Medio Oriente

15 octubre, 2015

Palestina, ¿camino a la Tercera Intifada?

La tensión continúa en aumento en Cisjordania y Jerusalén Este, más de dos semanas después del inicio de las protestas. Treinta palestinos y siete israelíes perdieron la vida desde el comienzo de los enfrentamientos.

La tensión continúa en aumento en Cisjordania y Jerusalén Este, más de dos semanas después del inicio de las protestas que empiezan a ser etiquetadas como una “Tercera Intifada”. Treinta palestinos y siete israelíes perdieron la vida desde el comienzo de los enfrentamientos.

El conflicto comenzó con la represión de las Fuerzas Armadas Israelíes a un grupo de fieles musulmanes que rezaban en la Mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén. Este lugar es considerado el tercero más sagrado para el Islam después de La Meca y Medina, y se convirtió en un símbolo de la resistencia de los palestinos, tanto religiosos como seculares.

El temor a una modificación del statu quo en la Explanada de las Mezquitas (donde se encuentra Al-Aqsa junto con el Domo de la Roca) y el rechazo a la represión desataron protestas multitudinarias en Jerusalén Este y distintas ciudades de Cisjordania como Belén, Nablús y Ramallah, entre otras. El lugar tiene vedada la entrada a los judíos para realizar ritos religiosos, aunque se les permite ingresar como turistas.

Las protestas se extendieron a la Franja de Gaza, donde militares israelíes reprimieron con armas de fuego, causando la muerte de al menos 20 palestinos. Además, un ataque aéreo se cobró la vida de una mujer embarazada y su hija de dos años en el barrio de Azzeitoun, al este de la ciudad de Gaza.

En paralelo ocurrieron una serie de ataques al azar con cuchillos en ciudades israelíes, por parte de palestinos. En estos hechos fueron asesinados al menos cuatro personas. Fueron llevados a cabo por jóvenes que, en todos los casos, actuaron de manera solitaria, sin formar parte de ninguna organización.

La extrema derecha, al mando

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, negó cualquier intención de modificar el régimen actual en la Explanada de las Mezquitas (llamada Monte del Templo en la tradición judía). Sin embargo, integrantes de su coalición de gobierno fueron responsables de algunas de las provocaciones recientes en torno al sitio sagrado: el ministro de Agricultura, Uri Ariel, miembro del partido ultraderechista Hogar Judío, difundió un video suyo rezando en la zona. “No es normal y no tiene sentido que un judío no pueda subir al Monte del Templo”, aseguró después.

En tanto, el alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, en un hecho sin precedentes pidió a todos los residentes de la ciudad con permiso para portar armas que las mantuvieran consigo las 24 horas del día. Él mismo fue visto en actitud de patrullaje en un barrio palestino, portando un rifle de asalto.

El gabinete liderado por Netanyahu tiene un amplio número de integrantes provenientes de Hogar Judío y otros partidos de extrema derecha, representantes de los habitantes de los asentamientos ilegales en Cisjordania. Este marco de alianzas es el que le permite al primer ministro mantener la gobernabilidad, por lo que es probable que deba hacer nuevas concesiones, incluso en lo referente a los sitios sagrados de Jerusalén.

Mientras el gobierno se inclina hacía la extrema derecha, la sociedad lo hace aún más rápido. En una encuesta llevada a cabo por el Canal 2 israelí el pasado 12 de octubre, Netanyahu quedó como el tercer líder más capacitado para manejar las protestas palestinas y la ola de apuñalamientos, con el 15% de los votos. Por delante suyo quedaron dos representantes de los sectores más reaccionarios de la política local: el ex ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, y el jefe de Hogar Judío, Naftalí Bennett, con el 22% y el 17% de las preferencias.

A la caza de chivos expiatorios

Después de una reunión de gabinete el pasado domingo, el primer ministro instruyó a miembros del gobierno para que juntaran evidencia que permitiera ilegalizar a la rama norte del Movimiento Islámico, el espacio político más representativo de los árabes-israelíes. Los palestinos que viven en Israel son un 1,6 millones, lo que representa el 20% de los habitantes del país.

En los últimos 20 años, el Movimiento Islámico tomó un rol central en el manejo de la Explanada de las Mezquitas, y su líder, el jeque Raed Salah, acusó a Israel de intentar tomar el sitio sagrado por la fuerza.

Luego de anunciar su decisión, Netanyahu aseguró: “Estamos llevando a cabo discusiones exhaustivas y significativas sobre la posibilidad de ilegalizarlos. No hay duda de que tomaremos fuertes medidas”.

En simultáneo, el premier exigió al procurador general que impute a la diputada del Knesset (parlamento) Haneen Zoabi, por instigación a la violencia, luego de una entrevista en la que supuestamente llamó a los palestinos a reunirse en Al-Aqsa para una “intifada popular”.

“Netanyahu vuelve sobre su truco preferido: crear un enemigo para generar miedo entre sus seguidores. Después de perder la cuestión de Irán, me necesita a mí y al Movimiento Islámico”, aseguró Zoabi. “Su agresión histérica refleja el hecho de que se está volviendo aún más impotente políticamente”.

Además, en referencia a los apuñalamientos, afirmó: “Son una expresión del sentimiento individual de frustración y desesperanza de los palestinos. Terminarán cuando encontremos colectivamente una mejor forma de resistencia”.

Intifadas

La primera ola de protestas que recibió la denominación de Intifada (del árabe, “levantamiento”) ocurrió en 1987, luego de que cuatro trabajadores palestinos fueran arrollados por un camión del ejército israelí en el campo de refugiados de Yaballa.

Lo que comenzó como un enfrentamiento espontáneo, que ganó repercusión por las imágenes de jóvenes con piedras enfrentándose con militares fuertemente armados, rápidamente se convirtió en un levantamiento organizado y dirigido por el Mando Nacional Unificado, integrado por la mayoría de los miembros de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Se prolongó durante seis años y su consecuencia directa fue el inicio de las negociaciones que derivaron en los Acuerdos de Oslo, y la posterior creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en 1994.

La Segunda Intifada o Intifada de Al-Aqsa comenzó en el año 2000, cuando el entonces líder opositor Ariel Sharon ingresó a la Explanada de las Mezquitas junto con cien policías israelíes y repitió la frase que se hizo famosa en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, cuando los israelíes tomaron Jerusalén Este: “El Monte del Templo están en nuestras manos”.

Se extendió durante cinco años y dejó un saldo contradictorio: Israel, por un lado, completó el plan de retirada unilateral de la Franja de Gaza, que desde entonces está bajo control total de las autoridades palestinas, pero al mismo tiempo aumentó la agresividad de su política de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este.

Aún es pronto para determinar si efectivamente estamos ante la Tercera Intifada. Los controles fronterizos en Gaza y Cisjordania, las provocaciones religiosas, el apartheid para los árabes-israelíes y la política de asentamientos llevaron a la población palestina a un punto de no retorno. El propio presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, afirmó recientemente en las Naciones Unidas que el proceso de paz iniciado por los acuerdos de Oslo fracasó. Una nueva etapa en el conflicto más antiguo del Medio Oriente acaba de comenzar.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

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