Nacionales

6 noviembre, 2015

Macrileaks: las visitas de Mauricio a la embajada de Estados Unidos

Pedidos de intervención más activa en la política argentina, protestas por los “malos modales” de Néstor Kirchner y deseos de retornar a los mercados de capital, son algunos de los tópicos que aparecen en las visitas del candidato a presidente del PRO en los cables filtrados de la diplomacia norteamericana.

“Somos el primer partido verdaderamente pro-mercado y pro-negocios en los últimos 80 años de la historia argentina que está en condiciones de asumir el poder”. Así presentaba al PRO Mauricio Macri, candidato entonces a la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a los representantes diplomáticos de los Estados Unidos.

Lo hacía durante una reunión con la Oficina Política de la embajada, el 26 de septiembre de 2006. Sería la primera de varias reveladas por la filtración de cables de la diplomacia estadounidense reunidos en el portal WikiLeaks. En aquella ocasión, acompañado por el vicepresidente de su partido y luego contratista de cabecera del Estado porteño, Nicolás Caputo, hizo un análisis de la realidad del país, cuando Néstor Kirchner llevaba algo más de tres años en el poder.

En plena etapa de enamoramiento entre el oficialismo y el Grupo Clarín, el hoy candidato a presidente aseguraba que “Kirchner está creando constantemente conflictos en el exterior, pero los argentinos no se dan cuenta de lo dañino que es esto porque el gobierno es muy efectivo controlando los medios”. Hacía menos de un año, Argentina había liderado con Brasil y Venezuela la oposición al ALCA, que lo llevaría al fracaso durante la Cumbre de las Américas de Mar del Plata.

La Embajada, en el cable que envió a Washington, lo consideró “suficientemente joven y con suficiente personal para competir en el largo plazo (por la presidencia). Los líderes de la oposición necesitan este tipo de visión a largo plazo para construir a futuro”.

Aprender de ellos

La siguiente aparición de Macri en un cable de la diplomacia estadounidense en Buenos Aires hace referencia a una reunión con el entonces gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford, el 12 de junio de 2008, cuando ya era jefe de Gobierno de Buenos Aires.

Ante la pregunta del gobernador por la situación del país, Mauricio aseguró que Kirchner estaba “completamente loco”, y que la Argentina estaba “pagando el precio” de los malos modales del ex presidente con la falta de acceso a los mercados internacionales de capital.

Más adelante en la entrevista, Sanford le preguntó al líder del PRO si tenía algún consejo de gestión que darle. “Los Estados Unidos no tienen nada que aprender de la Argentina”, respondió. “Nosotros tenemos que aprender de ustedes”.

Poco tiempo después, Macri se reunió con dos altos funcionarios diplomáticos estadounidenses acompañado por Diego Guelar, secretario de Relaciones Internacionales del PRO. Este encuentro se produjo el 11 de agosto de 2008, menos de un mes después del voto “no positivo” de Julio Cobos, cuando el gobierno de Cristina Fernández parecía al borde del colapso.

En aquel momento, decía Mauricio que “los argentinos estarían felices de ver caer a los Kirchner”. Guelar no se quedaba atrás: cuando se retiraba de la reunión les aseguró a los estadounidenses que le daba al gobierno de Cristina no más de “60 días”.

La oposición, en Washington

Un año después, el jefe de Gobierno recibió en Bolívar 1 a la recién designada embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez. Estaba acompañado por Guelar y su otro asesor diplomático, Fulvio Pompeo; junto a ellos estaba Marcos Peña, hoy jefe de la campaña presidencial del PRO.

El kirchnerismo estaba intentando recuperarse después del duro golpe del lock-out patronal y la posterior derrota en las elecciones de 2009; además, ya se había producido la ruptura con Clarín. Macri analizó que los medios de comunicación estaban haciendo retroceder al oficialismo allí donde políticos y empresarios habían fallado. Afirmó también que el “silencio” de los Estados Unidos respecto al “trato abusivo” que les dispensaba la pareja presidencial (como ejemplo señaló la mencionada Cumbre de Mar del Plata), los había alentado a continuar con esa actitud.

El cable enviado por Martínez al Departamento de Estado aseguraba, en sus conclusiones, que “la insistencia de Macri en que el gobierno de Estados Unidos critique públicamente a los Kirchner por sus varias transgresiones sugieren un deseo poco realista de que Washington sea la oposición al gobierno”.

A pesar de esta valoración negativa, la embajadora respondió con cordialidad a la bienvenida que le dio Macri y lo invitó a almorzar en la embajada. En aquella ocasión, el líder del PRO se presentó junto a la plana mayor de sus funcionarios: Horacio Rodríguez Larreta, Guillermo Montenegro y Eugenio Burzaco. También dijo presente Pompeo, potencial canciller de un gobierno de Cambiemos.

El jefe de Gobierno insistió con el pedido de críticas abiertas hacia la presidenta, pero Martínez lo cortó en seco: le respondió que la Embajada iba a “continuar buscando una relación positiva de trabajo” con el gobierno argentino mientras mencionaba “en un sentido constructivo” sus áreas de preocupación. Mauricio también le trasladó a la embajadora su deseo de que los Estados Unidos enviaran un “representante emblemático” de la política o la cultura a la reinauguración del Teatro Colón, que sería el acto central de los festejos de la Ciudad por el Bicentenario de la Revolución de Mayo.

Macri, como opositor, exigía a Estados Unidos que intervenga en la política de la Argentina. Macri, como eventual presidente, buscaría que el país norteamericano marque la cancha de la economía nacional y regional, a través del ingreso al Acuerdo Transpacífico. Diez años después de la derrota histórica del ALCA en Mar del Plata, nunca estuvo tan cerca la posibilidad de que el país retome aquel camino.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

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