América Latina

9 mayo, 2014

Costa Rica rompe el bipartidismo

Luis Guillermo Solís Rivera fue el candidato electo por el Partido Acción Ciudadana en la segunda vuelta electoral del pasado 6 de abril. Durante la mañana del 8 de mayo, el Estadio Nacional de San José se preparó para el traspaso de poderes. Con un discurso prometedor, el nuevo mandatario apeló a poner en práctica una democracia “participativa y real”.

Luis Guillermo Solís Rivera fue el candidato electo por el Partido Acción Ciudadana en la segunda vuelta electoral del pasado 6 de abril. Durante la mañana del 8 de mayo, el Estadio Nacional de San José se preparó para el traspaso de poderes. Con un discurso prometedor, el nuevo mandatario apeló a poner en práctica una democracia “participativa y real”.

Las primeras versiones fueron que el nuevo presidente llegaría en bicicleta al Estadio Nacional donde se realizaría el juramento. Luego, aparecieron los “chepecletos” -ciclistas de San José que abogan por cambiar autos por bicicletas-, quienes fueron convocados por la gestión del nuevo gobierno para dar un mensaje de “cambio” a la sociedad, como iniciativa de avanzar hacia otros modelos de movilidad urbana. Finalmente, Luis Guillermo Solís salió de su casa con una gran bolsa de cebollas que le acercaron los agricultores de Tierra Blanca antes de partir al Estadio.

Profesor de historia e investigador de la Universidad, hijo de un zapatero y una educadora, el nuevo presidente ha sabido construir una imagen de empatía con la gente. En medio de un gran descontento social ante las recurrentes denuncias de corrupción efectuadas a la gestión de la ex presidente Laura Chinchilla, integrante del Partido de Liberación Nacional (PLN), Solís irrumpe en la escena política con un aire esperanzador, a pesar de haber integrado por más de veinte años el mismo partido que venció electoralmente. Para muchos no es más que una estrategia de la propia clase política.

Luego de la fundación de la Segunda República -en 1948- la política electoral tica se mantuvo bajo el ejido de un partido dominante, el Partido de Liberación Nacional. Fundado en 1951, su origen se remonta al Movimiento de Liberación Nacional, que en el marco de la llamada “Revolución del 48”, obtuvo el poder, quedando prohibidos el comunismo y el calderonismo, corriente política que acuñó el nombre de su líder, Ángel Calderón Guardia. José Figueres Ferrer asumió la presidencia interina y se convocó a la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución Política de Costa Rica de 1949 aún vigente.

Este partido se mantuvo en el poder durante 30 años, propiciando un modelo de Estado Benefactor, caracterizado por una fuerte presencia del Estado en la vida socio-económica del país. Sin embargo, hacia comienzos de la década de 1980, este modelo comenzó a desgastarse y el PLN comenzó a demostrar una marcada tendencia hacia la centro-derecha en su desempeño electoral.

Mientras los focos revolucionarios se encendían en tierras centroamericanas, Costa Rica firmó convenios con el FMI y renegoció la deuda externa, en medio de una crisis económica que sacudía al país. Los movimientos de izquierda se debilitaron y en 1983 se fundó el Partido de Unidad Social Cristiana (PUSC), identificado con las reformas sociales impulsadas en los años ‘40 por Ángel Calderón Guardia, dando inicio al bipartidismo electoral en el país.

Hacia fines de los años ‘90, los casos de corrupción, la liberalización del mercado como parte de una profunda política neoliberal, la disputa sobre la aprobación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y el elevado abstencionismo electoral, fueron los indicios de un descontento social que daba cuenta de una profunda desconfianza hacia el binomio: PLN-PUSC.

En ese contexto, hacía más de veinte años que Luis Guillermo Solís militaba en las filas del PLN, hasta que en el año 2005 un escandaloso hecho de fraude lo motivó a renunciar. En su carta de renuncia, afirmó: “Rechazamos el abandono que el PLN ha hecho de su histórica alianza con los sectores medios del país, en particular con los agricultores y maestros, y el contubernio con que la ha sustituido a favor de un modelo excluyente, injusto y concentrador de la riqueza que privilegia el lucro sobre la inversión social y que ha sumido a demasiados ciudadanos en la más oprobiosa miseria”.

En el año 2009 Solís ingresa al Partido de Acción Ciudadana (PAC) que había sido creado en diciembre del 2000, cuyo principal postulado se centra en la ética como mecanismo para devolver la confianza a la ciudadanía.

Los tratados de libre comercio y la posición del PAC

En el año 2007 se firmó el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos, Centroamérica y la República Dominicana. Luego de muchas tensiones dentro de la propia Asamblea Legislativa de Costa Rica y ante la gran presión social se debió recurrir a una consulta popular, donde por tan sólo un 3,24% de votos, el referéndum por el “no” se perdió. La firma de este tratado había generado un repudio generalizado, dado que los contenidos específicos nunca se dieron a conocer a la ciudadanía. Este tipo de acuerdos, fueron profundizando una apertura de mercado e inversión extranjera, como sucedió en el área de las telecomunicaciones que era monopolio exclusivo del Estado.

En este sentido, tal como explica el analista costarricense Bryan González, los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos cumplen una función estratégica para la creación de una “área de seguridad” en el istmo centroamericano, que junto al Plan Colombia pretenden el control del continente para mantener la hegemonía de la potencia del norte.

Si bien el PAC votó en contra de este acuerdo, el actual presidente Solís no ve posible una renegociación, mientras descarta la posibilidad de sumarse a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), promete mantener el patrullaje conjunto antidrogas con naves de Estados Unidos y asegura que Costa Rica debe participar en la “Alianza del Pacífico”.

Como contracara, durante su asunción, la participación ciudadana y el lugar del Estado tuvieron un rol central en los discursos. En la oratoria del presidente de la Asamblea Legislativa, Henry Mora, se insistió en el modelo de una democracia participativa, intercalando consejos de filósofos chinos que apuntaban a destacar la sencillez del nuevo líder político. Cerró su alocución con una frase bíblica y enfatizó que “la mejor forma de gobernar, es obedeciendo la voluntad popular”.

Luego de la jura constitucional, Luis Guillermo Solís se definió como “un servidor” y saludó a un público que no paró de arengar durante toda la ceremonia. A pesar de haber sido parte del histórico bipartidismo, Solís se expresó como la elección de un cambio. Su discurso estuvo centrado en la importancia de la información objetiva: “Haremos un gobierno transparente que desde hoy se compromete a rendir cuentas de todos sus actos”, y prometió la creación de oficinas que permitan la fiscalización ciudadana en el manejo de los asuntos públicos.

Aunque las medidas son prometedoras en términos de garantías sociales, en sus palabras no fue mencionado el conflicto de los docentes que se mantiene en huelga ante los salarios adeudados. Su primer día como presidente, lo encontrará en medio de una manifestación que reunirá a los educadores de todo el país. Los trabajadores y trabajadoras de la educación pondrán a prueba así el pasaje de la “democracia formal a la democracia real”, sobre el que tanto ha insistido el nuevo presidente.

 

María Eugenia Marengo

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