Medio Oriente

18 agosto, 2014

Mitos sobre el conflicto palestino-israelí (II)

Por Joaquín Zajac. Segunda entrega de este artículo que repasa frases hechas, mitos y falsedades repetidas muchas veces por un sentido común instalado que el discurso sionista ha logrado imponer con el correr de los años.

Por Joaquín Zajac. Segunda entrega de este artículo que refuta frases hechas, mitos y falsedades repetidas muchas veces por un sentido común instalado que el discurso sionista ha logrado imponer con el correr de los años.

Nadie dice nada sobre lo que está pasando en Siria e Irak

Son casos absolutamente incomparables. Siria e Irak viven intrincadas y complejas guerras civiles inter-étnicas. Estas guerras, se dan en parte por el fracaso del “socialismo árabe” (que en Irak cayó en 2002 y en Siria continúa), para fundar proyectos nacionales que puedan incluir esa enorme diversidad. Y en parte, por culpa de Occidente: por un lado, porque después de la primer guerra mundial, cuando se repartieron los restos del imperio Otomano, Francia y Reino Unido trazaron fronteras y crearon Estados en función de sus propios intereses y no de las aspiraciones nacionales de los distintos pueblos que allí habitaban. Pero además, por las invasiones a Irak (1991 y 2003), que dejaron al país en ruinas y al Estado sin posibilidad de contener a los distintos grupos étnicos y religiosos que fueron acumulando gran poder.

Esta compleja guerra de todos contra todos, no es comparable con la situación israelí-palestina. No porque las muertes que se producen en una sean menos condenables que en otra. Si no porque en el caso de Israel-Palestina, está claro quién es la potencia ocupante y quién la población civil ocupada, y está claro en quién recae la responsabilidad más grande a la hora de solucionar el conflicto. Quizás este hecho, el de la ocupación colonial de una nación por otra, es la que causa más indignación, sobre todo en América Latina, donde el imperialismo y la ocupación colonial se vinculan con nuestra propia historia y nuestras propias luchas.

Hamas ataca a Israel por odio

Ante un conflicto, uno puede ensayar dos tipos de juicios: analíticos o éticos. Sin embargo, postular uno como si fuera el otro, es incorrecto y además, engañoso. Decir que Hamas ataca a Israel por odio, es reemplazar un análisis por un juicio y postularlo como un argumento de verdad. Hamas surge en el contexto de un levantamiento civil (la primera Intifada en 1987) contra el gobierno militar israelí de ocupación en los territorios palestinos. La ocupación y la resistencia contra esa ocupación, es entonces parte inseparable del ADN político de Hamas. Descontextualizar la filosofía de este partido, sus estrategias y su evolución a lo largo de los años de esta realidad, es un error grave.

En este sentido, habría que recordar la obra del médico antillano Franz Fanon, quien luchó en la guerra de independencia argelina. Para Fanon, toda ocupación colonial ejerce una violencia sistemática sobre los ocupados, que va dejando en sus cuerpos una marca imborrable. Y un día, esta opresión acumulada, sale al exterior como una explosión extrema y desmedida. Así ha sido en todo movimiento anticolonial de la historia: Sudáfrica, Vietnam, Argelia, etc. Nunca la ocupación colonial se ha terminado “por las buenas” y, tristemente, no será este el caso.

Israel ya se retiró de Gaza y no sirvió de nada ¿Por qué serviría irse de Cisjordania?

Israel no se retiró de Gaza como un paso adelante en la descolonización. Se retiró para perfeccionarla. Lo hizo, convirtiendo esta pequeña región en un campo de concentración a cielo abierto, bloqueándola por tierra y por océano, reteniendo el dinero de la Autoridad Nacional Palestina e impidiendo que las mercaderías ingresen libremente, aislando a su población del resto de los territorios palestinos. Lo único que hizo Israel al retirar a su ejército y desalojar a los 8000 colonos que allí vivían, es ahorrar dinero y esfuerzos en seguridad que le demandaban el vano intento de colonización de Gaza. Así, todas las energías fueron puestas en Cisjordania, donde el agua dulce, las tierras fértiles y los sitios sagrados son mucho más tentadores.

