Batalla de Ideas

22 octubre, 2015

Ni olvido ni perdón: Netanyahu, el holocausto, el sionismo y la historia

Por Joaquín Zajac. En el Congreso Sionista Mundial, evento que reúne cada año, desde antes de la fundación del Estado de Israel, a todas las organizaciones sionistas Benjamín Netanyahu acusó a un dirigente árabe de ser el instigador del holocausto. La disputa por la verdad histórica y la legitimación de la ocupación israelí.

Por Joaquín Zajac. Sucedió en el 27º Congreso Sionista Mundial, el evento que reúne cada año, desde antes de la fundación del Estado de Israel, a todas las organizaciones sionistas, es decir, aquellas comprometidas con el respaldo de Israel como Estado nacional judío. Allí, Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, disertaba sobre los graves incidentes que se vienen produciendo en Jerusalén cuando a colación de un comentario sobre ciertos ataques árabes sufridos por su propio abuelo, migrante judío a Israel en 1920, acusó a un dirigente árabe de ser el instigador del holocausto.

“Este ataque y otros en la comunidad judía en 1920, 1921 y 1929, fueron instigados por una llamada del Mufti de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini, quien fue luego buscado por crímenes de guerra en los juicios de Nuremberg, porque tuvo un rol central fomentando la solución final», dijo Netanyahu.

Y aseguró: «Hitler no quería exterminar a los judíos en ese momento [1941], él quería expulsar a los judíos». De acuerdo al relato del primer ministro israelí, Haj Amin al-Husseini le planteó a Hitler que no debía expulsarlos, porque sino iban a migrar todos a Jerusalén. «Quémalos», afirmó Netanyahu que instigó al-Husseini, “los judíos quieren destruir la mezquita de Al-Aqsa”.

Vale aclarar que Al-Aqsa (tercer lugar sagrado del Islam), es el sitio donde según las escrituras religiosas judías se alzaba antiguamente el lugar más sagrado para el judaísmo previo a la diáspora: el Templo de Salomón.

Lo dicho por Netanyahu carece en principio de todo rigor histórico: no es cierto que la “solución final” no estuviera en discusión o incluso en funcionamiento antes de la intervención del líder religioso árabe, o que su intervención fuera realmente la piedra angular de su puesta en marcha. Al-Husseini, había llegado a Alemania en 1941 en exilio, ya que se encontraba enfrentado tanto a las organizaciones sionistas que promovían la inmigración ilegal a Palestina desde mucho antes de la segunda guerra, y a la potencia colonial dominante en la región, Gran Bretaña, que amparaba y fomentaba esta inmigración a pesar del rechazo de la población local.

Si bien su papel de colaboración activa con el régimen de Hitler es conocido y debe ser condenado, entre esta colaboración y el rol determinante que se le quiere adjudicar existe un enorme salto. Pensar que la opinión de una sola persona puede determinar de tal forma un proceso histórico de tal magnitud es como mínimo sumamente ingenuo y, como máximo, de una gran perversidad.

La frase de Netanyahu debe ser puesta en el contexto de la situación actual  y vista acaso como un desesperado intento, por un lado, de desvincular conceptualmente la ocupación colonial y la represión como las causas efectivas de de la violencia desatada por parte de civiles palestinos en las últimas semanas. Pero también, un intento desesperado de reconstruir los deteriorados lazos políticos con Europa a horas de su encuentro con Angela Merkel en Alemania.

Crecientemente aislado, Israel corre el riesgo de perder ese apoyo del mundo occidental que ya en el siglo XIX, el padre fundador del sionismo, Theodor Hertzl veía como fundamental para garantizar la existencia misma del Estado.

Incapacitado políticamente de modificar las políticas de fondo que tanto molestan a Occidente, como la construcción desenfrenada de asentamientos ilegales en los territorios, Netanyahu parece interesado en ofrecer algunos “gestos”, tales como torcer la historia de tal forma que Europa sea parcialmente “perdonada” por el holocausto, y los palestinos incorporados seriamente por primera vez a la lista de los “culpables”.

