Economía

3 septiembre, 2014

Se complicó el asado

Durante las últimas semanas hemos visto una remarcación del precio de la carne en las góndolas que ha llevado a todos los cortes en general. Esto se corresponde con un incremento del valor de la hacienda en pie, que llegó a niveles nunca antes registrados en el mercado de Liniers. El gobierno tomó nota de la situación y cerró las exportaciones pero no ha podido evitar que el aumento llegue a las familias.

Durante las últimas semanas hemos visto una remarcación del precio de la carne en las góndolas que ha llevado a todos los cortes en general, desde los más económicos hasta los hoy considerados «premium» (como el lomo) a un aumento considerable. Esto se corresponde con un incremento del valor de la hacienda en pie, que llegó a niveles nunca antes registrados en el mercado de Liniers. El gobierno tomó nota de la situación y cerró las exportaciones pero no ha podido evitar que el aumento llegue a las familias.

Problemas de fondo

La decisión del gobierno fue «de hecho» frenar durante 15 días las exportaciones de carne, mediante la suspensión de los permisos de embarque (ROE) para carne vacuna. De esta manera buscó que la carne presta a exportarse se volcara al mercado interno.

El empresariado frigorífico local respondió abasteciendo la cantidad normal de carne para el consumo nacional y manteniendo en las cámaras frigoríficas el resto, a la espera de que el aumento se vuelva un hecho y se rehabiliten los permisos.

El aumento -que esta llegando por estos días a las góndolas de los centros urbanos del país- se vio desatado por una drástica reducción de la oferta de ganado en pie en el mercado de Liniers, vinculada a las inundaciones y la dificultad de hacer llegar la hacienda al matadero. No obstante, es a su vez producto de una combinación de factores de más larga data, como la pérdida de más de 9 millones de vientres, originada por el desplazamiento de las hectáreas ganaderas en manos de la soja. De esta forma, durante los últimos años Argentina presenció cómo su centro ganadero fue perdiendo vitalidad y corriéndose a zonas del norte del país.

El cambio del centro ganadero fue también acompañado por una fuerte transformación en la forma de producción. La carne argentina de pastura, de producción extensiva, ya prácticamente no existe más -a excepción de ciertos lotes criados especialmente para ser vendidos en restaurantes que promocionan la famosa, pero ya en extinción, «carne argentina» en el exterior-. A cambio, se ha desarrollado la técnica americana de Corral de Engorde «Feedlot», que habilita a la producción intensiva y acelera los tiempos de engorde hasta poder producir un ternero de 250 kg en 3 meses.

Otra tendencia que se fue imponiendo es la de la faena temprana de terneros de bajo peso, práctica que esta prohibida, pero que se lleva a cabo a espaldas de (o en conveniencia con) los organismos de control.

Reducción de la producción y cierre de plantas

La asfixia en la industria frigorífica, a la que contribuyen también una sólida cadena de intermediarios (los famosos «matarifes»), se evidenció en el cierre parcial o total de más de cien plantas frigoríficas en todo el país a lo largo del último año. Despidos y suspensiones de trabajadores son la evidencia del agotamiento de la forma de producción que ha perdido volúmenes de exportación.

Frente a las complicaciones en el sector el gobierno a optado por subsidiar a la industria para morigerar la cantidad de quiebres, clausuras de plantas y despidos masivos de trabajadores, mediante el REPRO, aplicando una estrategia similar a la implementada en el rubro automotriz. Resta preguntarse si un paquete de medidas contracíclicas bastará para contrarrestar los fuertes efectos del largo plazo que trajeron la sojización y la implementación de la producción americana feedlotera para la ganadería nacional, o si será sólo otra forma de engordar los bolsillos de un empresariado acostumbrado a recortar por el eslabón más débil cuando las condiciones económicas de complican.

Mientras tanto hay incertidumbre respecto de cómo progresará el nivel de consumo de carne en el mercado interno, en picada por los sucesivos aumentos. Los argentinos recurren cada vez más a los bienes sustitutos (carnes magras como el cerdo o carne blanca) y se consolida una tendencia que aleja a los argentinos cada vez más de lo que supo ser uno de los pilares de la identidad nacional: la producción de una carne vacuna de primera calidad, de criada extensiva y el elevado consumo de carne en todos los centros urbanos del país.

 

Gabriel Gallego

 

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