Batalla de Ideas

5 enero, 2016

Presión perpetua

Por Kike Ferrari. El mejor escritor argentino vivo pelea para que su obra social asuma el tratamiento del tratamiento de su enfermedad: ELA, esclerosis lateral amiotrófica. A pesar de un fallo a favor de la Justicia, hicieron falta decenas de miles de firmas para que los empresarios de la salud de Medicus se hicieran cargo.

Por Kike Ferrari*. Lo haríamos, o deberíamos hacerlo, por cualquiera, por todos, por cada enfermo al que los laboratorios o las prepagas les nieguen los medicamentos.

Pero resulta que el tipo, además, es el mejor escritor argentino vivo pero también, y sobre todo, el mejor lector del país. La enfermedad que aqueja a Ricardo Piglia se llama Esclerósis Lateral Amiotrófica (ELA o ALS, por sus siglas en inglés), una degenerativa muy agresiva que, aunque no ataca el cerebro, paraliza el cuerpo y acorta de manera sustancial la vida de quienes la padecen. No se conoce su origen y no tiene cura. Los medicamentos son paliativos.

Me enteré de que Piglia la padecía poco antes de que se hiciera público, por medio de Radio Pasillo, en la presentación del libro de un amigo. «Lo que tuvo Fontanarrosa», me dijo quien me lo contó.

¿Se acuerdan de la omnipresente campaña del balde de agua fría de hace un par de años? Montones de famosos y desconocidos tirándose agua helada en la cabeza en un video breve y pasando la posta: bueno, era para que para conseguir que la F.D.A. -el organismo que controla y autoriza los remedios en Estados Unidos- dejara que se probara en pacientes una nueva droga elaborada por el laboratorio Genervon. En junio del año pasado llegó la aprobación y en ese mismo momento Piglia fue incluido en el protocolo que le permitiría ser atendido por medio de una institución argentina.

El tratamiento que necesita cuesta cerca de cien mil dólares. Pero Medicus -la prepaga del autor de libros fundamentales de la literatura y la crítica del último medio siglo, tales como Respiración artificial o Crítica y ficción– se negó a pagarlos. La familia costeó de su bolsillo dos aplicaciones y llevó el caso a la justicia. El 9 de noviembre el juez Garbarino, del Juzgado en lo Civil y Comercial Federal 8, dictaminó que Medicus tenía que pagar “en el término de dos días y por vía que corresponda, la cobertura del 100% de la medicación e insumos”. Escudados en que es una droga en fase experimental y no disponible en el país, Medicus ignoró la orden del juez. Pasaron dos días, tres, cinco, diez, cincuenta y siete días. Nada.

Pero en poco más de 24 horas un petitorio de Change.org pidiendo por Piglia consiguió más de 60 mil firmas y la prepaga se comprometió a pagar.

La noticia, entonces, no es que uno de nuestros mayores intelectuales tenga una enfermedad terrible e incurable. La noticia es que Medicus se negó a pagar el tratamiento, no respetando su propia razón de ser ni las órdenes judiciales.

Cuando pidió prisión para Gramsci, el fiscal fascista dijo que había que apagar ese cerebro por 20 años. Medicus -que es una corporación de la medicina y los medicamentos, no de la salud- contribuye a apagar uno de los cerebros más lúcidos del país para siempre.

Porque en su ecuación pagar es gastar. Pero también porque el capitalismo odia la literatura. Como escribió el propio Piglia: “La sociedad lo que intenta con la literatura es matarla. No se le hubiera ocurrido a la sociedad capitalista inventar la literatura si no la hubiera encontrado hecha. No se le hubiera ocurrido inventar una práctica tan improductiva desde el punto de vista social, tan difícil de valorar desde el punto de vista económico. La producción del sujeto en su casa, con medios que el mismo puede controlar, es una cosa que a la sociedad no le gusta nada. Porque en definitiva lo que hace falta es comprarse un block, papel, un lápiz”.

Y recordemos: no fue el contrato firmado, ni la orden de un juez, fue la presión social lo que, parece, le torció el brazo a Medicus, que ahora declaró que se haría cargo del tratamiento.

Parece.

Pero hay que estar atentos. Meterles presión.

Por Piglia, y por todos los otros, los que no van a tener miles de firmas en su favor.  Y porque cada día que pasa el cuerpo de Ricardo Piglia es dinamitado por la ELA

Los petitorios están muy bien, pero yo creo que deberíamos mostrarnos. Juntarnos. Hacernos ver. Obligarlos a que cumplan. Dejarles saber que los escritores podemos dejar de lado la pluma y que, además de firmas, también podemos recolectar objetos más contundentes y no dejarle a Medicus ni un vidrio sano.

* Escritor, miembro del comité de redacción de la revista La Granada, autor de Operación Bukowski (2004), Lo que no fue (2009), Que de lejos parecen moscas (2011) y Nadie es inocente (2014), entre otros.

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