Cultura

26 marzo, 2015

Xavier Dolan: Nadie se atreva a tocar a mi vieja

Con el estreno esta semana de Mommy, la quinta película de Xavier Dolan, llega a la Argentina el último grito del gran nuevo cine extranjero. Complejos de Edipo, recambios generacionales y la herencia de Godard.

Con el estreno esta semana de Mommy, la quinta película de Xavier Dolan, llega a la Argentina el último grito del gran nuevo cine extranjero. Complejos de Edipo, recambios generacionales y la herencia de Godard.

El lenguaje toma caminos frecuentemente inesperados a la hora de desembarcar en el imaginario. Más allá del cine, la música o demás canales comunicativos, existe uno más poderoso que establece fuertes distancias y acercamientos: el idioma. El hecho de que el (para muchos) heredero más notable de Godard y Truffaut hable en francés y no haya nacido en la tierra de Napoleón es una casualidad tan extraña como inesperada.

Xavier Dolan, a sus 25 años, ha llegado para quedarse a fuerza de historias que cuestionan la moral clasemediera canadiense con una vuelta de rosca que se aleja de los lugares comunes del progresismo cinematográfico. Mommy da cuenta de ello con una óptica peculiar y llega esta semana a la Argentina sobrepsicoanalizada.

Diane Després es una madre soltera con un hijo adolescente por demás problemático. Además de tener que lidiar con el joven, debe definir un rumbo en el que pueda encontrar qué hacer con su vida. Como mediadora necesaria entre Diane y el imprevisible chico, aparece en su vida una vecina, ex profesora y extremadamente sensible que echa un halo de razón y contención entre madre e hijo. La dinámica que genera su aparición se desarrolla estableciendo el papel de amiga y confidente de la madre y, a su vez, de compañera y rectora del hijo.

En principio es difícil establecer desde la perspectiva de quién se presenta la tríada. Si por la historia cinematográfica del propio director nos guiamos, Mommy se relata desde los ojos de Steve, ese indómito y locuaz joven que por momentos es un animal en el cuerpo de un chico y, por otros, un ser indefenso en un mundo que no lo comprende. Haciendo una lectura que repare en el salto madurativo de Dolan por otro lado, podemos centrarnos en el punto de vista de Diane, esta madre soltera que sortea diferentes obstáculos a la hora de criar, no solo a su hijo, sino su propia existencia.

El fin de un lenguaje

Hablar de Xavier Dolan solamente como el director canadiense que voló por los aires la crítica del cine independiente a la corta edad de los 19 años con su ópera prima Yo maté a mi madre (2009) es subestimar su prolífica obra. Con cinco películas en su haber demostró tener las cualidades narrativas suficientes para construir una resaltable marca de autor. Sus historias giran en torno a desnudar la miseria de las clases medias acomodadas de Canadá de una manera cercana, por momentos autobiográfica y marcadamente genuina.

Lejos de ponerse en el lugar de antropólogo social de parte del progresismo cinéfilo a lo American Beauty, Dolan logra defender su título de heredero de la Nouvelle Vague francesa de Godard (con quien recibió el premio del jurado en Cannes) y Truffaut (a quien le realiza un homenaje, quizá subconciente, en una de sus primeras películas).

Su mirada sincera recorre un camino centrípeto, de adentro hacia afuera, a la manera que lo hicieron los grandes directores de la nueva ola francesa y el neorrealismo italiano. Esto se hace patente en su Yo maté a mi madre, exteriorizando a través de la (otra) historia entre una madre y su hijo su propia manera de lidiar con la homosexualidad, o en Los amigos imaginarios enfrentando a toda la comunidad bienpensante occidental su manera de ver la liberalización sexual en un grupo de tres amigos sin miradas moralistas pero tampoco obsecuentes.

En Mommy, filmada en 35 mm con una relación de aspecto propia de la televisión, contemplamos al Dolan más maduro, alejándose de los clichés del cine indie más cercano a los filtros quemados y las cámaras lentas que a la crudeza de un relato auténtico. Aunque si debemos definir un estilo de Dolan debemos concentrarnos más en los actores y actrices que repiten sus rostros en varias de sus obras, como Anne Dorval y Suzanne Clement, que a la puesta de cámara, notablemente versátil de un film al otro. Esto da cuenta, contrariando nuestra premisa de no resaltar la corta existencia de este autor, de la incesante búsqueda motorizada por la juventud de Xavier. Si con cinco películas en seis años escribió las primeras páginas de su historia, no puede ser malo el resto del relato de este joven director canadiense.

Iván Soler – @vansoler

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