Cultura

10 diciembre, 2014

El mejor día de Lionel Messi

Fulbotopías, una serie de mundos futuros posibles cuyo epicentro está en el balonpié. En esta ocasión, el recuerdo del día en que Messi asesinó a la comisión directiva de la FIFA y las sociedades estadiocéntricas.

Hola Claudio, ¿cómo andas?, soy Federico de La Plata. Te escribo porque me sucedió algo muy raro, vos tenés que ver; no se sí es una broma o qué. Lo que encontré me dejó absorto, muy cerca del horror: una carta tuya; una muy rara. Escrita de tu puño y letra pero con fecha en el futuro. No se si es una joda, quiero pensar que sí. Que la hayas escondido entre las pilas de apuntes y notas en tu última visita, como tendiéndome una emboscada para que yo la encuentre.

La carta, como decía, está fechada en el futuro, dentro de unos cincuenta y seis años: 2070. En ella me decís que todo ha cambiado drásticamente en el mundo a raíz de una crisis sanitaria, producida por una epidemia africana, más la crisis del capitalismo europeo. Y el detonante de todo es cómico, curioso y bizarro: el trágico episodio que protagonizó Messi en la final del mundial de Rusia 2018, cuando volvió del entretiempo con las fauces repletas de merca y una M-60 colgando de sus brazos, y acribillo a tiros al seleccionado de Alemania, al de Argentina y a toda la Comisión Directiva de la FIFA, para luego pegarse un tiro. “La masacre de Lio”, o “la final negra” como se la conoció, fue televisada masivamente a todo el mundo, del mismo modo que se televisaron todos los partidos. Millones de espectadores fueron testigos del horrendo y bizarro episodio.

El impacto mediático fue tan grande, que las masas proletarias y populares, lograron entender el hondísimo daño que había producido el capitalismo financiero internacional en un pibito que a fuerza de jeringazos en las piernas y voluntad logró torcer su destino hasta convertirse en el diez de la selección nacional. Las gentes del orbe entero comprendió entonces, a través de las sangrientas imágenes transmitidas en HD, como la guita había estropeado al mágico pibe. Tan fuerte y triste fue lo visto que las defensas inmunológicas de la población cayeron a niveles peligrosísimos, haciendo que la peste africana arrasara con el 40 % de la población mundial.

Lo que surgió luego del amargo transito una crisis política y social sin precedentes. Pones como analogía el impacto de la llegada del europeo en los pueblos originarios. Luego de tal crisis se constituyó un nuevo régimen fundado en la pasión más pura y genuina del pueblo. Bajo la consigna “nunca más el capitalismo arruine a los pibes” se fundó un orden revolucionario, que intentas explicarme en la extensa carta. Me quedo con el nombre que usas para llamar al nuevo régimen: “las fulbotopías”.

Decís que ya no existen los países, que solo hay fulbotopías, lugares fulbolísticos que están organizados en base a un territorio que rodea a un estadio, como la vieja plaza del pueblo. Un estadio en el centro y la unidad política es lo que se organiza a su alrededor. La organización política nacional se ha disuelto en ligas (ya no más países) de las que participan las distintas fulbotopias. Son regionales; nombrás algunas, por ejemplo: la del Rio de la Plata, la del Litoral, la Cuyana, la del Antiplano. Algunas de estas ligas están federadas en una supra regional. Ya no más Argentina, Brasil, Uruguay, Chile…

Lo que puedo interpretar de tu crónica del futuro es que el pueblo se ha cansado de que el fulbo sea la sierva del capital financiero. Me hiciste acordar de la Esparta antigua, esa cultura particular que disponía todo para la guerra. También me recordé de la Europa medieval y su centralidad religiosa, definiendo el sentido completo de la vida. Entonces me di cuenta que ése es el mundo que me pintas en la carta. El mismo lugar de la guerra en Esparta, o la religión de la Europa medieval, lo tiene el fulbo en ese mañana que relatas.

Sí, una sociedad en la cual el fulbo es el alfa y omega, que organiza la vida, el comercio y la religión. El fulbo hoy es insumo para otra cosa que organiza nuestras vidas: el capitalismo financiero internacional. De ese capitalismo se cansan los pobres y trabajadores del futuro, y el punto de inflexión es la pulga reventando a tiros a los jugadores más caros de la historia, haciendo entrar en crisis a todos los bancos, aseguradoras, agencias de apuestas, grupos inversores, clubes de fulbo, carteles petroleros. Con una simple ametralladora que supo entrar en el baúl de su Audi último modelo, al mejor estilo Heisemberg. El capitalismo financiero post moderno, que tanto se jactaba de su flexibilidad, de su poder de acomodamiento, jamás se recuperó del increíble golpe asestado por el Messias.

Me preocupa tu respuesta a esta carta. Una de las cosas que contás me hace sospechar en la veracidad de la misma, y es que no pintas un mundo donde todo esté bien.

Lo que no puedo imaginarme cómo es eso de planteles de primera división hipermasivos, de doscientas cincuenta personas. No han sobrevivido los Estados Nacionales pero sí los Clubes de Fulbo. No puedo hacerme la idea de un mundial por año. Y lo más sorprendente de todo es que se haya prohibido de modo tajante todo negociado relativo a su televización. No más “Futbol para todos”, sino fulbo de todos. Está terminantemente prohibida la transmisión de los partidos. Por lo que contás, los Estadios son bastante más importante en tamaño y significancia.

Ojala pueda encontrar la foto que decís mandarme en la carta: la estatua colosal que han erigido donde antes estaba el obelisco, en la cual D10S lo toma en brazos al Messias, perdonándolo por los crímenes de aquella final y recordándole a las masas el poder de corrupción que tiene el capital sobre el fulbo… Me gustó la frase que han tallado en su base “el oro nunca debió dejar de ser el sudor de los dioses jugando fulbo; todo comenzó a andar mal cuando se fundió para acuñar moneda”.

Espero con ansias tu respuesta inmediata, vernos pronto para analizar el documento.

Abrazos,

Federico.

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