Medio Oriente

16 octubre, 2015

Palestina-Israel: lo real que retorna como síntoma

La situación del conflicto palestino-israelí parece hace tiempo haber llegado a un callejón sin salida. La coalición gubernamental derechista de Israel se niega a cualquier tipo de negociación mientras que las dos principales organizaciones palestinas (Al Fatah y Hamas) no logran frenar su desgaste y división interna.

La situación del conflicto palestino-israelí parece hace tiempo haber llegado a un callejón sin salida.
Por un lado, el triunfo electoral absolutamente aplastante de la derecha hace algunos meses ha paralizado por completo las negociaciones con Palestina. La coalición de gobierno que encabeza “Bibi” Netanyahu está formada en su totalidad por partidos ortodoxos religiosos y representantes de los colonos que habitan los asentamientos ilegales de Cisjordania.

Estas agrupaciones rechazan cualquier negociación y no dudarán en abandonar el ya de por sí débil gobierno de Netanyahu. La presión internacional parece no tener ninguna incidencia y las conversaciones de paz han quedado prácticamente sepultadas, más allá de algunos gestos vanos y totalmente vacíos, como si la diplomacia por arte de magia, fuera capaz de resolver situaciones políticas y geopolíticas estructurales sumamente enmarañadas.

La destrucción de viviendas palestinas y posterior colonización en Cisjordania y Al Quds / Jerusalén continúa sin cesar.

Por otro lado, la división y el desgaste de las autoridades palestinas no ha cedido en este tiempo. El prometido acuerdo de unidad entre Hamas y Al Fatah, finalmente nunca se concretó. Hamas se encuentra muy debilitado a causa de la última incursión de Israel en Gaza y aislado diplomáticamente ante la hostilidad egipcia y el acercamiento iraní a Occidente.

El avanzado sistema antimisiles “cúpula de hierro” hace poco efectivos sus ataques aéreos y la relación costo/beneficio de otra escalada del conflicto con Israel le hacen mantener una actitud más cauta que en otras épocas.

El desgaste es aún mayor para Fatah. Si bien ha obtenido resonantes éxitos diplomáticos en los últimos tiempos (el más reciente de los cuales es el reconocimiento en la ONU como Estado observador), su líder Mahmoud Abbás se encuentra deslegitimado y la política moderada de la OLP, que suma fracaso tras fracaso desde la firma de los acuerdos de Oslo en 1994, no goza de la buena reputación de otras épocas entre gran parte de la sociedad palestina.

En este contexto, no debe sorprender tanto la seguidilla de “atentados” con cuchillos desatada en la región en los últimos días. Las autoridades israelíes continúan con su política ilegal de expansión colonial en los territorios palestinos, enterrando con cada pala de tierra removida por las topadoras en Cisjordania las negociaciones de paz. Mientras tanto las dos agrupaciones políticas palestinas más representativas se encuentran paralizadas, sin lograr unificar criterios de acción, y sin saber qué rumbo tomar para lograr algún avance real que impacte en la calidad de vida de los palestinos y palestinas de los territorios ocupados. Tal como Ernesto Laclau y Slavoj Zizek afirman que sucede en todas las situaciones de dominación y exclusión social, y de manera muy similar al inconsciente de los individuos, lo “real”, es decir lo que va quedando sin enunciarse, como “tapado”, “reprimido” y excluido «vuelve” como síntoma.

Es por eso que resulta, cuando menos, de un cinismo atroz, reclamarle a los palestinos abandonar la violencia mientras la ocupación colonial continúa sin el menor atisbo de que vaya a solucionarse en el corto plazo.

Los palestinos, cuyos hogares son devastados por las bombas o las topadoras, que cuentan con cada vez más restricciones para vivir sus ya de por sí limitadas vidas cotidianas, que padecen o están expuestos a padecer la violencia colonial de manera permanente, ante la falta de horizontes de prosperidad en los que apoyarse, se rebelan como pueden, de manera espontánea y desorganizada contra esta situación de creciente injusticia. Es sumamente ingenuo creer que esta violencia puede ser simplemente neutralizada y que allí radica la solución definitiva: lo real que retorna como síntoma siempre va encontrando nuevos caminos.

Antes fueron los atentados suicidas con explosivos neutralizados mediante la construcción de un muro repudiado a nivel mundial; ayer los bombardeos con misiles caseros desde Gaza, en parte bloqueados mediante un potente pero costoso sistema de misiles. Hoy, ¿Qué clase de dispositivo de represión y exclusión ideará el Estado israelí para contener esta nueva “metodología” espontanea?

No importa cuánto se esfuerce el gobierno israelí en negar la realidad de opresión colonial: ésta siempre encontrará una manera nueva de manifestarse. La gran pregunta que todos se formulan es: ¿Serán estos ataques por ahora aislados, el comienzo de otra “Intifada”, es decir, de otro levantamiento civil palestino masivo en los territorios colonizados por Israel, como los de 1987 y 2000?

Las próximas semanas se irá conociendo la magnitud de la rebelión, pero lo que es claro, es que la grave situación y la ausencia total de perspectivas constituyen sin dudas un escenario más que propicio en que un levantamiento de tales características pueda tomar forma. Y quizás sea una rebelión de estas características la que pueda hacer volar por los aires la perversa trama política y geopolítica que se ha ido tejiendo desde hace años hasta llevar al conflicto, al irremediable punto muerto de la actualidad.

Joaquín Zajac – @JoaquinitoZ

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