Cultura

21 agosto, 2014

5 razones para seguir filmando

A la hora de indagar acerca de casos en los que las instituciones se colocan al servicio de la violencia, variados son los lugares donde buscar. Documentos oficiales, internet, diarios y revistas suelen aparecer como las opciones más certeras. Sumamos el cine a esa lista con 5 películas (entre ellas, una serie) ineludibles a la hora de abordar la violencia institucional.

A la hora de indagar acerca de casos en los que las instituciones se colocan al servicio de la violencia, variados son los lugares donde buscar. Documentos oficiales, internet, diarios y revistas suelen aparecer como las opciones más certeras. Sumamos el cine a esa lista con 5 películas (entre ellas, una serie) ineludibles a la hora de abordar la violencia institucional. 

1.- Garage Olimpo (Marco Bechis, 1999): Ambientada en la última dictadura cívico-militar, Garage Olimpo cuenta la historia de María (Antonella Costa), una militante política que vive junto a su madre en una casa que a la vez es una pensión. Allí conoce a Félix (Carlos Echavarría), un tímido e introvertido inquilino que resulta ser parte de un grupo de tareas, responsable del posterior secuestro de la joven. La película retrata la relación víctima-victimario que se entabla entre María y Félix en el centro clandestino Olimpo del barrio de Flores, donde pasaron cientos militantes para ser torturados y asesinados con una crudeza que logra serle esquiva a los golpes bajos. Sin embargo, puede llegar a pecar de naif en cuanto al costado filosamente político que tenía la actividad militante de María, quitándole el carácter fríamente calculador con el que fue planificado el plan de aniquilamiento de los militares.

El film de Bechis (quien fue secuestrado y desaparecido durante la dictadura) fue bien recibido por el público y la crítica, logrando ser premiado en Cannes (Primer Premio en el Festival de la Habana, Cóndor de Plata a Mejor Montaje en el Festival de Cine de Mar del Plata, Mejor Director en los Premios David di Donatello, entre muchos otros).

2.- Los Pibes del Puente (Patricio Salinas Salzar, Victoria Miranda, 2012): Producida por el INCAA e impulsada por el Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales y Digitales, LPDP es una serie de 8 capítulos que cuenta las andanzas de un grupo de pibes de la calle encabezado por Bingo y Luciano. Ambos, junto al resto de los chicos, intentan ganarle a la vida en las calles de la ciudad. Entre corrida y gambeta, Bingo conoce al Ruso, un narcotraficante que los mete a él y a los chicos en el negocio de la droga. Es en eso que Yessy, la hija del Ruso, conoce a Luciano y se enamora de él, generando así un círculo de violencia entre los chicos y el capomafia. Alrededor de este círculo es que se desarrolla una historia de vidas al límite, tironeada entre el peligro de las drogas, la policía y la pobreza.

La serie fue transmitida entre mayo y junio de 2012 por la TV Pública. A pesar de haber tenido escasa repercusión en cuanto a rating, la ficción fue bien recibida por la crítica, elogiosa de su cruda estética, que al optar por el ritmo del videoclip a la hora de cincelar un fresco que capte lo marginal del ambiente se acerca a la Ciudad de Dios de Meirelles. Entre sus intérpretes contó con Matías Marmorato, Nahuel Viale, Guadalupe Ocampo y Gustavo Garzón.

3.- Pizza, Birra y Faso (Bruno Stagnaro e Israel Adrián Caetano, 1998): El Córdobes, su novia Sandra, Frula, Megabom y Pablo son hijos dignos de la convertibilidad. Los cuatro viven apiñados en una casa tomada. Por la noche el Cordobés y Pablo se las arreglan para robarle miserias a quien tenga la desgracia de subir al taxi en el que “trabajan”. Lo recaudado lo reparten entre ellos y el dueño del taxi, cabeza del tragicómico laburo. Tras un incidente menor en el que Sandra termina en la comisaría, los dos amigos deciden dejar de trabajar con el dueño del taxi y se involucran en robos cada vez más grandes en los cuales siempre está implicada la policía.

Pizza, Birra y Faso fue acogida por la crítica y el público de manera superlativa. Su lenguaje llano, su estética visceral y la franqueza con la que se alejó de retratos costumbristas a los que el público estaba acostumbrado se conjugaron en un fresco de época sincero que sirvió para documentar el país que parió 10 años de menemismo. La ópera prima de Caetano y Stagnaro fue encarnada por Héctor Anglada, Jorge Sesán, Pamela Jordán, Alejandro Pous y Adrián Yospe.

4.- El Bonaerense (Pablo Trapero, 2002): Quizá el punto más álgido en cuanto a formas de retratar la Argentina pos 2001 en la ficción vernácula se refiere, y no por ello la más filosa. El Zapa (Jorge Román) es un humilde cerrajero de un pueblo del interior de la Provincia de Buenos Aires. Víctima de la ingenuidad y la rutina, pero sobre todo del local donde trabaja, se ve convertido en protagonista del robo de la caja fuerte de una oficina. Tras esto es injustamente detenido y posteriormente sacado de la comisaría por su tío Ismael (Roberto Posse), viejo lobo de la seguridad provincial, quien lo manda a Buenos Aires con una carta de recomendación para entrar en las fuerzas policiales.

Lejos de meterse en lo más escabroso del cuerpo estatal que más vidas se cobró desde la vuelta a la democracia, Trapero intenta construir una historia no de la Bonaerense, sino de un Bonaerense. Aun así logra capturar un espíritu de época, espiando por la rendija de una institución de la cual el Zapa es más permeable a quedar envuelto que a escapar, más allá de que haya sufrido la pérdida de libertad a manos de la propia impericia policial.

El Bonaerense recibió la ovación de la crítica y del público por igual. Producida por Pol-Ka (empresa no poco complaciente con la policía en cada una de sus tiras) recibió reconocimientos en festivales nacionales e internacionales tales como el Festival de Chicago, la Muestra de Cine de Guadalajara, el Festival Iberoamericano, entre otros.

5.- El Rati Horror Show (Enrique Piñeyro, 2010): Fernando Carrera fue injustamente condenado a 30 años de cárcel en una causa deliberadamente armada y manipulada. Esto fue investigado, documentado y documentalizado por Piñeyro. Tomando como eje central al “protagonista” y argumentando en su defensa, el film cuenta con una diagramación precisa del hecho, contando con documentación oficial y periodística, declaración de los pocos testigos llamados a declarar y la propia voluntad del director para que su trabajo sea tomado en cuenta en el caso.

La resonancia del film tuvo consecuencia directa en la judicialización de los hechos. El Rati Horror Show fue declarado de Interés Cultural y Social por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y sirvió para que la justicia revea el caso luego de que Carrera sufriera la pena de cárcel durante siete años.

 

Iván Soler – @VanSoler

 

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarse cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas