Medio Oriente

6 abril, 2015

Irán y EEUU: Dando vuelta la página

La semana pasada, luego de varios meses de negociaciones, delegaciones de Irán y el grupo del G5+1, compuesto por Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania, llegaron a un acuerdo sobre el plan nuclear del país persa a cambio del levantamiento de las sanciones económicas.

Con un nuevo conflicto de dimensiones regionales desenvolviéndose en Yemen, la guerra civil en Siria estancada pero aún vigente y las organizaciones terroristas sufriendo derrotas en Irak pero encontrándose lejos de estar acabado, en estos días se ha vivido un momento bisagra en la región y en el status político de uno de sus principales actores, la República Islámica de Irán.

Tras meses de minuciosas negociaciones, avances y retrocesos, los equipos diplomáticos del G5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) han terminado las negociaciones con su contraparte iraní en torno a los aspectos técnicos del acuerdo concerniente al plan de desarrollo nuclear de la República Islámica. Resta esperar hasta el 30 de junio, fecha programada para la firma del acuerdo definitivo.

El acuerdo estipula que Irán reducirá su plan a una planta, ubicada en la ciudad de Natanz, habilitada para el enriquecimiento de uranio, y procederá a reducir gradualmente en los próximos diez años el número de centrifugadoras necesitadas para el proceso. Inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de las Naciones Unidas tendrán garantizado plena libertad para seguir y supervisar su progreso. Irán además se deshará del material acumulado y reorientará la función de otras instalaciones hacia fines de investigación.

De esta manera, la nación persa podrá continuar con el desarrollo de un programa nuclear con fines pacíficos, tan necesitado para diversificar la matriz energética de este país con casi 80 millones de habitantes. A cambio, la reducción de sus capacidades reasegurará a la comunidad internacional que ha anulado todo potencial programa nuclear con fines armamentísticos.

A cambio, las seis potencias se han comprometido a levantar las sanciones económicas que desde hace años han sofocado la economía del país. Las sanciones, impuestas desde 2006 con especial énfasis sobre los sectores comercial y financiero, tuvieron el efecto de fortalecer la determinación de sus dirigentes y buena parte de la sociedad iraní, haciendo de la cuestión nuclear una meta nacional.

Sin embargo, la pérdida de inversiones y el cierre de mercados, acompañado por la última crisis en los precios del petróleo, estrecharon las presiones sobre la economía doméstica, incentivando el alza de precios en servicios, alimentos y bienes importados, dirigiendo el grueso de la presión a la población.

Vencedores y Vencidos

La noticia fue recibida con gran júbilo en las calles de Teherán y otras ciudades iraníes. El equipo de técnicos y negociadores, encabezado por el canciller Mohamad Javad Zarif, fue recibido entre cantos y bocinas, como si fueran parte de un plantel deportivo en lugar de una delegación diplomática.

Zarif describió al acuerdo como uno en donde ambas partes ganaron. En su mensaje al país, el presidente Hassan Rouhani felicitó a la delegación y a la sociedad iraní toda, al mostrar la determinación para abrirse al diálogo con la comunidad internacional “sin sometimientos”. Clérigo de la primera generación que vio el ascenso de la revolución de 1979, Rouhani ha sido clasificado como un moderado con fuertes credenciales diplómaticas. Miembro del Consejo Supremo de Seguridad Nacional en los años 90, él mismo encabezó en varias ocasiones misiones diplomáticas concernientes a la cuestión nuclear.

Su elección como presidente en 2013 fue saludada dentro y afuera, como una señal esperanzadora hacia un deshielo de las relaciones entre Teherán y Occidente. Con este acuerdo, habrá cumplido una de sus promesas de campaña, garantizándose una gran victoria ante el sector de línea dura, más identificado con la posición beligerante que caracterizó los dos mandatos de su antecesor, Mahmud Ahmadineyad, y ganándose el favor del Líder Supremo de la Revolución, el Ayatollah Alí Khamenei.

Similares fueron las reacciones de funcionarios del gobierno sirio. Un entendimiento histórico de su aliado con EEUU es visto desde Damasco como la posibilidad para presionar a la oposición y sus socios externos para deponer las armas y dar una solución política a la guerra civil que garantice la continuación de las instituciones.

Diferente fue la reacción de otros poderes regionales. Como adelantó en su discurso ante el Congreso estadounidense, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu condenó el acuerdo, afirmando que su país no tolerará que haya un Irán nuclear. Como ya hizo anteriormente, aseguró que ninguna respuesta queda descartada, aludiendo a la posibilidad de un ataque preventivo.

Se trata de una profundización en el desencuentro entre Washington y Tel Aviv, que viven el momento más frío de sus relaciones. Similares reacciones, aunque en tonos más ambiguos, se han dado desde Turquía y Arabia Saudita, rivales de Irán con intereses enfrentados en otros escenarios de conflicto como Siria y Yemen.

El propio Obama enfrenta un escenario complejo en casa. Si bien se trata del principal (y quizá único) éxito de la política de su administración hacia la estabilización de la región, enfrentará una fuerte oposición de la mayoría republicana en el parlamento, donde predominan posiciones de tipo militarista y pro israelí.

Julián Aguirre – @julianlomje

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