Cultura

29 febrero, 2016

Año bisiesto: ¿por qué existe el 29 de febrero?

Cada cuatro años, pero no siempre (ya veremos por qué), el mes de febrero tiene un día más. Es lo que sucederá este 2020 y se conoce como año bisiesto. ¿De dónde surge? ¿Cuál es el origen y los antecedentes del calendario que utilizamos hoy en día?

Desde hace miles de años que la humanidad celebra el fin de un ciclo y el comienzo de otro. Originalmente, el establecimiento de un calendario refería a la necesidad de los seres humanos de medir el tiempo y marcar hechos relevantes para su vida. Algunos pueblos lo hacían guiándose por el sol. Otros se remitían a la luna y sus ciclos de 28 días. Y otros a combinaciones de ambos.

Las evidencias históricas más antiguas indican que el primer calendario solar fue creado en el antiguo Egipto, a principios del tercer milenio a.C.; surgió de la necesidad de predecir con exactitud el momento del inicio de la crecida del río Nilo, que tiene una periodicidad anual, acontecimiento fundamental en una sociedad que vivía de la agricultura. Este calendario tenía un año de 365 días, meses de 30 días y decanos de diez días.

En el año 47 a.C. vino el primer avance significativo en la búsqueda de medir mejor el tiempo y dio origen a los años bisiestos. Fue cuando el Imperio Romano decidió modificar su calendario. Hasta entonces el año nuevo se celebraba en el mes de marzo con el comienzo de la primavera en el hemisferio norte y el año constaba de 304 días distribuidos en diez meses (6 de 30 días y 4 de 31 días). Pero éste tenía desfasajes de tiempo y se reajustaba anualmente en el último mes sin ningún criterio preestablecido.

Fue Julio César el impulsor de esta modificación que incluyó, además, el corrimiento de la fecha de año nuevo. Durante el mes de enero asumían los cónsules de la antigua Roma. Además, en ese año, Roma debió sofocar una rebelión en la región que hoy es España. A comienzo de cada año se planeaban las batallas y conquistas, pero en el 47 a.C no se pudo esperar a marzo y hubo que adelantarlo. Por este motivo y para resolver los desfasajes de tiempo, se instaló el llamado calendario Juliano.

Desde entonces se acordó que todos los años constaran de 365 días, y cada cuatro años se contarían 366 iniciando el año el 1° de enero (que luego la tradición judeo-cristiana lo justificó por ser la fecha de la supuesta circuncisión de Cristo).

Pero este ajuste tenía un problema que fue corregido con la instauración del Calendario Gregoriano (impulsado por el Papa Gregorio XIII en 1582). Para entonces, el calendario Juliano había provocado un desfasaje de diez días. El papa Gregorio resolvió el asunto manteniendo los años de 365 y los bisiestos de 366 pero con una excepción. De la regla general del bisiesto cada cuatro años, se exceptuaban los años múltiplos de cien, excepción que a su vez tenía otra excepción, la de los años múltiplos de 400, que sí eran bisiestos.

Gregorio hizo el cálculo a partir de la observación de los astrónomos que establecieron que la Tierra tarda en dar la vuelta al sol 365,2422 días. Es decir que cada año nos desfasamos cinco horas, 48 minutos y 46 segundos.

El nuevo ajuste da 26 segundos al año de error, muy inferior a los 11 minutos de diferencia que generaba el calendario Juliano. Este nuevo error se acumula hasta llegar a ser de un día cada 3300 años. Es decir que en el año 4882 de nuestra era, habrá que descontar un día.

¿Por qué febrero?

Cuando Julio César creó los años bisiestos febrero tenía ya 29 días por lo que cada cuatro años, pasaba a tener 30. Sin embargo cuando Augusto se convirtió en el primer emperador de Roma, quiso tener un mes nombrado en su honor y con los mismos días que el mes de julio, que honraba a Julio César.

Fue entonces que febrero terminó cediéndole un día a agosto provocando que haya dos meses consecutivos de 31 días, algo que solo sucedía entre diciembre y enero por ser el último y el primero de cada año.

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