América del Norte

14 abril, 2015

Cumbre de Panamá: El regreso de Martí y Bolívar

La VII Cumbre de las Américas desarrollada en la ciudad de Panamá entre el 10 y el 11 de abril representó una victoria contundente de la estrategia de unidad y resistencia antiimperialista. Cuba regresó a un ámbito de la OEA con la dignidad intacta y Venezuela obtuvo un apoyo unánime de América Latina y el Caribe ante las amenazas de EEUU.

La VII Cumbre de las Américas desarrollada en la ciudad de Panamá entre el 10 y el 11 de abril representó una victoria contundente de la estrategia de unidad y resistencia antiimperialista. Cuba regresó a un ámbito de la OEA con la dignidad intacta y Venezuela obtuvo un apoyo unánime de América Latina y el Caribe ante las amenazas de EEUU.

Cada bloque antagónico construyó política para su escenario ideal durante meses. EEUU apuntaba a un regreso de Cuba empañado por el protagonismo de los sectores contrarrevolucionarios articulados desde Miami, amplificado por los medios internacionales, que planteaban una suerte de “regreso con condiciones”: la progresiva restauración del capitalismo y su sistema de democracia liberal. Mientras tendía la mano de esa forma -el mismo objetivo, diferentes tácticas-, la principal potencia militar anhelaba también acorralar a Venezuela, como continuidad y profundización de la estrategia desarrollada desde principios de 2013.

La opinión pública y la opinión de los pueblos

Los foros paralelos a la reunión de presidentes, especialmente el de la llamada “sociedad civil”, serían las plataformas para la condena a los regímenes castrista y chavista, utilizando a favor de ello a ONGs financiadas por el Departamento de Estado a través de la CIA y la NED.

Así, el país con mayor cantidad de violaciones a la democracia, a la autodeterminación, a los derechos humanos, a la libertad de expresión y al derecho internacional en todo el mundo, incluido su propio país, pretendía a través de las ONGs, en articulación con los grandes medios privados, condenar a los países independientes e instalar como única visión su concepto de democracia representativa liberal, al servicio de “los mercados”.

Garantizados (teóricamente) los escenarios en los Foros de la Sociedad Civil, Empresarial y de la Juventud, EEUU presionó a los países de la Caricom en los días previos a la Cumbre, para contrapesar la firme respuesta de Unasur. Pero no pudo evitar su derrota.

A pesar de la discriminación a las organizaciones populares, que fueron excluidas casi en su totalidad, las delegaciones de Cuba y Venezuela lograron que el pretendido paseo por el Foro de la Sociedad Civil se transformara en su contracara.

La desacreditación del 40% de la delegación cubana, la prohibición de ingreso a la de Puerto Rico y buena parte de la venezolana, las provocaciones de la derecha de Miami y Venezuela -con la participación incluida de personajes como Felix Rodríguez Mendigutía, agente de la CIA y responsable del asesinato del Che-, más todo el arsenal mediático desplegado en esas circunstancias, no pudieron callar la voz surgida de la participación real de estas sociedades.

Quizás la imagen que sintetiza con mayor claridad este enfrentamiento -y su resultado- la ofreció la discusión ante las cámaras, en la puerta del hotel Panamá entre Lilian Titori, esposa del líder derechista Leopoldo López y Yendry Velázquez, integrante del Comité de Víctimas de las Guarimbas y el Golpe Continuado.

Tintori, que estaba acreditada oficialmente, pretendía igualarse y “abrazarse en el dolor” con Velázquez, que fue excluida y es la viuda del capitán de la Guardia Nacional Bolivariana, Ramzor Ernesto Bracho, uno de los asesinados por francotiradores durante las guarimbas de 2014.

“Tu esposo está vivo, el mío está muerto gracias al tuyo”, dijo Velázquez, recordándole a Tintori el llamado a derrocar la democracia venezolana liderado por su esposo y avalado por EEUU. Las protestas, presentadas internacionalmente como pacíficas, contaron con este y otros graves hechos de violencia paramilitar.

CELAC – Norteamérica

La Cumbre de presidentes terminó sin una declaración consensuada -por la oposición minoritaria de EEUU y Canadá-, pero la totalidad de los países de América Latina y el Caribe rechazaron el decreto de Obama y ratificaron un camino de integración y respeto a la democracia.

Aún los países aliados a Washington se vieron obligados a despegarse de la política de EEUU, que en los últimos días, previendo el nuevo escenario abierto tras la amenaza del 9 de marzo, ensayó gestos de distensión, intentando no quedar tan descolocado.

Los gobiernos del ALBA, encabezados por Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Venezuela posicionaron una línea de soberanía que fue acompañada con firmeza por Argentina, Uruguay y varios países de Centroamérica y el Caribe, como El Salvador, Trinidad y Tobago, San Vicente y las Granadinas, entre otros. Más allá de las diferencias de proyectos y motivaciones -que no dejan de tener su importancia-, la relación de fuerzas global expresó una nueva época, dándole a la Cumbre un carácter histórico.

Los medios privados, ante la situación, intentan ahora presentar como un triunfo la supuesta ubicuidad de Obama, quien se reunió con Raúl Castro y brevemente con Maduro. El diario El País de Madrid se apresuró a hablar de “reconciliación con América Latina” . Para los cálculos previos -publicados incluso en ese mismo periódico-, bastante módico resulta este nuevo objetivo. Lo cierto es que hasta esas reuniones presidenciales, en las condiciones en que se desarrollaron, dicen mucho del fracaso de las políticas agresivas del Departamento de Estado, que polarizaron el juego y terminaron perdiendo por goleada. Mientras rogaban por un empate, les queda forzar la mirada para celebrar algún tanto de descuento.

Con la compañía ampliamente mayoritaria del continente, Cuba mantuvo sus demandas históricas: su retiro de la lista de países patrocinantes del terrorismo que increíblemente aún mantiene EEUU, el cese del bloqueo y la devolución del territorio ocupado de Guantánamo.

El presidente Nicolás Maduro le planteó a EEUU cuatro condiciones: 1. Reconocer la independencia y la soberanía de Venezuela y la existencia de la Revolución Bolivariana; 2. Derogar la orden ejecutiva del 9 de marzo; 3. Desmontar la guerra psicológica, económica, política y militar que se organiza desde la Embajada de EEUU en Caracas; 4. Tomar las medidas legales para detener la conspiración y el golpe de Estado permanente que se desarrolla desde Miami y otras ciudades de EEUU.

Como una propuesta concreta de una estrategia de mayor radicalidad y perspectiva histórica, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, pidió convertir a la OEA -y por lo tanto, a la Cumbre de las Américas- en un encuentro entre la CELAC y América del Norte.

EEUU está obligado ahora a una maniobra de retroceso con el fin de calmar las aguas. Pero los procesos no se detienen y más allá de las formas, su maquinaria seguirá con los objetivos trazados, en búsqueda de nuevas tácticas. América Latina y el Caribe, con una victoria singular y una composición de proyectos heterogénea -e incluso con un horizonte de posibles retrocesos en la política exterior de varios países, como en Argentina-, continuará el desafío de hacer realidad el sueño de la Patria Grande.

Desde ya, nada está definido en esta guerra por los territorios, que se libra desde hace dos siglos. Pero los balances y las propuestas que surgen de esta batalla orientarán la pelea de los próximos diez años, que volverá a enfrentar una y otra vez a Bolívar contra Monroe.

Fernando Vicente Prieto y Gonzalo Armúa, desde Ciudad de Panamá – @FVicentePrieto

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