Derechos Humanos

18 septiembre, 2014

8 años sin Lopez: La marca de la gorra

Se cumplen 8 años de la segunda desaparición de Julio López. Durante todos esto años hubo más traspiés que avances en la investigación. Notas dialogó con Guadalupe Godoy, abogada de Julio López y referente del colectivo Justicia YA! de la ciudad de La Plata.

Se cumplen 8 años de la segunda  desaparición de Julio López. Durante todos esto años hubo más traspiés que avances en la investigación. Hace casi un mes falleció el juez Blanco, quien al hacerse cargo de la causa dictó el sobreseimiento a una serie de policías que López había identificado como parte del circuito represivo en Comisaría Quinta. Notas dialogó con Guadalupe Godoy, abogada de Julio López y referente del colectivo Justicia YA! de la ciudad de La Plata.

– En los últimos días se reabrió una línea investigativa sobre un sensei amigo de la familia ¿de qué se trata? ¿Por qué esa elección de líneas investigación?

– Durante un año y medio la causa estuvo en manos de la bonaerense, con el aval y la anuencia del poder político. Hicieron lo que hacen siempre que tiene algo que ocultar y encubrir: llenaron el expediente de videntes, de testigos plantados para legitimar allanamientos, de sospechas sobre el propio López, su familia y los organismos de derechos humanos. Instalaron también la idea del viejito perdido, enfermo, que se iba de su casa cada tanto a dormir bajo un puente.

Eso quedó, y ante la negativa del poder judicial hoy de afrontar lo que hay que afrontar, la solución fácil es volver sobre esas líneas. Sacamos a la bonaerense pero no su impronta.

– ¿Por qué se construyo la idea de que ‘no hay nada’ en la causa López, si por ejemplo, en libro ‘Los días sin Lopez’ se señalan por lo menos tres líneas de investigación: el entorno familiar de Etchecolatz; el entorno policial y los integrantes del Servicio Penitenciario Bonaerense?

– Hablamos de esto con Werner Pertot y Luciana Rosende, autores de esta investigación. Vemos varias explicaciones. Una posible es que para los medios de comunicación resultaron también más atractivas las líneas menos importantes. También es cierto que las líneas que nosotros seguimos con mas ahínco las preservamos bastante, no fueron y no son públicas, para impedir que se frustren.

El peso de los obstáculos que atravesamos con las fuerzas de seguridad y el poder judicial llevan muchas veces a la idea de que no se consiguió nada. Y sobre todo, una confusión difícil de romper; no es lo mismo «no hay procesados, no hay imputados» que «no se sabe nada o no hay nada».

No hay imputados, pero sí tenemos la certeza de lo que pasó: se intentó impedir la continuidad de los juicios, y en eso, los interesados e implicados son miembros de fuerzas de seguridad y militares, con complicidad de la policía en actividad.

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– Cuál es tu evaluación de la actuación de la policía bonaerense ¿desidia, encubrimiento o desconocimiento?

– Hay desidia y desconocimiento, pero habilitado por quien encubre.

Cuando apartaron a la bonaerense de la investigación lo hicieron tomando un caso: el rastreo que el perro Quintín había hecho y que lo había llevado a una casa en Magdalena. Quintín no sabía olfatear, no era un perro de rastreo. Apartaron a la bonaerense por torpes. Quien tomo esa decisión, el juez Durán, que estaba protegiendo a la fuerza. Lo que nosotros demostramos y comprobamos, es que todo el ocultamiento en la causa era intencional.

Policías nombrados por López que no encontraban, escuchas hechas en casa de homónimos durante un año. El encubrimiento fue múltiple: los jefes policiales que llenaron la causa de truchadas, el gobernador que lo permitió, los miembros del poder judicial que consintieron y que, ante la evidencia, terminaron acusando a un perro del fracaso de la investigación.

– ¿Cómo impacto esto en la continuidad de los juicios?

– Todos temimos por la continuidad de los juicios. Nos preguntábamos como sería, como llamábamos a un compañero para que declarase, qué íbamos a hacer. El siguiente juicio fue contra Von Wernich. El primer día un testigo dijo: «Miedo no tengo, miedo fueron todos estos años de impunidad».

López tuvo el efecto contrario al que buscaron quienes lo desaparecieron: generó en muchos la certeza de la necesidad imprescindible de buscar justicia. Y renovó el compromiso de los sobrevivientes, de testimoniar por los compañeros que no sobrevivieron.

– Etchecolatz está siendo juzgado nuevamente en el juicio de La Cacha ¿qué aportan las nuevas condenas?

– Creo que los reclamos de unificación de los juicios, de planificarlos, de optimizar el tiempo que tenemos para juzgar, todavía no fueron oídos. No es bueno escuchar a Etchecolatz una y otra vez. No hace bien.

Las causas tienen que llegar a juicio con más responsables, con los que permitieron, colaboraron y se beneficiaron con el genocidio. En La Plata Etchecolatz ya fue juzgado tres veces, pero al día de hoy, no hemos logrado que la Marina enfrente un juicio.

– De Miguel Bru a Julio López aparece ‘la marca de la gorra’: ¿qué implica esa continuidad?

– La ausencia de real democratización de las fuerzas de seguridad. La impotencia de 30 años de democracia que todavía no enfrentó al poder impune de la bonaerense. Y muestra que todo lo que a pesar de eso se logró, fue a través de la organización y la lucha popular.

– Se juzgaron militares, se empezaron a juzgar civiles y ahora con los juicios de los obreros de Ford y La Nueva Provincia empieza a aparecer el empresariado ¿Qué otros desafíos se abren en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia?

– En los juicios se disputan mucho más que condenas. Es el terreno donde hemos derrotado una forma de leer la dictadura, que fue la teoría de los dos demonios, y donde hemos logrado que se entienda la real dimensión de lo que significó el genocidio. Pero no es el único lugar donde debe darse esa disputa de sentidos. Porque los juicios, sobre todo,  muestran todo lo que falta hacer para desarticular la herencia de la dictadura: la imprescindible democratización de las fuerzas armadas y de seguridad; la desarticulación de una estructura económico social neoliberal que se gestó allí y aún perdura. Esos son los desafíos y esa es la disputa.

 

Victoria Silber – @vicsilber

 

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