Nacionales

15 octubre, 2015

Derecho y colonialismo

El nuevo libro de Raúl Zaffaroni, El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo, es un ensayo político sobre la importancia del derecho para combatir o favorecer el colonialismo en nuestra región. Un análisis de sus breves pero contundentes páginas.

El nuevo libro de Raúl Zaffaroni, El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo, es un ensayo político sobre la importancia del derecho para combatir o favorecer el colonialismo en nuestra región. Un análisis de sus breves pero contundentes páginas.

¿Qué rol ha jugado históricamente el derecho en el sometimiento de América Latina? ¿A qué tipo de colonialismo nos enfrentamos hoy? ¿Cuáles son las tareas y los desafíos de los operadores jurídicos (abogados, jueces, etc.) en el mundo que vivimos? ¿Qué potencialidad tienen las leyes para institucionalizar procesos de resistencia de los pueblos frente al poder financiero trasnacional? El nuevo libro de Zaffaroni, publicado recientemente por Ediciones Madres de Plaza de Mayo busca responder estas preguntas.

A pesar de la grandilocuencia de su título y del estilo pomposo y barroco que caracteriza al prólogo a cargo de Matías Bailone, el autor logra un lenguaje llano y muy accesible para el público en general. Si bien se trata de una obra profunda, que toca temas complejos atravesados por la filosofía, la sociología y la ciencia política, donde el autor discute con Hegel, con Marx y Foucault, en las cien páginas que la constituyen no se cae nunca en academicismos, snobismos o intelectualismos que ameriten interrumpir su lectura.

El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo es un manifiesto que hace gala de una sencillez y una claridad expositiva que lo demuestran tributario de una larga tradición ensayística popular en nuestramérica comprometida con los procesos de cambio.

La obra empieza aclarando algunos términos: Qué entendemos por derecho, colonialismo, neocolonialismo, américa latina, liberalismo o globalización. Antes que nada se nos advierte que la palabra derecho no es unívoca, sino más bien equívoca, al igual que las palabras liberalismo o globalización.

Incluso al respecto del concepto de América Latina, la definición parece no ser tan sencilla. Primero, porque la expresión es criticada por algunos como discriminatoria y excluyente de los habitantes de procedencia no latina de estas tierras. Pero aun aceptando su conveniencia política, aparece la discusión sobre la inclusión de otros habitantes de América, por el enorme grupo de latinoamericanos que habitan Estados Unidos, Puerto Rico, Canadá. Es por eso que el autor aclara que elige entender extensivamente el concepto y a lo largo del libro hablará recurrentemente de “patria grande”.

Para Zaffaroni, el colonialismo originario se agotó definitivamente con la desaparición del sistema de producción esclavócrata, gracias a las gestas emancipadoras de próceres como Bolívar, Moreno, Sucre, Monteaguo, San Martín o Castelli, de quienes afirma, “eran verdaderos liberales”. Pero tampoco se acude ya a oligarquías o minorías terratenientes que mantengan a la población en servidumbre, como las que los populismos desplazaron hace un siglo.

El rótulo de globalización para nombrar el momento que vivimos sería perfectamente válido para designar el impresionante desarrollo tecnológico que acrecienta la interconectividad, pero se volvería ingenuo como concepto político al esconder la nueva forma de dominación hegemónica. El colonialismo hoy, sostiene, se vale de la opinión pública, convenientemente formateada por los medios masivos de comunicación, que forman parte del capital transnacional.

A través de su diagnóstico económico, el jurista afirma una posición política: “No parece darse una opción entre capitalismo y socialismo en el viejo sentido del siglo pasado, sino entre un capitalismo productivo más o menos razonable, frente a otro monopólico y financiero que sólo busca provocar y concentrar renta”.

En este orden de cosas, el campo jurídico cobraría un protagonismo fundamental, ya que el modelo de sociedad excluyente que promueve el colonialismo se opone a lo que el autor denomina “derecho humano al desarrollo”, concepto por el cual sintetiza los derechos sociales que han adquirido jerarquía constitucional en el mundo a partir de la Revolución Mexicana de principios de siglo XX. Así es que el capitalismo financiero se vuelve fuertemente violento y criminal, generando resistencias populares para las cuales el derecho deja de ser una expresión enemiga y se convierte en una herramienta de lucha.

A los largo del libro, el autor retoma algunas de sus principales preocupaciones desarrolladas anteriormente con profundidad en distintas obras, como los crímenes de masa, el paradigma de los derechos de la naturaleza o la idea de una criminología mediática. Quizá la más contundente apreciación sea que existe un genocidio por goteo en marcha en América Latina, provocado fundamentalmente por la desigualdad y fogoneado por la propaganda punitivista de los medios masivos, que convierten a las víctimas en victimarios.

Sobre la necesidad de enfrentar al colonialismo desde el derecho, el autor señala: “Todo intento de replanteo de la teoría jurídica debe cuidarse de caer en el romanticismo jurídico, que es también otra irracionalidad importada, que pretende que el derecho surge espontáneamente de los pueblos, de la conciencia popular, del sentido innato de justicia, de la historia, de la intuición de los pueblos, etc”. Y continúa: “Es necesario advertir este riesgo porque es muy tentador cerrar un discurso con un elemento autoritario irracional de esta naturaleza y, aún más fácil es construir un discurso romántico demagógico para conseguir aplausos, que seguramente no faltarán”.

Sin embargo, hacia el final de la obra se hace un especial hincapié en la necesidad de construir un derecho anticolonial y formar operadores jurídicos populares, denunciando el vaciamiento político de la currícula de las facultades, que pretenden reducir la formación del jurista a la de un “tramitador técnico”.

Además se propone un programa de reformas pertinentes en la legislación regional empezando por la desincriminación del consumo de drogas como primera sugerencia, pero “no la simple legalización propuesta por los gurúes del mercado”, previene. Las policías de la región también necesitan pasar por una reforma. Autonomizadas del poder político generan sus propias fuentes de recaudación y aumentan su poder al punto de amenazar la estabilidad democrática.

Finalmente se menciona la cuestión agraria, para lo que recomienda, por la complejidad de la materia, pensar en un código especial que regule la propiedad de la tierra, los contratos de crédito, la transmisión hereditaria, etc.

La regulación y limitación de la propiedad de los medios de comunicación, para Zaffaroni debe ser objeto de una reforma constitucional, al igual que el sistema de gobierno, para preservar a las fuerzas y los movimientos políticos de resistencia al colonialismo.

El autor concluye con un canto fe en el derecho. Pero se justifica: “Fuera del derecho, en la violencia, el colonialismo sabe que lleva ventaja, que toda violencia le sirve de pretexto para legitimar su genocidio y matar más, que en el peor de los casos, si llegase a perder, sólo sería con costos muy dolorosos para los pueblos, difíciles de reparar, a veces imposible”.

La pregunta es: ¿No lleva ventaja el colonialismo también en el mundo del derecho? Sin dudas esta breve pero contundente obra contribuye a achicar esa brecha, pero queda mucho camino por recorrer.

Nicolás Fava – @favanico

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