Mundo Gremial

4 mayo, 2015

Violencia contra los trabajadores del Molino Osiris

Hace poco más de una semana, una patota ingresó por la fuerza y con armas de fuego al Molino ubicado en el barrio de Parque Patricios. La intervención de Prefectura y la resistencia de los trabajadores evitaron el desalojo.

Hace poco más de una semana, una patota ingresó por la fuerza y con armas de fuego al Molino ubicado en el barrio de Parque Patricios. La intervención de Prefectura y la resistencia de los trabajadores evitaron el desalojo.

El último 24 de abril alrededor de las 22 hubo otro intento de desalojo a los trabajadores del Molino Osiris. La rápida actuación de la Prefectura frustró a los matones, quienes habían ingresado por un portón lateral de la fábrica que fue abierto por la seguridad privada. Esto llevó a los obreros a sostener que fueron los dueños del molino quienes enviaron a los agresores.

Al respecto, Ramón Escalante, uno de los ocupantes de la harinera, sostuvo a Télam: “Fuimos amenazados con armas de fuego, lo único que queremos es trabajar para darle de comer a nuestros hijos”.

Escalante añadió: “Vamos a resistir, pero no queremos ser golpeados ni sufrir amenazas por parte de patotas enviadas por los dueños de la empresa”. En este sentido, ya se cumplieron seis meses desde que los trabajadores se decidieron a ocupar pacíficamente la planta de Pedro Chutro 3168.

Todo comenzó cuando de un día para el otro y sin ningún tipo de aviso, el último molino de la Ciudad de Buenos Aires cerró sus puertas dejando a 30 familias en la calle. La patronal no sólo no pagó la indemnización correspondiente, sino que tampoco explicó el por qué del cierre.

Al momento de cerrar sus puertas, Molino Osiris estaba produciendo normalmente y no había bajas en las ventas. Luego de un primer momento de parálisis por la sorpresa, el 4 de noviembre de 2014 los trabajadores se decidieron a defender sus puestos de trabajo y tomaron pacíficamente las instalaciones.

Ante el rechazo de la patronal a continuar con la actividad o a negociar un acuerdo, los molineros vieron con buenos ojos la conformación de una cooperativa donde ellos mismos lleven a cabo todo el proceso de trabajo en el molino. En este sentido, el 19 de abril se volvió a producir, pero esta vez bajo el control total de sus trabajadores.

El origen del conflicto

Si bien el cierre del molino fue repentino y sin ningún tipo de explicación, los trabajadores tienen una hipótesis: sostienen que los dueños de la empresa quieren vaciarla para vender el terreno, lo que significaría un negocio millonario.

El molino se encuentra enclavado en Parque Patricios, a metros de la nueva sede del Gobierno de la Ciudad. Este edificio, junto con las exenciones impositivas que propicia el «Polo Tecnológico» instalado en la zona, aumentó el precio del metro cuadrado de la tierra. Esto trajo a nuevos actores y expulsó a otros.

Los nuevos son aquellos que tienen el suficiente capital como para poder realizar grandes inversiones inmobiliarias. Los expulsados son los vecinos históricos del barrio.

Parque Patricios es un barrio con una gran parte de su población nacida allí, con comercios, casas bajas y algunas fábricas o talleres. Estas personas quedan fuera del llamado “boom inmobiliario” que atraviesa el sur de la CABA y que, como se ve, también conlleva una renovación de la población original.

Santiago Lecuna – @santirayado

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