América Latina

31 octubre, 2014

Brasil: Una derrota después del triunfo

El decreto que promovía la Política Nacional de Participación Social impulsado por el gobierno de Dilma Rousseff fue derrotado en la Cámara de Diputados. El escaso margen de las últimas elecciones es utilizado por los partidos políticos más conservadores para detener las demandas del movimiento popular.

El decreto que promovía la Política Nacional de Participación Social impulsado por el gobierno de Dilma Rousseff fue derrotado en la Cámara de Diputados a menos de 72 horas de su reelección. El escaso margen de las últimas elecciones es utilizado por los partidos políticos más conservadores, tanto de la oposición como aliados al gobierno, para detener las demandas del movimiento popular.

Las movilizaciones de junio del 2013 en Brasil, que comenzaron teniendo como ejes el precio del transporte público y los enormes gastos para la Copa Mundial de Fútbol que se realizó este año, culminaron comprometiendo al gobierno con el planteo de una reforma política del Estado. A más de un año de las multitudinarias movilizaciones el tema es el que más tensiones ha generado con los sectores políticos conservadores.

Conscientes de que esa propuesta no iba a ser un regalo de ningún gobierno, los movimientos populares impulsaron la Coordinación nacional de la Campaña por una Asamblea Constituyente, soberana y exclusiva. La principal iniciativa que llevaron adelante durante los últimos meses fue el plebiscito popular realizado entre el 1 y el 7 de septiembre del cual participaron cien mil activistas, dos mil comités populares y votaron diez millones de personas que en su enorme mayoría aprobaron la propuesta. «Si no hay plebiscito oficial, nosotros haremos un plebiscito popular» fue la desafiante consigna que intentó instalar la Campaña.

Pocos días después del ajustado triunfo de Dilma Rousseff sobre Aécio Neves, la reelecta presidenta volvió a instalar en la agenda pública la necesidad de una reforma política. La respuesta de una oposición fortalecida, junto con la actitud conservadora de aliados del gobierno, logró que una de las propuestas del Partido de los Trabajadores (PT) que contaba con el apoyo de varios movimientos populares fuera derrotada parcialmente en el parlamento.

El último martes con una votación simbólica en la Cámara de Diputados fue derrotado el decreto de instituía la Política Nacional de Participación Social (PNPS). La propuesta solo fue apoyada por el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) que propuso algunas modificaciones. Gilberto Carvalho, secretario General de la Presidencia, declaró que de esa forma se expresó «la victoria de la voluntad conservadora de imponer una derrota política a la presidenta».

La Política Nacional de Participación Social y los consejos populares

En Brasil existen consejos nacionales de salud y educación hace décadas. Hay comités nucleados en torno a la actividad laboral y a problemáticas como la seguridad y la prevención de drogas. Grupos de la jóvenes e indígenas también cuentan con sus propios consejos. Existen consejos que luchan por la igualdad racial e, incluso también, hay consejos de empresarios.

La PNPS tiene como objetivo organizar el vínculo entre las instituciones ministeriales y federales con instancias de organización popular. Esta relación propuesta por el decreto gubernamental no implica que el gobierno deba llevar adelante lo que estas organizaciones deciden, pues las decisiones que allí se tomen tienen un carácter estrictamente deliberativo. El decreto no está impulsando la creación de nuevos consejos y se limita a definir una reglamentación mínima para los consejos existentes .

El decreto N° 8243 presentado en mayo de este año incluye entre sus objetivos la consolidación de la participación social como método de gobierno y respetar la autonomía de los movimientos sociales ante el Estado, también se destaca la importancia de la ampliación de los mecanismos de control social en los políticas y programas del gobierno federal. Intervenir en la planificación de las iniciativas gubernamentales por parte de los movimientos y en la capacitación para articular con ellos por parte de los funcionarios estadales es la orientación general allí pautada.

Para la implementación del decreto se plantea la creación de instancias de dialogo como consejos y comisiones de políticas públicas, conferencias, auditorías y foros -entre otras herramientas-. En estas instancias se dispone que se garantice la diversidad entre los representantes de los movimientos, la rotatividad de los mismos y la publicidad de lo que en esos encuentros suceda.

Rechazo conservador y desafíos del movimiento popular

La oposición por derecha al gobierno tilda a la PNPS de «bolchevique», «chavista» y «golpista». Considera que la PNPS, impulsada por el Partido de los Trabajadores, amenaza con disminuir la incidencia del poder legislativo en las políticas públicas creando un poder paralelo. Lo comparan con los organismos del poder popular impulsados en Venezuela y aquéllos, más retrógrados, trazan parelelismos con los soviets.

El principal freno que encuentra en el parlamento la PNPS es la posición del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que en la últimas elecciones apoyó la reelección de Dilma Rouseff. El tradicional partido cuenta actualmente con 20 senadores y 76 diputados. Renan Calheiros (PMDB), presidente del Senado, declaró recientemente sobre la propuesta del PT: «Su derrumbe en la Cámara no sorprende. De la misma que no sorprenderá su derrumbe en el Senado Federal (…) Ese es un proyecto polémico, que encuentra muchas resistencias en el parlamento (…) Esa cosa de la creación de consejos es conflictiva, no prospera con consenso en el parlamento».

El Partido Social Demócrata de Brasil, recientemente derrotado en el ballotage presidencial, festeja a menos de 72 horas de las últimas elecciones el triunfo de su política en la Cámara de Diputados. «Amarga y dura derrota de Dilma en la Cámara con el derrumbe de decreto autoritario», titula una nota en el portal del partido.

Por su parte, Lucas Pelisarri de la Secretaría Operativa Nacional de Levante Popular de la Juventud, organización protagonista en la Campaña por una Asamblea Constituyente, el mismo martes publicaba una nota que se titulaba «El Congreso no puede hacer una reforma política que rompa con sus propios intereses«. En ella culminaba planteando: «La disputa se dará en las calles y con mucha movilización social. Es hora de obtener los avances fundamentales que aseguren la ansiedad popular, histórica, de sentirse más representado. ¿Constituyente cuando? ¡Ya!

Aún falta que el decreto sea tratado en el Senado. Y aún quedan luchas pendientes del movimiento popular que no se cerraron para nada con el ballotaje del último domingo.

 

Lucas Villasenin – @villaseninl

 

 

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