La utilización ideológica del holocausto: una vieja costumbre

Desde que las atrocidades cometidas por el nazismo comenzaron a ser descubiertas al cabo de la segunda guerra, se convirtieron en el argumento primordial que convenció a casi todas las naciones del mundo de la necesidad de “resarcir” al pueblo judío con el otorgamiento de un Estado propio a partir de la partición del territorio Palestino. Desde entonces, las investigaciones históricas demuestran como el holocausto ha sido utilizado por el movimiento sionista para legitimar tanto la creación del Estado de Israel, como la imposición global de su concepción de la identidad judía.

Según la historiadora israelí Idith Zertal, el sionismo fue construyendo un estereotipo judío de la “diáspora”, momento histórico previo a la emergencia del Estado de Israel como un judío “débil”, que “pasivamente” fue conducido al genocidio (ignorando todas las experiencias de resistencia armada ocurridas en el período), en contraposición al judío “fuerte” y combativo del nuevo Estado, que no se deja avasallar por sus enemigos, como forma de legitimación de la cada vez mayor militarización del movimiento y el Estado mismo.

La idea de Israel como el  “gendarme”, que ofrece refugio y protección a los judíos en el mundo, es otra imagen ideológica fuerte que va en ese mismo sentido. Recientemente, Netanyahu ha abonado a esta visión durante episodios como la masacre de Charlie Hebdo y más atrás en el tiempo, las manifestaciones anti-israelíes ocurridas en Europa durante la incursión militar en Gaza del año pasado, alentando a los judíos europeos a abandonar sus países para refugiarse en Israel, único lugar en el que supuestamente lograrían sentirse a salvo de los ataques antisemitas.

Asímismo, la calificación de antisemita o incluso de “nazi” a quienquiera critique al Estado y sus políticas, es otra forma en la que este fenómeno de conexión entre holocausto y sionismo se ha manifestado históricamente.

Este uso ideológico, ha tenido un peso considerable incluso dentro de la propia política interna israelí, en la cual, dos primeros ministros tan opuestos entre sí como Isaac Rabin (uno de los artífices de los acuerdos de paz de Oslo) y Ariel Sharon (representante histórico de la derecha), fueron victimas de violentas campañas llevadas a cabo por partidos de derecha, rabinos ultraortodoxos y colonos israelíes en los territorios palestinos, en las que eran presentados en fotomontajes como “nazis”, con uniforme de la SS y esvásticas. En el primer caso, dicha campaña desembocó en el asesinato de Rabin en 1994, y en el segundo, en una sangrienta resistencia a los desalojos de colonos judíos que Sharon promovió en Gaza en el año 2005.

Pero hay un punto que sin dudas resulta nodal en la relación entre interpretación histórica del holocausto y construcción ideología sionista: la contraposición entre una imagen absolutamente negativa del pasado pre-estatal (de muerte, persecuciones y sufrimientos), que tapa por completo la rica vida cultural y política que desarrollaban las comunidades judías de la diáspora y un presente vital y de absoluta prosperidad en el Estado. Es la idea de Israel como el Estado de y para los sobrevivientes. O aún más, de Israel como símbolo de la supervivencia heroica a la tragedia, el resabio “positivo”, el aprendizaje.

Esta última versión, encuentra sus posiciones más extremas en los diversos grupos de ultraortodoxos sionistas (de nuevo los colonos israelíes que hoy forman parte del gobierno), que sostienen que el holocausto fue un “mal necesario“, una “divina terapia” que Dios provocó para devolver a los judíos de la vida pecaminosa en la diáspora, a la tierra sagrada, Eretz Israel, un paso necesario en la cadena que conduce inevitablemente a la llegada del Mesías. Es alarmante que este sector de la sociedad israelí, sea el que mas crece no solo demográfica sino políticamente, tal y como lo demuestran las últimas elecciones.

En definitiva, si la verdad histórica como tal no existe y está abierta a la lucha por imponerla, habrá que dar batalla porque nunca se relativice, se niegue o se manipule al holocausto con fines oscuros, sean estos los de reinstalar el odio antisemita a nivel mundial, o los de promover a fuerza de miedo o de nacionalismos vacuos, una versión de la historia incorrecta que es funcional a los objetivos geopolíticos del Estado de Israel, pero que pisotea y aniquila el derecho colectivo a la memoria.

@joaquinitoZ

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