Economía

14 diciembre, 2015

Que si, que no: Cambiemos y la política económica

El levantamiento del cepo y las retenciones, junto a la devaluación, supieron convertirse en los slogans de Cambiemos durante los últimos meses. Las diferencias entre las promesas de campaña y la gestión del Estado. El debate entre shock y gradualismo.

La campaña electoral impulsada por Mauricio Macri pivoteó en todo su recorrido sobre promesas vagas de cambios, alusiones a la esperanza o la revolución de la alegría, mientras se proponía mantener aquello que se destacaba como progresivo de la década kirchnerista.

En aquel entonces las únicas precisiones reales que ofrecía Macri y quienes lo acompañaban giraban en torno a cuestiones de política económica. Allí aparecían como banderas el levantamiento del “cepo” y las retenciones (junto a la baja de aquellas que involucran a la soja), un “sinceramiento” (devaluación) del tipo de cambio y la eliminación de los subsidios, en virtud de reducir el déficit fiscal.

Eran habituales las declaraciones del equipo de economistas vinculado al PRO que se referían cotidianamente a estas cuestiones, se criticaba al ministro de Economía, Axel Kicillof, o al presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, por los desbarajustes de la macroeconomía.

No obstante, ante las críticas formuladas por parte de Daniel Scioli y sus voceros sobre los efectos que tendría para una parte importante de la sociedad el cumplimiento de estas promesas, y en virtud de no perder votos, Macri decidió apartar de la palestra pública a sus economistas y tratar de evitar mencionar este tipo de cuestiones.

Sin embargo el mercado, o mejor dicho los agentes económicos con peso que en él intervienen y tienen carácter de formadores de precios, comenzaron a adelantarse, “preventivamente,” a esta devaluación, y ante la perspectiva del triunfo de Cambiemos dieron rienda suelta al inicio de una espiral inflacionaria. Los aumentos de entre el 10% y el 40% en sectores como alimentos, químico o siderúrgico dan cuenta de ello.

De los spots a la Rosada

Las promesas que PRO-Cambiemos había sostenido durante la campaña se mantuvieron, pero faltaba ser gobierno. La ambivalencia fue la tónica de la primera semana de transición, tras la victoria en las urnas aquel 22 de noviembre.

El fin de los controles de cambios comenzó a oscilar entre un “desde el primer día” hasta un “cuando se haya restablecido el equilibrio macroeconómico”. Similar suerte sufrió el levantamiento de los subsidios y hasta el levantamiento de las retenciones, que según el propio ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, “dependerá del momento de la reunificación cambiaria. Sin previsibilidad sobre el valor del tipo de cambio (es decir, mientras se siga esperando una devaluación), nadie venderá”. Finalmente Alfonso Prat-Gay, nuevo ministro de Hacienda y Finanzas, terminó por reconocer que la economía argentina no estaba en una situación terminal, algo que se venía sostenido desde hace larga data.

Este ataque de gradualismo, o lo que es lo mismo, la diferencia entre estar en campaña, construir slogans y consignas, frente a ser la conducción del Estado, se dejó ver de manera definitiva el pasado viernes 11 en la reuniones que sostuvo el entrante presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, junto a representantes del Mercado Abierto Electrónico (MAE) y el Rofex por un lado, y con las entidades bancarias por otro.

En ambas reuniones, quien fuera uno de los impulsores del Megacanje, afirmó que el Central no iba a hacerse cargo de la diferencias de los contratos del dólar futuro que los bancos compraron en el último tiempo de la gestión de Vanoli y el nuevo valor del dólar producto de la futura devaluación. Una diferencia que puede llegar a significar hasta 70 mil millones de pesos.

La respuesta de los bancos fue que en caso de llevar esto adelante se estaría ante un default selectivo, único en la historia de la entidad bancaria. La estrategia que impulsa Sturzenegger fue finalmente presa de la lógica bajo la cual se llevó adelante la campaña electoral desde Cambiemos.

Los contratos de dólar a futuro habían sido un recurso del cual echó mano Alejandro Vanoli para quitarle presión a la venta de dólares, ofreciendo la divisa estadounidense a un valor entre 10,50 y 11 pesos para dentro de seis a nueve meses. Desde Cambiemos se optó por judicializar esta medida económica que terminó en un allanamiento del propio Central.

Ahora Sturzenegger busca desentenderse de estos contratos evitando que el Central se haga cargo de la diferencia entre cotizaciones. Sin embargo, los bancos advirtieron que esto no es posible, por un lado porque exigen que se respeten estos contratos, mientras por otro indican que apenas un 5% de estas tenencias les pertenecen, ya que el resto fueron adquiridos por automotrices, cerealeras y farmacéuticas, quienes vieron la oportunidad de hacer un negocio redondo con la devaluación que prometían desde la propia alianza Cambiemos.

Los bancos presionan no solo con llevar esta disputa a tribunales, en la cual ellos también se verían inmersos producto de juicios cruzados con los tenedores de estos contratos, sino con bloquear los dólares que Prat-Gay pretende acordar con un grupo de bancos privados. Una suma que se estima alrededor en torno a los ocho mil millones de dólares.

Estos dólares, junto con los que puedan ingresar vía derechos de exportación y un nuevo tramo del swap con China, aparecen en el horizonte del nuevo equipo económico como la llave para llevar adelante la devaluación. Sin embargo los dólares que ingresen vía liquidación del agro también se encuentran supeditados al conflicto por los contratos de dólar futuro.

Shock, gradualismo y ajuste

El ajuste que Cambiemos buscaba instrumentar desde el día uno de gobierno se truncó con la gestión de la marcha cotidiana de la economía. El shock parece haberle dejado lugar al gradualismo.

Mientras esperan la concreción de las medidas que reclaman, sectores concentrados de la economía y con fuerte impronta exportadora, hacen su juego en el mercado local anticipándose a una devaluación y subiendo los precios, con un impacto directo en el bolsillo de los asalariados.

La apuesta de la actual conducción política por un endeudamiento que permita el levantamiento de los controles de cambios, la apertura importadora y la remisión de utilidades a las casas matrices, comenzará a definirse esta semana en la pulseada que librará el Banco Central con los bancos.

Leandro Navarro – @navarro_lean

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