Géneros

21 agosto, 2014

De travas, putos, mujeres y varones (del Conurbano)

El debate sobre la sexualidad en medios, política y religión atrasa. Reaparece cada tanto la heterosexualidad normativa y sus devotos.

El debate sobre la sexualidad en medios, política y religión atrasa.  Reaparece cada tanto la heterosexualidad normativa y sus devotos.

Hace unos días, casi como un efecto cíclico, volvió a reflotarse en los medios y en la sociedad la discusión sobre la homosexualidad y el travestismo, en fin, el debate sobre la forma de practicar la sexualidad de las personas.

El periodista Jorge Lanata, con la actitud provocadora que lo caracteriza y lejos -muy lejos- de la “pose progre” que supo tener décadas atrás, planteó que la reconocida travesti Flor de la V “no es una mujer, es un travesti, no se me ocurrió a mí, es así”, justificando con esto sus dichos de que tampoco podía ser madre.

La polémica quedó desatada. Hubo respuestas, justificaciones y adhesiones a las declaraciones de Lanata.  Y en ese enredo de posiciones y prácticas, apareció el Intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto, enrolado -por ahora- en las filas del kirchnerismo, es decir, en la vereda de enfrente de Lanata, quien dijo muy sueltamente que “los travestis tienen una enfermedad, no es normal que un hombres sea una mujer”.

Las declaraciones de Curto hicieron recordar a las recientes del Obispo de La Plata, Monseñor Aguer, siempre listo para señalar y acusar a “los distintos”, quien dijo hace poco que los homosexuales son “abominaciones” amparadas por las leyes.

En fin, el discurso heterosexual normativo, que considera a la homosexualidad como enfermedad, como algo a “curar”, aparece y reaparece desde un amplio arco político-ideológico de nuestra sociedad.  Aún con leyes de identidad de género, matrimonio igualitario y demás conquistas.

El debate sobre la sexualidad de las personas es de larga data, pero con el “avance” de la humanidad, aún no se logra que una parte de ella, generalmente compuesta por varones y sectores dirigentes, puedan comprender que el modo del ejercicio de la sexualidad es una decisión personal y no una norma.  Es necesario seguir dando el debate para entender que también el sexo es una construcción social y que no hay una única forma de practicar la sexualidad.

A muchos les cuesta entender que las características de género, es decir, el sentido social construido sobre qué es ser varón y ser mujer, que tiene que ver con atributos culturales, sociales e históricos.  ¿Será que están enfermos? ¿O se trata simplemente de asimilar que las personas somos todas iguales, tan iguales como para elegir y desarrollar el modo de ejercer la sexualidad en libertad y con derecho a una vida libre de discriminación?

Ivanna Rezano

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