Cultura

21 enero, 2015

George Orwell como periodista

El 21 de enero de 1950 falleció el escritor, ensayista y periodista inglés Eric Blair, conocido por su pseudónimo: George Orwell. El autor de 1984 tiene, además de novelas -sin las que es imposible entender el siglo XX-, una obra periodística gigantesca y unas cuantas producciones fronterizas.

El 21 de enero de 1950 falleció el escritor, ensayista y periodista inglés Eric Blair, universalmente conocido por su pseudónimo literario de George Orwell. El autor de 1984 tiene, además de un puñado de novelas sin las que es imposible entender el siglo XX, una obra periodística gigantesca y unas cuantas producciones fronterizas.

En este nuevo aniversario de su muy prematura muerte (contaba con apenas 46 años), producto de una salud precaria pero también de una vida aventurera como pocas, elegimos evocar su faceta periodística (menos conocida pero no menos interesante que la literaria).

Durante años el oficio principal de Orwell fue el periodismo. Desde allí hizo escuela, definiendo no sólo un estilo sino también una ética del periodista y convirtiéndose en modelo y santo patrón para colegas de todo el mundo.

En su breve texto Por qué escribo, el autor de Rebelión en la granja cuenta: “Desde muy corta edad, quizá desde los cinco o seis años, supe que cuando fuese mayor sería escritor”. Pero también recuerda que “entre los diecisiete a los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir”.

Acabada esa cuarentena literaria autoimpuesta, sus primeros vínculos con el periodismo datan de su época de vagabundeo parisino (relatado en Sin blanca en Londres y París), cuando se ofrece en enero de 1929 para trabajar como corresponsal del Worker´s Life, precursor del “rojo” Daily Worker (la inteligencia inglesa lo tuvo bajo observación por su izquierdismo desde este momento y durante doce años).

A su regreso a Inglaterra subsistió míseramente gracias a sus colaboraciones para el periódico New Adelphi, para las que adopta el nombre de guerra de George Orwell que luego lo acompañaría en toda su carrera literaria.

A inicios de la revolución española de 1936 se convence de que en España se juega buena parte del destino del siglo y decide alistarse para combatir al franquismo. Así es que acaba enrolado en las milicias anarquistas del POUM. De esta experiencia nacerá su novela periodístico-biográfica más famosa Homenaje a Cataluña (1938). Esta joya, que nos abre una ventana a la cotidianeidad de los eventos revolucionarios españoles, es además la tercera y última de las que podrían considerarse como sus tres novelas de no-ficción.

Adelantándose en casi 20 años tanto al Nuevo periodismo norteamericano como a nuestro Rodolfo Walsh, Orwell escribió en 1933 Sin blanca en Londres y París (horrible traducción del título, que a veces también se consigue como Los desplazados) y en 1937 El camino de Wigan Pier (en el que refleja experiencias de un viaje por el norte de Inglaterra, donde convive con la clase obrera más pauperizada del país).

A su vuelta a Gran Bretaña, luego de haberse retirado herido de una España donde ya era innegable ka clara derrota revolucionaria, subsiste escribiendo reseñas de libros para el New English Weekly. Se trata de un trabajo que llega a odiar (“la reseña prolongada e indiscriminada de libros es un trabajo excepcionalmente desagradecido, irritante y agotador”) pero que luego retomará reiteradamente.

Ya con la Segunda Guerra Mundial en curso Orwell comienza a trabajar para el Servicio Oriental de la BBC en programas propagandísticos dirigidos a obtener el apoyo de la India y del Este asiático para los aliados. Rápidamente asqueado de esta experiencia (destinada a “propagar mentiras, encender el odio y exigir una paz vindicativa”), se convierte en columnista y editor literario del Tribune, un semanario de izquierda.

De esta época es su brillante columna As I please, publicada entre 1943 y 1945, en la que pinta inolvidables retratos de la Gran Bretaña en guerra, del racionamiento, los bombardeos y los apagones.

En 1942 ya había comenzado a colaborar con el Observer, donde publicó decenas de artículos y reseñas, así como también algunos pequeños ensayos tales como El león y el unicornio, acerca del porvenir del socialismo en Inglaterra.

Orwell continuó publicando en este periódico hasta el día de su muerte y probablemente esa producción constituya su obra periodística más destacada. Aquí escribió crónicas sobre el conflicto bélico en el Reino Unido y corresponsalías de guerra desde Francia y Alemania, además de algunas brillantes reseñas de libros. Con su habitual claridad y precisión, valoró la obra de algunos de sus contemporáneos del calibre de Aldous Huxley, T. S. Eliot o H. G. Wells (de quien se cuenta que luego de una de sus críticas le retiró la palabra). También reseñó allí a Hayek, Conrad y O’Casey, así como al Nosotros de Evgeny Zamiatin -directa inspiración no reconocida para su posterior 1984-.

Autor de algunas de las más inolvidables definiciones sobre el oficio periodístico (“La libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quieren escuchar” o “En un tiempo de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”) así como de un famoso ensayo sobre la libertad de prensa, también supo dejar un clarísimo hexálogo de recomendaciones para los escritores de noticias:

1- Nunca usen metáforas, símiles o figuras retóricas que están acostumbrados a ver impresas.
2- Nunca usen una palabra larga cuando pueden decir lo mismo con una corta.
3- Si es posible quitar una palabra, siempre quítenla.
4- Nunca usen voz pasiva si pueden usar voz activa.
5- Nunca usen una frase extranjera, palabra científica o jerga si hay un equivalente en su idioma.
6- Prefieran romper estas reglas antes de escribir algo barbárico.

Dos de sus modelos literarios más queridos fueron Jack London y Johnatan Swift, no casualmente ambos también periodistas y escritores. De ellos, y de su eterna preocupación y desconfianza respecto del lenguaje, aprendió a cultivar un estilo límpido y despojado, aunque nunca excento de sentido del humor.

Según señala Raymond Williams (en un estudio por otra parte injustamente crítico de Orwell), su escritura se asienta en primer lugar sobre la “observación certera de la experiencia ordinaria”, para ser luego sometida a un proceso literario en el que “imaginación” y “recursos formales” se subordinan al deseo de escribir, antes que nada, “buena literatura”.

En tiempos de debates mundiales acerca de la libertad de prensa y los límites del periodismo, siempre vale la pena recordar a uno de los más brillantes periodistas políticos de la primera mitad del siglo XX, quien supo decir: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.

Pedro Perucca – @PedroP71

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