América del Norte

29 enero, 2016

El largo camino a las elecciones presidenciales en Estados Unidos (2)

¿Podrá el entusiasmo juvenil con Bernie Sanders desplazar la influencia del aparato demócrata en las internas? ¿Las ideas ultraderechistas de Donald Trump tendrán asidero entre los republicanos? ¿En caso de ser nominado, será Trump ser el sucesor de Barack Obama? Algunas claves para comenzar a desmenuzar la elección estadounidense.

¿Podrá el entusiasmo juvenil con Bernie Sanders desplazar la influencia del aparato demócrata en las internas? ¿Las ideas ultraderechistas de Donald Trump tendrán asidero entre los republicanos? ¿En caso de ser nominado, Trump será el sucesor de Barack Obama?

La elección aún no comenzó pero esas tres preguntas rondan por la cabeza de analistas y periodistas de Estados Unidos y el Mundo. Sin ánimos de hacer futurología, en una serie de artículos analizaremos la actualidad política del país del norte, las discusiones internas de los dos partidos hegemónicos y las principales problemáticas sociales y ejes de las campañas para la presidencia. Además, aprovecharemos para explicar los detalles del sistema electoral, tan distinto al argentino.

¿Quiénes y cómo eligen a los candidatos?

Si en la Argentina hace unos años existen Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias para elegir los candidatos de cada lista, en Estados Unidos el proceso es completamente diferente.

En primer lugar, en el país de Obama el voto no es universal, sino que hay que registrarse para votar. En segundo lugar, cada Estado tiene distintas metodologías de elección de candidatos: existen los “caucus”, las primarias abiertas (Carolina del Sur) y las primarias cerradas (New Hampshire). Además, en algunos lugares se eligen directamente delegados a la convención nacional (New Hampshire), mientras que en otros se eligen para una convención local que a su vez elige a los delegados nacionales (Iowa).

Una tercera diferencia es que en algunos Estados las internas son financiadas y organizadas por los propios partidos (Iowa, por ejemplo), y en otras por el Estado (New Hampshire).

En 17 Estados o territorios anexados a EEUU cada partido realiza ‘caucus’ (Iowa, Nevada, Alaska, Samoa Americana, Colorado, Minnesota, Dakota del Norte, Wyoming, Kentucky, Maine, Nebraska, Hawaii, Marianas del Norte, Distrito de Columbia, Islas Virginia, Washington, Puerto Rico). En el resto se desarrollan elecciones internas.

Cada elección designa una cantidad predeterminada de congresales a la Convención Nacional de cada partido (ambas en julio), vinculada con el número de votantes registrados y afiliados, en donde finalmente se elige a los candidatos que competirán por la presidencia.

En este video, producido por la campaña del demócrata Bernie Sanders de cara a la elección interna de Iowa del próximo 1 de febrero, se explica cómo funcionan los “caucus”.

Las discusiones internas

Grandes temas atraviesan la campaña de los candidatos, en buena medida de la mano con las preocupaciones de la sociedad estadounidense. Aunque por el momento el foco está puesto en la disputa al interior de cada partido, es innegable que en los polos más opuestos -y también lo más interesante para analizar- se encuentran Bernie Sanders y Donald Trump, tanto en sus propuestas como en su análisis de los principales ejes de la coyuntura. En próximos artículos profundizaremos sobre esto.

Dentro de la interna demócrata y aún con el crecimiento de Sanders, la favorita es Hillary Clinton. Su campaña está basada en su experiencia para gobernar, como bien ridiculiza el video de la campaña de Sanders. Clinton -ex primera dama, ex secretaria de Estado- es sobria, fría y metódica. Aunque puede llegar a ser la primera mujer presidenta de Estados Unidos, su campaña no genera gran entusiasmo en los seguidores, lo que contrasta fuertemente con la de su principal contendiente.

«Lo más importante en política exterior que ha ocurrido durante los últimos años fue la guerra de Irak. Yo voté en contra. Hillary Clinton votó a favor», dijo el senador por Vermont, Bernie Sanders. Hillary se defendió: «Tengo un historial mucho más largo que un sólo voto y del que ya he dicho que fue un error».

“Bernie”, como lo llaman sus seguidores, ha basado su campaña en la crítica a la mala distribución de los ingresos y a la especulación financiera centrada en Wall Street. En uno de sus anuncios, el precandidato expone un plan que implica desarmar los grandes bancos, cerrar los círculos viciosos de intereses y “hacerlos pagar su cuota justa”. Así, asegura, se podrá extender el seguro médico y proveer educación universitaria de forma universal. “¿Les gustaré?”, se pregunta. “No, pero empezarán a jugar de acuerdo a las reglas si soy presidente”. “Bernie Sanders tiene las agallas de pelear por lo que cree”, dicen en otra propaganda.

En los spots de Hillary el eje es la factibilidad de sus propuestas. “Todo muy bonito pero lo que plantea Sanders es imposible”, es su mensaje. “Yo no voy a hacer tanto, pero pequeñas cosas realizables son mejor que grandes sueños”, parece decir con cada spot.

Por el lado republicano, la batalla es mucho más explícita y uno de los principales ejes es el tema migratorio. Las ideas de Trump, de gran rebote mediático, de cerrar las fronteras y no darles la nacionalidad a los migrantes que se encuentran ilegales en el país, contrastan con las de Ted Cruz y Marco Rubio que apoyan variantes de una reforma migratoria.

“El problema para el Partido Republicano”, asegura el analista cubano Ramón Sánchez-Parodi Montoto, “radica en los conflictos que en su interior se desarrollan entre las fuerzas que integran esa coalición, principalmente entre los conservadores ortodoxos (o tradicionales), los diversos e inconexos grupos del movimiento Tea Party, los cristianos evangélicos y los ‘libertarios”.

Por ejemplo, según explica Sánchez-Parodi Montoto , los evangélicos rechazan la idea del matrimonio entre personas del mismo género, aunque esto es aceptado por los “libertarios”, por la mayoría de la población y hasta por el Tribunal Supremo; mientras, esos “libertarios” son contrarios a las acciones militares en Siria, cuestión que es apoyada por los grupos del Tea Party; en tanto, el Tea Party promueve la reducción de los programas de Seguridad Social y de Asistencia Médica (Medicare) a lo que se oponen los pensionados gran parte de los cuales están integrados en los grupos evangélicos cristianos.

En este contexto se desarrolla la interna republicana. Candidatos del riñón del partido se disputan la nominación con el -por ahora- favorito Donald Trump y, sin que ninguno despunte por el momento, vienen perdiendo duramente la batalla. Después de la primera ronda de primarias, el Partido Republicano deberá tomar una decisión no menor: elegir a qué candidato volcar el apoyo mayoritario para contrapesar la incómoda figura del multimillonario y plantearse como una opción de gobierno de cara a noviembre.

Julia de Titto – @julitadt

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