Derechos Humanos

7 mayo, 2014

Córdoba marcha en contra del gatillo fácil

Este miércoles se realizará en Córdoba una movilización en contra del abuso policial y el gatillo fácil. La organizan los familiares de los últimos jóvenes muertos con balazos efectuados por la policía en situaciones que aún no se esclarecen.

Este miércoles se realizará en Córdoba una movilización en contra del abuso policial y el gatillo fácil. La organizan los familiares de los últimos jóvenes muertos con balazos efectuados por la policía en situaciones que aún no se esclarecen.

El miércoles 7 de mayo, familiares de víctimas de gatillo fácil y organizaciones sociales marcharán desde el centro de la ciudad de Córdoba hacia la central de policía en contra de ésta práctica frecuente en todo el país, que se esconde muchas veces detrás del rótulo de legítima defensa en hechos confusos. Se juzga a la Justicia y a los gobiernos por sostener una enorme maquinaria de la violencia, represión y miedo.

En el período de marzo-abril de 2014 se hicieron conocidos los casos de Exequiel Barraza, Lautaro Torres y Ezequiel Ávila, jóvenes de entre 16 y 20 años que murieron por los disparos del arma reglamentaria de un agente de la policía de Córdoba. Las versiones policiales en todos los casos se escudan con argumentos basados en la defensa legítima ante un intento de robo. Sería algo así: ante un aparente intento de robo, el policía saca su arma del bolsillo y dispara, evadiendo un larguísimo camino de derechos que quedan sin efecto con la muerte de los jóvenes y con el recorrido de impunidad que les queda a los familiares a la hora de buscar justicia.

En cuanto al gatillo fácil, una práctica a la que nos habituamos a escuchar cada vez más, hay varios aspectos para revisar. En primer lugar, al día siguiente del asesinato de Lautaro Torres, el jefe de la policía de Córdoba, César Suárez, dijo frente a los medios de comunicación: “Si un delincuente sale armado sabe que puede morir”, avalando la impunidad con la que se manejan los oficiales al momento de gatillar. Suárez avaló en ese discurso, bajo la escueta figura de legítima defensa por intento de robo, un poder excesivo que evidentemente se desborda. Tal vez la causa es la constante afirmación de la violencia estructural a través de estrategias de seguridad que se vuelven inseguras.

La injusticia que genera la justicia, los argumentos que justifican la violencia, los medios de comunicación que muchas veces desinforman, son parte esencial del mecanismo de la exclusión, a éstos mecanismos de suman otros, como por ejemplo el código de faltas y la ambigüedad de figuras como el merodeo.

A su vez, el merodeo se convierte en una herramienta de represión preventiva, que además sirve para criminalizar a muchísimas personas de la ciudad, sobre todo jóvenes y trabajadores de los barrios de la ciudad.

Para ejemplificar como funcionan en la cotidianeidad esos mecanismos de exclusión algunos datos son esclarecedores: en promedio, más de 300 personas mueren por gatillo fácil o torturas en cárceles o comisarías anualmente y cada 28 minutos se detiene a una persona en la Argentina, según datos aportados por la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi).

Los familiares, en el documento difundido para ésta movilización, hacen responsables al gobierno y a la Justicia por mantener la impunidad y por ser cómplices. Denuncian los abusos y las represalias que sufren de la policía que los amedrenta permanentemente cuando deciden hacer público algún caso o denunciarlo frente a la Justicia. Los medios y la sociedad civil también deben hacerse cargo, la violencia es algo que avalan todos desde la estigmatización y criminalización de determinados trabajos, vestimentas, rasgos, que pueden ser la característica que defina a una persona como sospechosa o no de algún delito.

Al corralito

Además de haber efectivos policiales parados en una cantidad innumerable de esquinas, hace unos días atrás, se efectuó en una zona de muchísimo tránsito un operativo policial en donde se detuvo a los jóvenes que andaban en moto y se los depositó, a la vista de todos, a un lado de la avenida en un improvisado calabozo de vallas, todos sentados, con las manos esposadas con los cordones de sus zapatillas y con la cabeza gacha y tapada con sus abrigos. Amedrenta, humilla, refuerza el miedo, la represión, la violencia preventiva, la estigmatización social y finalmente logra su objetivo de agrandar la brecha que separa y divide a los más pobres.

 

Lucia Weller, desde Córdoba – @luciaweller

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