El Mundo

27 mayo, 2014

“El discurso católico no es antimoderno”

A partir del viaje del papa Francisco a Medio Oriente y la repercusión mediática que tuvieron sus dichos y actos, el programa radial Llevalopuesto de FM La Tribu entrevistó a Fortunato Mallimaci, doctor en Ciencias Sociales y especialista en religión para analizar el tema.

A partir del viaje del papa Francisco a Medio Oriente y la repercusión mediática que tuvieron sus dichos y actos, el programa radial Llevalopuesto de FM La Tribu entrevistó a Fortunato Mallimaci, doctor en Ciencias Sociales y especialista en religión para analizar el tema.

El viaje a Medio Oriente

“El mundo católico se piensa social, político y religioso al mismo tiempo. Algo que a veces nos cuesta”, comenzó su explicación Mallimaci. “Acá [por el viaje a Medio Oriente] fue recibido como jefe del Estado Vaticano” pero “además es el obispo de Roma, es decir que tiene un cargo importante territorialmente y a su vez forma parte de la Iglesia Católica que es una institución global con siglos de existencia. Ahí hay que tratar de verlo”.

Consultado sobre si lo de Francisco eran simplemente gestos discursivos Mallimaci precisó que para él “intenta hacer cambios y lo discursivo forma parte de la transformación porque nominar es hegemonizar, es dominar”. Esto no es menor ya que “trae toda una discusión y una reflexión en una institución donde las palabras son importantes”.

Para el ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, se está dando un momento donde los fieles exigen transformaciones que los papas anteriores y la curía no han llevado a cabo. “Ese es el momento en que llega Francisco y está tratando de dar respuestas a su manera sobre muchísimos de estos temas”, dijo.

Ahora bien, el cientista social también fue claro respecto a los hechos recientes: “En este viaje hizo lo que hicieron los antiguos papas. A veces la mirada histórica es buena. El primero que fue, Paulo VI, se reunió también con el patriarca de Constantinopla y después fue Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora lo hace Francisco”.

Para Mallimaci no es sorprendente esta acción del máximo líder de la Iglesia en Medio Oriente. “Es una memoria larga que el cristianismo tiene en Jerusalén, en Siria, en el Líbano, en Palestina que en las últimas décadas se han visto con gravísimos problemas políticos, culturales y militares. Por eso el intento de tener una fuerte presencia”, explicó.

Según el entrevistado de esas visitas se desprende cual es “esa diplomacia vaticana” para la región: “Reconocer los dos Estados, el de Israel y el palestino; ser capaces de ser solidarios con el pueblo palestino que vive esa ocupación en los territorios; ser solidarios con el pueblo israelí que no solo ha sufrido la Shoa (holocausto) sino también atentados en todo el mundo”.

La solución planteada por la “todo el mundo cristiano y musulmán” es la de hacer de Jerusalén una ciudad donde “el islamismo, el cristianismo y el judaísmo puedan orar en común, sin miedo y encontrar ahí ese espacio de espiritualidad que se busca tanto”.

La Iglesia y la modernidad

Ya hablando en general de la situación actual de la Iglesia Católica, Mallimaci destacó que “hay una concepción de que las religiones tienen ideas fijas que no se modifican”, y eso es errado. “En las ciencias sociales lo reproducimos mucho, como que hubiera núcleos duros que no cambian”, insistió.

Ahora bien, Jorge Bergoglio llega a convertirse en papa Francisco “en una etapa de crisis fenomenal porque tiene que renunciar el que estaba antes que nunca había renunciado. Porque se creía que ese era un cargo tan sagrado, casi representante de Dios en la tierra, comandante en jefe de todos los ejércitos cristianos, y se va. Se va por los gravísimos problemas internos que tiene”.

En ese contexto, el doctor en Ciencias Sociales remarca que no es una cuestión de decisión individual sino que resulta imperioso realizar algunas transformaciones. “Ahora, podrá cambiar algunas cosas en su persona (de hecho lo hace), podrá cambiar algunas cosas en el Estado, le va a costar muchísimo más. Y ni te cuento de suponer que tiene que cambiar la estructura católica”, sostuvo remarcando las dificultades de este proceso.

Mallimaci explicó que “los sectores hegemónicos en ese catolicismo desde que llegó Juan Pablo II en la década de 1970, son sectores que han creído que la modernidad en la que se vivía solo se podía superar con una Iglesia muy fuerte, muy dogmática”. Pero en esto “fracasó Juan Pablo II, fracasó Benedicto XVI. Ahora este intenta otra forma desde su modernidad latinoamericana y lo que conoce de religiosidad popular, de presencia en las masas, habrá que ver si eso logra cuajar”.

Sin embargo para el entrevistado esto no suponía ni supone en concreto un “volver para atrás”. “Yo no me como ese discurso”, afirmó contundente. “El discurso católico no es antimoderno”, precisó y describió cómo miembros de los sectores más conservadores de la Iglesia han triunfado como empresarios y políticos en las últimas décadas.

Analizando la estructura de poder interna dentro de la Iglesia Mallimaci sostuvo que estos sectores “están perdiendo poder en la medida en que Bergoglio, viniendo de Argentina y América Latina, insiste en que esa modernidad tiene que dar respuesta a la pobreza, a los inmigrantes, a los vulnerables, que es un discurso latinoamericano”. Y esto “no tiene nada que ver con ese otro discurso de sectores que ya están incluidos en la modernidad” y buscan dejar al cristianismo simplemente “como espacio de espiritualidad para que se sientan contentos y tranquilos”.

“El mundo de los pobres en el discurso cristiano y sobre todo en el católico está siempre presente. Ahora, qué hacer con los pobres, que rol tienen los pobres, es otro debate que en América Latina conocemos muy bien”, concluyó.

 

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