Nacionales

12 junio, 2014

A 40 años del último discurso de Perón

El 12 de junio de 1974 Juan Domingo Perón saldría por última vez al balcón de la Casa Rosada y en aquél famoso discurso resuenan palabras de la despedida definitiva que se produciría con su muerte, menos de un mes después

El 12 de junio de 1974 Juan Domingo Perón saldría por última vez al balcón de la Casa Rosada y en aquél famoso discurso resuenan palabras de la despedida definitiva que se produciría con su muerte, menos de un mes después.

Aún no se había cumplido un año desde la renuncia de Héctor José Cámpora y de Vicente Solano Lima a los cargos de presidente y vicepresidente de la Nación, hecho con el que se habilitaría la convocatoria a nuevos comicios. Así, el 23 de septiembre de 1973 Juan Domingo Perón es elegido por tercera vez como presidente de la Nación, esta vez acompañado por María Estela Martínez como vicepresidenta, y asume su cargo el 12 de octubre.

Pero la casa no estaba en orden. Los crecientes problemas económicos, que determinaban el agotamiento del Pacto Social entre sindicatos y empresarios, se sumaban a un clima político cada vez más oscuro, signado por el actuar de bandas paraestatales de derecha y por el incremento de los hecho de lucha armada desde la izquierda del espectro político, incluyendo al propio peronismo. El 1 de mayo de 1974 marca un claro punto de quiebre en la relación de este último gobierno de Perón, en el que ya jugaba un claro rol el nefasto ministro de Bienestar Social José López Rega, con los Montoneros, que antes habían sido considerados parte de “la juventud maravillosa” y hoy eran expulsados de la histórica Plaza de Mayo mientras el general desde el balcón los trataba de “estúpidos e imberbes”.

La salud de Perón también estaba en franco deterioro. A principios del mes de junio había iniciado una breve gira por Paraguay que pareció impactar negativamente en su salud ya deteriorada.

La mañana del 12 de junio los diarios anuncian que Perón se dirigiría a la Nación para hablar sobre la crítica situación económica: salarios, precios y desabastecimiento. En el breve discurso emitido desde el Salón Blanco de la Casa Rosada Perón denuncia sabotajes y provocaciones deliberadas y anticipa la posibilidad de renunciar a su cargo: “Cuando acepté gobernar, lo hice pensando en que podría ser útil al país, aunque ello me implicaba un gran sacrificio personal. Pero si llego a percibir el menor indicio que haga inútil ese sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar a quienes lo puedan llenar con mejores probabilidades”.

La respuesta sindical es inmediata y se convoca a un paro y movilización de apoyo al General bajo la consigna: “Con Perón todo, sin Perón nada”. A las 17.20 Perón sale por última vez al balcón y ofrece un breve discurso de menos de media hora, en el polariza y sigue culpando a la izquierda por la crisis. Pero también resuenan allí palabras de despedida. Primero plantea la necesidad de luchar “por superar lo que nos han dejado en la República” y continúa responsabilizando a los “enemigos que han comenzado a mostrar las uñas”, a los que “quieren desviarnos en una u otra dirección” y a los que “pretenden manejarnos con el engaño y la violencia”.

Luego agrega: “Sabemos que en esta acción tendremos que enfrentar a los malintencionados y a los aprovechados. Ni los que pretenden desviarnos, ni los especuladores, ni los aprovechados de todo orden, podrán, en estas circunstancias, medrar con la desgracia del pueblo. Sabemos que en la marcha que hemos emprendido tropezaremos con muchos bandidos que nos querrán detener; pero, fuerte con el concurso organizado del pueblo, nadie puede ser detenido por nadie. Por eso deseo aprovechar esta oportunidad para pedirle a cada uno de ustedes que se transforme en un vigilante observador de todos estos hechos que quieran provocarse y que actúe de acuerdo con las circunstancias”. Y concluye, reforzando el reclamo de vigilancia: “Cada uno de nosotros debe ser un realizador, pero ha de ser también un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea, y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no han comprendido y que tendrán que comprender”.

Por último, Perón agradece “la molestia que se han tomado de llegar hasta esta plaza” y concluye con las ya famosas palabras: “Llevaré grabado en mi retina este maravilloso espectáculo, en que el pueblo trabajador de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires me trae el mensaje que yo necesito. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.

Poco más de 15 días después de este discurso final, el 29 de junio de 1974, Perón delega el mando en María Estela Martínez de Perón y dos días después, el 1 de julio, fallece.

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