Israel no tiene interlocutor. Hamas no quiere la paz, quiere destruir a Israel, así lo dice su carta fundacional

No hay peor sordo que el que no quiere escuchar. La situación que estamos viviendo actualmente no es nueva. Ya desde la década de los 70 Israel persiguió a sangre y fuego a la organización, laica, moderada y progresista que representaba a la gran mayoría de los palestinos en aquel entonces: la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), de Yasir Harafat. Bajo el famoso slogan “no negociamos con terroristas”, la OLP (en cuyo seno había, es cierto, tendencias que utilizaban como estrategia política el terrorismo), era perseguida y masacrada sin escuchar peros, ni reconocer la existencia de distintas posiciones en su seno. Cuando finalmente, en Oslo (1994), Israel aceptó sentarse a negociar, ya era tarde. La OLP, durante años expulsada de los territorios y de su gente, ya no gozaba de suficiente autoridad como para encarar negociaciones de tamaña envergadura.

Es cierto, Hamas no es la OLP, y ha dado menos signos de que está por avanzar en dirección a una solución negociada. Pero aun así ha evolucionado a lo largo de los años. Su carta fundacional no es irrelevante, pero no debe ser tomada como si fuera una verdad inmodificable. De hecho, otros documentos más recientes pueden ser tomados como indicios de un proceso de moderación del movimiento, como el programa electoral a las elecciones parlamentarias de la Autoridad Nacional Palestina de 2006, órgano político creado en el marco de los acuerdos de paz de Oslo de 1994, cuyo presupuesto era el reconocimiento de Israel.

La reciente conformación de un gobierno de unidad de personalidades “neutrales” palestinas en 2014 es otra muestra. Vale la pena preguntarse por qué, cada vez que del otro lado un interlocutor nuevo emerge, Israel hace todo lo posible para mantenerlo en silencio.

Israel ataca para ofrecer seguridad a los ciudadanos israelíes

Si hay algo que nos ha enseñado este conflicto, es que la represión a largo plazo no sirve de nada. Pero no es el único caso. La represión desmedida y sin condiciones como propuesta para garantizar la “seguridad” de los ciudadanos, es un discurso sumamente familiar en el resto del mundo, incluida la Argentina. En todos ellos, siempre es lo mismo: responder a la violencia con más violencia desde el Estado, solo perpetúa la espiral de violencia ascendente, dejando intacto los problemas de fondo, en este caso, la ocupación militar y civil por parte de Israel en el territorio palestino.

Abandonar esa ocupación es la única solución real y a largo plazo capaz de brindar seguridad y tranquilidad a los israelíes. Cualquier otra es un mero parche, o una excusa para beneficiar a otros intereses (los de los colonos, la derecha israelí, la industria armamentística y de la seguridad).

Hamas es una organización terrorista islámica que tiene de rehén al pueblo palestino, ellos son el verdadero objetivo de Israel

Los atentados a las torres gemelas en 2001 dieron inicio a una nueva era de la geopolítica internacional. Caída la URSS, el Occidente blanco había encontrado a su nuevo enemigo perfecto: el “terrorismo”, en particular el “terrorismo islámico”. Una representación difusa, casi mítica, de un “otro” incomprensible, irracional, y violento, que, como está dispuesto a todo por su causa, no merece la menor consideración humanitaria. Un enemigo contra el que vale todo.

Hamas es una encarnación de este enemigo perfecto: es islamista y emplea el terrorismo como parte de su estrategia. Sin embargo, es preciso hacer distinciones. Hamas no es un movimiento yijadista que quiere fundar un califato islámico en todo el mundo musulmán, como Al-Qaeda o el ISIS. Su identidad islámica se combina con una identidad nacional palestina y sus objetivos no van más allá de liberar a Palestina de la ocupación colonial.

En cuanto al uso del terrorismo y sus aspiraciones territoriales sobre toda la Palestina histórica (lo que implicaría destruir Israel), estas son realidades políticas susceptibles de cambio, como el citado caso de la OLP. Además, del otro lado, el movimiento colono israelí también utiliza el terrorismo y tiene pretensiones territoriales inviables e ilegales. Generar condiciones para que triunfen las posiciones moderadas y no potenciar el extremismo mediante la represión desmedida debe ser la búsqueda de todos los actores en el conflicto.

 

@joaquinitoZ

 

 

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