autora de la carta, conocía a Silvia de charlar en el parque con ella. Un día no la vio más y decidió buscarla. Sus vecinos le informaron que Silvia había sido internada en el Suipacha. La fue a ver y se encontró con “un esqueleto sin conciencia, casi una osamenta sin ropa en medio de un invierno crudo, con los pies ulcerados y descalzos, la piel morada por el frío y las manos también”.

Miriam denunció la situación ante los enfermeros y la médica que atendía a Silvia. Nadie dio ninguna explicación. Entonces la mujer se decidió a escribirle una carta al director. “La respuesta inmediata fue prohibirme la posibilidad de ver a Silvia y cambiar el equipo de trabajo. Insistí en escribir varias cartas más, me topé con la misma arrogancia e indiferencia de un director que no entiendo cómo puede estar en ese puesto”. Intervino una Defensoría que instó al hospital a recibir a Miriam. No hubo caso. Ni los trabajadores sociales, ni los médicos, ni el director se entrevistaron con ella.

Ocho meses después de la prohibición de la visita sigue sin poder ingresar. Silvia, mientras tanto, no tiene ningún familiar o amigo que vaya a verla. Si mañana Silvia muriera, ¿cuál sería la “causa de su muerte”?

Juan Mattio – @juanmattio

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